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29 May
La Misa es el Cielo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Scott Hahn   
Lunes 10 de Abril de 2017 13:29

Testimonio de un converso

Nosotros somos la Esposa de Cristo a quien se ha quitado el velo; nosotros somos su Iglesia. Y Jesús quiere que todos y cada uno de nosotros entremos en la más íntima relación con Él que se puede imaginar. Usa imágenes nupciales para demostrar cuánto nos ama, cuán cerca quiere que estemos... y cuán permanente pretende que sea nuestra unión. Mira, Dios hace nuevas todas las cosas. El Apocalipsis no es tan raro como parece y la Misa es más rica de lo que hemos soñado nunca. El Apocalipsis es tan familiar como la vida misma; e incluso la Misa más gris se encuentra de repente tachonada de oro y joyas relucientes. Tú y yo necesitamos abrir los ojos y redescubrir este secreto de la Iglesia perdido hace mucho tiempo, la clave de los primeros cristianos para entender los misterios de la Misa, la única clave verdadera para los misterios del Apocalipsis.

"En esta liturgia eterna el Espíritu y la Iglesia nos hacen participar cuando celebramos el Misterio de la salvación en los sacramentos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1139). Vamos al cielo... no sólo cuando morimos, o cuando vamos a Roma, o peregrinamos a Tierra Santa. Vamos al cielo cuando vamos a Misa. No se trata meramente de un símbolo, de una metáfora, de una parábola, ni una figura retórica. Es algo real.

En el siglo IV, San Atanasio escribió: "mis queridos hermanos, no venimos a un banquete temporal, sino a un festín eterno y celestial. No lo vemos entre sombras; nos acercamos a él en realidad". El cielo en la tierra: ¡ésa es la realidad! ¡Ahí es donde estuviste y donde cenaste el domingo pasado! ¿En qué estabas pensando en ese momento? Párate a considerar en qué quería el Señor que pensases. Fíjate en las invitaciones que hace desde el libro del Apocalipsis: "el que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: al vencedor le daré del maná escondido" (2,17). ¿Qué es el maná escondido? Recuerda la promesa que hizo Jesús cuando habló del "maná" en el Evangelio de Juan: "sus padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo, y el que coma de él no morirá. Yo soy el pan de vida que ha bajado del cielo" (6,49-51).

El maná era el pan de cada día del Pueblo de Dios durante su peregrinación por el desierto. Jesús está ofreciendo algo más grande y su invitación es muy concreta: "mira, estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y comeré con él y él conmigo" (3,20). Así que Jesús tiene en mente una comida de verdad; quiere compartir el maná escondido con nosotros y Él es el maná escondido. En Apocalipsis 4,1, vemos también que se trata de algo más que de una cena íntima para dos. Jesús estaba a la puerta y llamó, y ahora la puerta está abierta. Juan entra en "el Espíritu" y ve sacerdotes, mártires y ángeles reunidos alrededor del trono del cielo.

Con Juan, descubrimos que el banquete del cielo es una comida de familia. Ahora, con ojos de fe y "en el Espíritu", empecemos a ver que el Apocalipsis nos invita a un banquete celestial, a un abrazo de amor, a Sión, a juicio, a una batalla. A Misa.

 

-El presente texto es un fragmento del libro La cena del Cordero de Scott Hahn, ex pastor presbiteriano converso al catolicismo.