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27 Apr
Jesús está muy cerca PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Fernando Legarreta Huerta   
Viernes 16 de Diciembre de 2016 16:23

Rincón del Director

 

Ya está muy próxima la celebración del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo, una semana nos separa de la hermosa fiesta de la Natividad, que rememora la venida de Cristo según la carne. El Adviento es momento propicio para preparar una morada digna de nuestro amado Jesús, que se ha de manifestar con una vida de oración profunda, acompañada por una atenta escucha de la Palabra, la frecuente celebración de los sacramentos y la caridad con el hermano.

Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María, han sido nuestros ejemplos y modelos a seguir en la preparación, tanto remota, próxima e inmediata a la llegada de Jesús entre nosotros. Y viene aquí nuestra reflexión de ordinario: ¿Estamos ya listos para recibir al Niño Dios que desea nacer en nuestras vidas? o ¿nos hemos dejado llevar de un sinfín de actividades externas para preparar la fiesta de la noche del 24, tales como la cena, los regalos, las luces dentro y fuera de nuestro hogar? Si la balanza se inclina por esto último, yo te invito a que aproveches esta semana para reorientar el verdadero sentido cristiano, que se enfoca en la necesidad de preparar una morada digna, es decir, preparar nuestro corazón, nuestra alma, para tan grande acontecimiento.

La preparación puedes llevarla a cabo mediante prácticas de piedad, devoción y fe. Por ejemplo, asiste con tu familia en algún momento de esta semana, a visitar a Jesús en el Sagrario, a visitar algún familiar que se encuentra enfermo o solo, mediante el ofrecimiento de un servicio a quien necesite de nuestra colaboración y atención. De lo que preparamos para la cena, sería interesante que como familia se ofreciera un banquete para una familia que carezca de pan la noche del 24, es una expresión de amor, de generosidad y desprendimiento. Actos concretos como los que te he mencionado, nos favorecerían sobremanera para estar listos ante el nacimiento de Jesús.

Otra recomendación que deseo sugerirles es que, en los días de reunión familiar, pueda realizarse una pequeña oración con la proclamación de la Palabra de Dios antes de compartir el pan y la sal; tiene verdadero sentido, pues si nos reunimos para celebrar la Navidad, es porque celebramos la venida al mundo de la Palabra encarnada, y esto lamentablemente muchas veces se olvida. Curiosamente la noche del 24 y al comenzar los primeros minutos del 25, todos nos abrazamos, nos deseamos lo mejor, nos intercambiamos presentes, y el mero festejado se nos olvida. Se nos olvida que está ahí, en el hermano que sufre el frío, y no sólo el clima frío, sino el de la incomprensión, del rechazo, del desprecio, de la soledad, de la pobreza. Cobijémosle con la cobija del amor, de la paz y de la aceptación.

Dios está con nosotros.

 

P. Fer