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27 Apr
¿No estoy yo aquí que soy tu madre? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Fernando Legarreta Huerta   
Viernes 09 de Diciembre de 2016 16:43

Rincón del Director

Hermanos lectores de Notidiócesis:

En la colaboración pasada de este Rincón reflexionamos sobre la figura de nuestra Señora en su Inmaculada Concepción, meditamos cómo Dios la preservó del pecado original, siendo así concebida sin pecado ni mancha. Ha sido un dogma de fe que aceptamos, reconocemos y proclamamos gracias al fundamento bíblico cuando en el libro del Génesis en su capítulo 3, versículo 15, el llamado protoevangelio, se lee: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza, mientras tú le morderás el talón". Esta fue la sentencia que Yahvé Dios ha determinado para el tentador, después de que éste engañara a nuestros primeros padres, Adán y Eva. Dios no abandona al hombre, sino que lo acompaña siempre, prometiéndole enviarle al Salvador que nacería del seno virginal de la Hija de Sión, la Predilecta del Padre. Y la promesa del Padre es cumplida cuando llegó la plenitud de los tiempos: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley" (Gal. 3). Así, justo de un seno virginal e inmaculado ha nacido el Salvador del mundo, Jesucristo nuestro Señor.

Desde entonces la presencia de María ha permanecido entre nosotros, en la Iglesia, nunca nos ha desamparado, siempre permanece atenta a nuestras necesidades a lo largo de esta historia de salvación, de la historia de la Iglesia.

Ahora, el 12 de diciembre celebramos la solemnidad de Santa María de Guadalupe, un acontecimiento registrado según los datos históricos, y a través de lo que nos cuenta el Nican Mopohua: Que la bienaventurada Madre de Dios por quien se vive, se apareció a un humilde indígena de nombre Juan Diego, a quien por repetidas apariciones en el intervalo de menos de una semana, le mostró su ternura y su amor: "¿No estoy aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi regazo?". Por tanto, la presencia de la Morenita del Tepeyac, nos recuerda el inmenso amor que Dios nos sigue teniendo. Hay que recordar que esta presencia de María es una revelación privada, hecha a Juan Diego. Pero tras muchos años de estudio las apariciones guadalupanas fueron aceptadas por la Iglesia, y su visita al Tepeyac, de acuerdo al contexto histórico, la época, el lugar, se ha convertido en un signo evangelizador para el pueblo mexicano.

Pidámosle a Dios por intercesión de Santa María de Guadalupe, que podamos profundizar en nuestra fe y vivir la paz, la justicia y el amor en nuestra Patria.

Dios está con nosotros.

 

P. Fer