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24 Apr
Sábado Santo, silencio y contemplación PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Luis Efrén Tarango Díaz   
Lunes 10 de Abril de 2017 14:03

Segundo día del Triduo Pascual

El Triduo Pascual es el período desde la Misa de la Cena del Señor, del Jueves Santo, hasta la Víspera del Domingo de Pascua: abarca la totalidad del Misterio Pascual. Aquí ahondaremos un poco sobre el Sábado Santo, día en que la Liturgia de la Iglesia marca que no hay Celebración eucarística por ningún motivo, como tampoco el Viernes Santo, conmemoración de la pasión y muerte del Señor.


El Sábado nuestras iglesias lucen vacías, sin adornos en el altar, tampoco éste conserva su mantel, no hay luces ni flores, ni candelabros ni imágenes. Este día es de total sobriedad y profundo silencio, exterior como interior: Contemplamos a Cristo en el sepulcro, es momento de intensa oración. ¡El Señor que sufrió y entregó su vida para salvar al género humano está muerto! Nos ofreció la Salvación, toca a nosotros aceptarla. No es un simple recuerdo, sino conmemoración: Volvemos a vivir lo que aconteció hace cerca de dos mil años.

Pese a que nuestras iglesias y capillas lucen vacías por la ausencia no sólo de adornos sino de los Sacramentos, es un buen momento para que gran parte del día, desde la mañana hasta el atardecer, permanezcan abiertas. Tal vez para el rezo del Rosario contemplando a nuestra Madre Santísima en sus dolores; haciendo el Oficio de Lecturas y rezo de la Liturgia de las Horas; o simplemente, para contemplar el misterio tan grande del amor de Dios por nosotros. Hoy también recomienda la Iglesia el ayuno.

Por ser un día de riguroso silencio en contemplación del Hijo de Dios muerto, los sagrarios lucen vacíos. No hay Eucaristía. Las pocas Formas eucarísticas que quedaron después de la celebración del Viernes Santo -consagradas el Jueves- se quedan para administrarse como viático en caso de que alguien esté en peligro de muerte.

El Sábado Santo no es un día de tristeza, sino de espera y esperanza junto a la Madre de Dios. Un texto del Oficio de Lectura del día de hoy servirá para comprender mejor este día:

 

El descenso del Señor al abismo

(De una antigua homilía sobre el grande y santo sábado) 

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra temió sobrecogida, porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: 'Mi Señor esté con todos'. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: 'Y con tu espíritu'. Y tomándolo por la mano le añade: 'Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: ¡Salid!; y a los que se encuentran en las tinieblas: ¡Iluminaos!; y a los que dormís: ¡Levantaos!

A ti te mando: despierta tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.