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25 Jun
Bendita sea tu pureza, María PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Fernando Legarreta Huerta   
Viernes 02 de Diciembre de 2016 15:27

Rincón del Director

Nos adentramos a celebrar el II Domingo de Adviento, motivo por el cual es necesario acudir a la intercesión poderosa de la Bienaventurada Madre de Dios, la Hija Predilecta del Padre, la Esposa del Espíritu Santo. Recordemos que Adviento proviene del vocablo latino Adventus, es decir, "Advenimiento". Esperamos gozosamente a alguien que viene, pero no es cualquier persona, sino el Enviado de Dios. Es éste un tiempo propicio para contemplar el gran misterio de la Encarnación y de la llegada del Cristo: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". También la Iglesia se regocija, junto con el Arcángel Gabriel, de recibir el "Sí" de María cuando aceptó ser la Madre del Salvador.

En este contexto importante, en el nuevo ciclo litúrgico que comenzamos hace una semana, hoy nos corresponde venerar y honrar a nuestra Madre Santísima contemplándola como Inmaculada Concepción, el próximo 8 de diciembre. Este dogma de fe nos enseña que María Santísima fue concebida sin la más mínima sombra o mancha del pecado original, puesto fue la predestinada por el Padre para ser la Madre del Hijo. Era pues, necesario, que su cuerpo, su mente, alma y corazón de forma íntegra se conservara intachable de todo pecado.

No olvidemos, tampoco, que María es la mujer del Adviento, aquella que esperó con inefable amor de Madre la llegada de Jesús.

Celebremos con fe a la Madre de Dios, a quien acudimos con especial afecto, y manifestémosle nuestro amor y cariño, pues también es nuestra madre.

Por eso hoy los invito a ofrecerle a ella nuestra humilde plegaria:

"Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial princesa, virgen sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Míranos con compasión, no nos dejes madre mía sin tu santa bendición. Ya que nos proteges tanto como verdadera madre, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén".

Recuerdo, mis hermanos, la oración que San Juan Pablo II dirigió a la Virgen Santísima cuando la visitó en su Basílica de Guadalupe:

"Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia, tú que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo, escucha nuestra oración". Que no cese, queridos lectores del Noti, nuestra petición por su poderosa intercesión.

Dios está con nosotros.

 

P. Fer