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29 May
Legitíma autoridad PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Raúl Sánchez K.   
Martes 02 de Mayo de 2017 16:36

Vivir la fe

"¿Qué dices? ¿Acaso todo gobernante ha sido establecido por Dios? No digo esto, no hablo de cada uno de los que mandan, sino de la autoridad misma. Porque el que existan las autoridades, y haya gobernantes y súbditos, y todo suceda sin obedecer a un azar completamente fortuito, digo que es obra de la divina sabiduría".

(San Juan Crisóstomo)

 

Necesidad de la autoridad

"En efecto, como Dios ha creado a los hombres sociales por naturaleza y ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y a cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común, resulta necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija; autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor" (Pacem in terris, 46).

 

Legitimidad

La autoridad no puede considerarse exenta de sometimiento a otra superior. Más aún, la autoridad consiste en la facultad de mandar según la recta razón.

"La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una 'fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido' (Gaudium et spes, 74)" (Catecismo de la Iglesia Católica, 1902).

 

Formas de gobierno

Este origen divino de la autoridad no prejuzga o condiciona ni las personas que habrán de ostentarla ni las distintas formas de gobierno.

En principio, Dios no ha determinado forma alguna de gobierno; cualquiera puede ser legítima, desde el momento en que es establecida con regularidad, respete los derechos esenciales de la sociedad, los derechos fundamentales de la persona y la familia y de toda agrupación legítima, y es apta para para mantener el orden público y el bien común.

La experiencia atestigua que todas las formas de gobierno pueden degenerar: la monarquía, en despotismo; la aristocracia, en oligarquía; la democracia, en anarquía.

De hecho, el mejor gobierno para un determinado pueblo es aquel que responde mejor a sus aspiraciones, a su carácter, a su historia, a sus necesidades y a sus costumbres (cf. Pío XII, Mensaje de Navidad, 1944).

 

Conciencia  

"La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. 'En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa' (Pacem in terris, 51)'" (Catecismo de la Iglesia Católica, 1903).

 

Equilibrio

"Es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia que lo mantengan en su justo límite. Es éste el principio del 'Estado de derecho' en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres" (Centesimus Annus, 44).