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24 Apr
Vigilia Pascual, culmen del Triduo Pascual PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Josep Roca   
Lunes 10 de Abril de 2017 14:10

A descubrir la presencia de Dios

La Vigilia Pascual es una celebración con gran riqueza de elementos. En muchas comunidades no suele tener una participación muy elevada, aunque la comunidad que acude suele estar muy motivada para una participación activa. Esto ayuda a prepararla bien. Vale la pena que se dé valor y se deje hablar a cada uno de los ritos y elementos celebrativos de esta noche, dejando que la asamblea los vaya saboreando y asimilando y sean comunicadores de todo su mensaje salvífico. Esto quiere decir que el conjunto, aunque puede ser ágil, no hay que hacerlo con prisas.

No caigamos tampoco en la tentación de plantear la Vigilia como una Misa vespertina del sábado un poco más larga. Es el punto culmen de la Semana Santa y la primera y más importante celebración del Año Litúrgico y, por lo tanto, de nuestra fe cristiana.

 

La cuatro partes de la Vigilia

Lucernario

El fuego nuevo con el que empieza ha de ser signo de que queremos acoger y ser portadores de la luz y la vida nueva que nos ofrece Jesús resucitado. Incluso cuando parece que la noche domina nuestra existencia. Ha de expresar también la profunda alegría de vivir la fe y de gozar de la luz de Cristo. Y manifestar que somos portadores de una gran esperanza para la humanidad. Cada participante ha de poder tener una vela, no sólo los más próximos al cirio pascual: la luz de Cristo resucitado que nos precede y acompaña ha de llegar a todos; y cada creyente ha recibido la misión de ser luz.

 

Liturgia de la Palabra

Es mucho más larga que de costumbre. Los responsables de cada comunidad han de evaluar la conveniencia o no de suprimir algunas de las lecturas del Antiguo Testamento. Es necesario crear un ritmo de escucha, canto de los salmos y plegaria que no sea pesado. En su conjunto nos hace percatar y vivir, con sentimientos de profunda gratitud, la presencia salvadora de Dios en la historia de la humanidad. Desde el comienzo del universo y del ser humano, él se manifiesta como el Dios amigo del hombre, al que llama a la confianza y lo invita a escuchar su palabra y confíe en ella, que lo motiva a vivir en la libertad y la responsabilidad. El himno solemne del Gloria ha de marcar el paso de la primera a la nueva y definitiva Alianza. Dios no sólo se ha hecho nuestro amigo y aliado, sino que hemos sido injertados en la misma vida de Cristo muerto y resucitado, y hemos empezado a vivir conscientes de que somos hijos e hijas de Dios.

 

Liturgia bautismal

Lo que anunciaba la Palabra, lo celebramos acompañando a los que reciben hoy los sacramentos de la Iniciación Cristiana, renovando la fe bautismal. Nos hemos "revestido" de Cristo en sentido fuerte, no sólo llevamos un barniz cristiano, sino que Cristo resucitado nos va transformando para que seamos más parecidos a Él. La fe que renovamos nos convoca a un testimonio comunitario. Si ha habido bautismos, la comunidad se ha concientizar de que tiene que acoger e incorporar a su vida a estos nuevos hermanos y hermanas. Si sólo ha habido renovación bautismal, es preciso igualmente que nos ayude a crecer en la conciencia de que la fe nos convierte en comunidad.

 

Eucaristía

La mesa eucarística sigue siendo una "mesa de peregrinos", de unos peregrinos que ya han empezado a gustar el profundo gozo del punto de llegada porque Cristo, nuestra cabeza, ya ha llegado. Él nos atrae, nos da esperanza de llegar también y la fuerza para seguir caminando. Por esto esta noche se ha de procurar subrayar el aspecto de banquete festivo y fraterno que tiene la Eucaristía.

 

JESÚS HA RESUCITADO

Seguramente hoy, más que cualquier otro día, no se precisan muchas palabras. Y el contenido de lo que queremos comunicar ya lo sabemos: ¡Jesús ha resucitado! Entonces, quizás hay que cuidar cómo lo comunicamos y cómo ayudamos a vivir la resurrección como el hecho más relevante para nuestra vida. Lo hemos de comunicar desde el convencimiento de que nuestra vida ha quedado marcada por siempre por la presencia del Cristo resucitado.

 

Como pide Jesús a las mujeres que han ido al sepulcro, hay que ayudar a nuestros hermanos y hermanos a no tener miedo. E ir por la vida de cada día ("a Galilea") sabiendo descubrir la presencia de Cristo vivo allí donde se valora al pobre, donde la persona humana es reconocida como imagen y semejanza de Dios. Más aún, sabiendo llevar su presencia a los lugares donde la presencia humana es despreciada. Cuando vivimos así, el mismo Jesús resucitado sale a nuestro encuentro llenándonos con el don de su paz.


 Esta es la "noche de vela en honor del Señor" (cfr. Éx 12,42), como aquella noche de la salida de los israelitas de Egipto. En aquella ocasión, el Señor "pasó" para salvar y liberar a su pueblo oprimido en la esclavitud. En una noche semejante, Cristo pasó de la muerte a la vida, liberando así al ser humano de su gran enemigo, que es la muerte.

La liturgia no es una ceremonia vacía; es presencia viva, a través de los signos, del acontecimiento fundamental de la salvación: la muerte y resurrección del Señor. La sucesión de los signos de que está entretejida la Vigilia Pascual quiere expresar el significado de la resurrección de Cristo para la vida del ser humano y del mundo.

(Carlos Soltero, SJ)


-Fuente: Actualidad Litúrgica.