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29 May
Los Santuarios en la Iglesia PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por S.S. Francisco   
Lunes 01 de Mayo de 2017 12:45

Nuevo Motu proprio del Papa

El 1º de abril se publicó que el Papa Francisco potenciará el protagonismo de los santuarios como instrumentos de Nueva Evangelización, mediante firma de la Carta apostólica en forma de Motu Proprio Sanctuarium in Ecclesia.

Mediante el documento transfiere las competencias de los Santuarios católicos, antes a cargo de la Congregación del Clero, al Consejo de la Nueva Evangelización y aprueba la creación de Santuarios Internacionales para impulsarla, pues "la piedad popular encuentra en el Santuario un lugar privilegiado donde poder expresar la bella tradición de la oración, la devoción y la confianza en la misericordia de Dios". 

Dicho Consejo promoverá, entre otras cosas, "encuentros nacionales e internacionales" que favorezcan una obra común de la pastoral de la piedad popular.

 

Texto resumido del Motu Proprio 

1. El Santuario tiene en la Iglesia "gran valor simbólico" y hacerse peregrinos es verdadera profesión de fe. A través de la contemplación de las imágenes sagradas, se atestigua la esperanza de sentir más fuerte la cercanía de Dios que abre el corazón a la confianza de ser escuchados y respondidos en los deseos más profundos. La piedad popular, "expresión auténtica de la acción misionera  espontánea del pueblo de Dios", encuentra en el Santuario un lugar privilegiado donde expresar la bella tradición de oración, devoción y confianza en la misericordia de Dios inculturada en la vida de todos  los pueblos.

Desde los primeros siglos se pensó en la peregrinación a los lugares donde Jesucristo había vivido, anunciado el misterio del Padre y, sobre todo, donde había una señal tangible de su resurrección: la tumba vacía. Los peregrinos se pusieron en camino hacia los lugares donde se encontraban las tumbas de los Apóstoles. A través de los siglos, la peregrinación se extendió a aquellos lugares donde la piedad popular ha sentido de primera mano la misteriosa presencia de la Madre de Dios, de los santos y beatos.

 

2. Los Santuarios siguen siendo en todo el mundo un signo distintivo de la fe sencilla y humilde de los creyentes que encuentran en estos lugares la dimensión básica de su existencia creyente. Aquí experimentan la cercanía de Dios, la ternura de la Virgen María y la compañía de los Santos. Muchos Santuarios han sido percibidos como parte de la vida de las personas, familias y comunidades hasta el punto de que han plasmado la identidad de enteras generaciones, hasta incidir en la historia de algunas naciones.

La gran afluencia de peregrinos, la oración humilde y sencilla, alternada con las celebraciones litúrgicas, el cumplirse de tantas gracias y la belleza natural de estos lugares demuestran que los Santuarios expresan una oportunidad insustituible para la evangelización.

 

3. Estos lugares a pesar de la crisis de fe todavía se perciben como espacios sagrados. Un deseo escondido hace que surja en muchos la nostalgia de Dios; los Santuarios pueden ser un verdadero refugio para volver a descubrirse y recuperar las fuerzas necesarias para la conversión. En el Santuario, los fieles pueden recibir apoyo para su camino habitual en la parroquia y comunidad. Esta ósmosis entre la peregrinación al Santuario y la vida de todos los días es una ayuda eficaz para la pastoral, porque hace posible reavivar el compromiso de la evangelización. Caminar hacia el Santuario y participar en la espiritualidad que expresan estos lugares ya son un acto de evangelización.

 

4. Por su misma naturaleza el Santuario es un lugar sagrado donde el anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los sacramentos y testimonio de la caridad expresan el compromiso de la Iglesia en la evangelización; por tanto se presentan como lugar genuino de evangelización donde, desde el primer anuncio hasta la celebración de los sagrados misterios se manifiesta la acción poderosa de la misericordia de Dios en la vida de las personas.

A través de la espiritualidad de cada Santuario, los peregrinos son llevados hacia un compromiso más responsable. El Santuario contribuye al esfuerzo catequético de la comunidad cristiana transmitiendo de forma coherente con los tiempos el mensaje que dio inicio a su fundación, enriquece la vida de los creyentes, dándoles las razones para un compromiso en la fe más maduro y consciente. En el Santuario se abren de par en par las puertas a los enfermos, discapacitados, pobres, marginados, refugiados y migrantes.

 

5. Por tanto, queriendo fomentar el desarrollo de la pastoral en los Santuarios de la Iglesia, he decidido transferir al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización las competencias  asignadas hasta ahora a la Congregación para el Clero.

Establezco que de ahora en adelante será tarea del dicho Consejo Pontificio:

a) La erección de Santuarios internacionales y la aprobación de sus respectivos estatutos.

b) El estudio y la aplicación de medidas para promover la función evangelizadora de los Santuarios y el cultivo en ellos de la piedad popular.

c) La promoción de una pastoral orgánica de los Santuarios como centros propulsores de la nueva evangelización.

d) La promoción de encuentros nacionales e internacionales para promover una obra de renovación pastoral común de la pastoral de la  piedad popular y de las peregrinaciones a los lugares de culto.

e) La promoción de la formación específica de los operadores de los Santuarios y lugares de piedad y devoción.

f) La vigilancia para que se ofrezca a los peregrinos una asistencia espiritual y eclesial que favorezca los mejores frutos personales de estas experiencias.

g) La valorización cultural y artística de los Santuarios según la via pulchritudinis [vía de la belleza] como modo particular de evangelización.

Todo lo que he determinado, ordeno se observe en todas sus partes, no obstante cualquier disposición contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco se promulgue mediante la publicación en L'Osservatore Romano, entrando en vigor quince días después de la promulgación.

Vaticano, 11 de febrero de 2017, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes, IV año del pontificado.