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29 May
Los secretos, ayer y hoy PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Cristina Alba Michel   
Viernes 12 de Mayo de 2017 15:43

Fátima, el centenario

El 13 de julio de 1917, durante su tercera aparición a los pastorcillos en Fátima, la Santísima Virgen les reveló tres mensajes; "Secretos", les llamamos. Los dos primeros fueron revelados por Sor Lucía en 1941; el tercer secreto fue transcrito por ella misma el 3 de enero de 1944 y hecho público el 13 de mayo del año 2000.

 

El primer secreto

"Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros. Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo (en la primera aparición; mayo 1917). De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor. Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

 

La segunda parte o segundo secreto

"'Vosotros habéis visto el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarles, Dios desea establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón'. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendréis paz. La guerra pronto terminará [primera guerra mundial, era Papa Benedicto XV]. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor [segunda guerra mundial]. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida [que se produjo el 1º de enero de 1939, ocho meses antes de la conflagración], sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados [la Virgen pidió lo segundo en diciembre de 1925 a Sor Lucía; lo primero en junio de 1929, diez años antes de la segunda guerra]. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. [Sucedieron. Aún se viven las consecuencias en modos diversos. La consagración llegó en 1984]. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre sufrirá mucho; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz".

 

Tercer secreto

Sor Lucía transcribió esta parte del mensaje el 3 de enero de 1944.

"Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

Después de las dos partes que ya expuse, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora... un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, penitencia, penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: Algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él; a un obispo vestido de blanco -hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre-. También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios".

 

Conclusión

"Sólo en el curso de la historia podemos ver toda la hondura en esta visión; se indican realidades del futuro de la Iglesia, que se desarrollan y muestran paulatinamente... son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian. Lo importante es que el mensaje, la respuesta de Fátima, tiene que ver con la conversión permanente, la penitencia, la oración y las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

La Iglesia tiene una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia la purificación, el perdón, pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia.

La Virgen para nosotros es la garantía visible y materna de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la historia". (Cf. Benedicto XVI, entrevista mayo 11, 2010 en el avión con rumbo a Portugal, a Fátima).

 

 

Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

(Parte del Tercer Secreto)