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29 May
Dios, ¿problema o solución? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Luis Martín Barraza Beltrán   
Viernes 12 de Mayo de 2017 15:09

Comentario al Evangelio del V Domingo de Pascua (Jn 14,1-12)

Ante el acontecimiento de su partida de este mundo, por su muerte en la cruz, Jesús consuela a sus discípulos: "No pierdan la paz..." Estas palabras resumen toda su misión. Jesucristo es el consuelo de Dios al mundo (Jn 14,16). También nos las dice hoy a nosotros. No podemos reprocharle que son palabras huecas, como si él no supiera de los problemas que nos aquejan. Está por sufrir el egoísmo del mundo. Nada peor nos está sucediendo a nosotros. De igual manera, resucitado, deseará la paz a sus discípulos y les infundirá su Espíritu (Jn 20,21-22).

Nunca podremos acusar a Dios de que es el causante de que no haya paz en el mundo. El mayor compromiso con la paz lo ha llevado a cabo Jesús, por ello entregó su vida. Él nos quiere enseñar a construir la verdadera paz: "Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios" (Mt 5,9).

El problema de la falta de paz se debe al rechazo del Príncipe de la Paz, Jesucristo el Señor (Is 9,6; Mt 23,37-39). La ausencia de paz siempre tiene que ver con la ausencia de Dios en nuestras vidas. Por ello, el consuelo que Jesús ofrece es convencer sobre la cercanía de Dios a través de Él.

Es necesario creer en Dios como se nos ha presentado en Jesucristo. Parte de un presupuesto: "Si creen en Dios..." Es casi un hecho que todos creemos en un ser superior, tenemos necesidad de un fundamento para nuestra vida. Este presupuesto no sólo es válido en aquel tiempo, sino en nuestro tiempo. Aun los ateos se apoyan en algo: la materia, el bien común, la razón, etc. No le hacemos un favor a Dios con creer en Él: es una necesidad que tenemos. No le cobremos nuestra religiosidad, por la que le damos a Dios lo que nosotros queremos, lo que nos sobra, no nos queda de otra.

Desde la religiosidad le salimos debiendo a Dios porque se presta para llenar un vacío nuestro. Tenemos miedos, dudas, límites, problemas, y como no hay remedios en el mercado contra esto ponemos a Dios. Por este camino de creer en el Dios que nosotros manipulamos a la medida de nuestros deseos, nunca llegará la paz. Al contrario, se vuelve en parte del problema.

En nuestro tiempo Dios es más un problema que una solución. Lo toleramos como remedio a nuestras precariedades, es bueno para sacar de apuros pero no para vivir todo el tiempo atento a su voluntad. La propuesta de Jesús a sus discípulos, en este texto, vale para todos los tiempos.

Es necesario ponerle rostro a nuestros sentimientos religiosos. Por eso Jesús nos dice: "...crean también en Mí". Creer ciegamente en Dios por medio de nuestra emociones, podemos decir que casi todos; pero creer en Dios como Él se nos presenta en la persona de su hijo Jesucristo, se reduce considerablemente el número de creyentes. Los mismos discípulos le piden a Jesús que les muestre al Padre (a Dios).

La paz para este mundo no es un acto mágico, pasa por la fe en Dios, según se nos ha contado en Jesucristo, no el Dios de nuestra imaginación.