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24 Apr
Yo soy misionero, ¿y tú? PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Fernando Legarreta Huerta   
Viernes 21 de Octubre de 2016 15:40

Rincón del Director

Algunas veces, hermanos, no nos involucrarnos en la actividad misionera de la Iglesia. Pensamos que es exclusiva para unos cuantos, a quienes el Señor ha hecho un llamado muy particular, con un carisma especial. Ciertamente, si analizamos en el sentido estricto la palabra misionero "ad gentes", vemos que corresponde a aquellos en quienes Dios imprime en sus corazones un carisma especial con capacidad de renuncia total para dejarse llevar por la fuerza del Espíritu Santo y llevar el Evangelio a otros rincones de la tierra, pero el ser "misionero", corresponde a todos los fieles, a todos los bautizados.

En este domingo XXX del Tiempo Ordinario celebramos el DOMUND, día propicio para dirigir nuestra mirada desde la Iglesia universal hasta todos los espacios del planeta donde no se ha proclamado la Buena Nueva.

Seguramente salta en nuestro pensamiento la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos nosotros, fieles comunes, celebrar el DOMUND? Es muy sencillo. La oración, principalmente, no debe olvidarse:

- Intensifiquemos los momentos de oración ante Jesús Eucaristía, poniendo especial atención en favor de nuestros hermanos que se encuentran lejos de su patria, llevando el Evangelio a lugares inhóspitos, escondidos, y cuántas veces hasta peligrosos.

- Oremos por todos aquellos que sufren persecución, por los que han sido contagiados de enfermedades incurables, por los que no tienen lo necesario para subsistir.

- Extendamos además, nuestra oración, a todos los destinatarios del mensaje de salvación, a todas las personas que no están bautizadas, para que el Espíritu Santo prepare sus corazones, los convierta en dóciles receptores del kerigma y convirtiéndose al Señor, abracen con gozo el don de la fe.

- Tengamos presente en nuestra oración a cada uno de los continentes, a sus necesidades particulares. Oceanía, Asia, África, Europa y América. [Recordemos que el 12 de octubre de 1992, el ahora santo Juan Pablo II nos ha habló de la necesidad de la re-evangelización, es decir, llevar el Evangelio a tierras de antigua tradición cristiana donde el cristianismo hoy está casi desaparecido o en grave crisis. No olvidemos nuestras raíces cristianas.

Quienes tenemos el privilegio de haber escuchado el llamado de las misiones a muy temprana edad, estamos aún más comprometidos a dedicar tiempo, esfuerzo y testimonio; a cooperar económicamente por esta misma causa. Sí, es un gesto de suma importancia la cooperación económica. Mis queridos hermanos, seamos generosos en apoyar al Papa con las misiones. Él nos invita a colaborar con las Iglesias de reciente nacimiento para que la Palabra de Dios permanezca siempre ahí y se siga extendiendo a cada rincón de la tierra.

La misión nos corresponde a todos. ¡Ayudémosle al Papa con las misiones! "O vas, o envías, o ayudas a enviar". Dios está con nosotros.

 

P. Fer