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27 Apr
"Anunciemos el Evangelio a partir de nuestra vida" PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por P. Fernando Legarreta Huerta   
Sábado 31 de Octubre de 2015 20:44

Un misionero chihuahuense en África

Entrevistado para Notidiócesis en su reciente visita a Chihuahua, el P. Gabriel Arroyo, SX, comparte impresiones, experiencias y vocación.

 

-¡Un gusto tenerlo entre nosotros! ¿Quisiera contarnos sobre sus orígenes?

"Mi nombre es Gabriel Arroyo, soy originario de San Francisco de Borja. Crecí en aquel poblado; desde la secundaria vine a la ciudad capital. Mi parroquia es la Asunción de María, en Las Granjas.

Soy hijo de los años 80, cuando la Iglesia en Chihuahua se caracterizaba por la pobreza de vocaciones sacerdotales y el Documento de Puebla nos invitaba a compartir nuestra fe, aunque fuera poca, pocos misioneros, pocos sacerdotes, pocas vocaciones en nuestro país. Compartir nuestra fe con los países que no tenían vocaciones o que necesitaban del anuncio del Evangelio".

 

-¿Cómo surgió su vocación misionera?

"La invitación de Puebla me llenó hondamente. México era llamado a dar desde su pobreza, a compartir su fe desde la necesidad. Ahí comencé mi camino; hacíamos campos de misión en mi propia diócesis; a Satevó íbamos con un grupo llamado 'Mizpah'. Cada vez que asistíamos a los pueblos ayudábamos al párroco, a sus  comunidades rurales. Me llenaba el corazón de alegría, ¡estaba en mi lugar! Cuando regresaba a la Universidad -estudiaba Contabilidad y tenía una agencia de publicidad en casa- ya no me llenaba tanto como la experiencia de la misión.

Con este grupo fui creciendo y conociendo misioneros. Un día encontré a los Xaverianos y dije: 'Éstos sí son misioneros', no el 'misionerito' que yo pensaba que era. Comencé a dialogar con ellos, a descubrir que mi vocación era ir más lejos de Satevó, abrirme a la invitación de Puebla a salir de nuestras fronteras, compartir nuestra fe con los hermanos que no conocen el Evangelio. Me fui con los Xaverianos a Salamanca, Guanajuato. Después a Guadalajara, a estudiar Filosofía, y de ahí me enviaron a Italia a estudiar Teología".

 

-¿Cuál fue su primer destino misionero?

"Terminada la Teología pedí ser enviado a donde quería. Deseaba ser misionero en Asia, en Japón, ir a Taiwán; pero llegado el momento mi director dijo: 'Tú no estás hecho para Asia'. Eso llamó mi atención, '¡cómo es que viví engañado tanto tiempo!', pensaba. Pero Dios sabe por qué hace las cosas. Decidí hacer caso a lo que él me decía: 'Tú estás hecho para una misión más práctica, en contacto con la gente... tu destino es África'. Me destinaron a trabajar en Chad, norte de África, plena sabana africana".

 

-¿Nos cuenta su experiencia africana?

"Estuve ahí casi nueve años. El primero aprendí la lengua local. Mi párroco y compañero misionero tuvo un accidente y debió regresarse; me quedé al frente de la misión sin haber aprendido la lengua. ¡Tuve que ser muy creativo en el anuncio! Comenzó a nacer la idea de utilizar los medios modernos de comunicación, hacer y filmar películas, pequeñas películas con jóvenes cristianos de mi parroquia y mostrarlas con un pequeño proyector de pilas sobre una sábana, bajo un árbol en la noche. Esto atrajo muchas personas, sobre todo musulmanes; fueron acercándose y conocieron este mensaje, el mensaje cristiano. Poco a poco se integraron a la misión y se bautizaron. Nos especializamos más y más; era simpático ver como algunos jóvenes, obviamente no cristianos, venían y me decían: 'Padre, yo quiero hacer el casting también para la próxima película'. Les decía: 'Mira, el personaje que se necesita es Jesús'. ¡Y ese joven era el hijo del imán de la mezquita!, que me decía: 'No hay problema'. Lo hacían, y muy bien. Mis mejores actores fueron siempre musulmanes. Cuando se proyectaban las películas en las aldeas todo mundo veía que eran los hijos de los musulmanes quienes anunciaban el Evangelio. Fue revolucionario: ¡en su propia lengua!".

 

-¿Qué sucedió después?

"La experiencia era nueva. Me llamaron de Roma para especializarme en medios de comunicación. En París estudié multimedios dos años. Acabo de terminar. Dios mediante regreso, no a Chad, a Camerún".

 

-¿Qué retos encontró en la misión?

"Sobre todo culturales. Los mexicanos vamos a misionar con un paquete grande: la herencia cristiana de nuestro pueblo, familia, religiosidad; tenemos tentación de vaciarlo a donde llegamos, pero eso no es misión sino imposición. Otra tentación es adoctrinar a las personas con cosas del extranjero. Ya no se hace. Lo más importante es conocer al que se va a evangelizar, su lengua, su cultura, sentarse a la mesa con él, comer lo que nos ofrece, ir con ellos, sufrir con ellos, cantar y bailar con ellos. Este es el modo como un discípulo de Jesús puede hacer algo. Así la gente puede creer el mensaje cristiano, partiendo de nuestra convivencia con ellos. Un mexicano que quiere ser misionero fuera de México ha de estar dispuesto a dejar nuestra cultura, nuestro modo de ser para abrazar una nueva cultura. Buscar semillas del verbo, semillas de la presencia de Jesús. Lo mismo vale para evangelizar a nuestro pueblo, a nuestra gente, nuestra diócesis".

 

-¿Es necesaria una re-evangelización de nuestro pueblo?

"Es necesaria una tarea misionera al cien por ciento. Nuestras Iglesias, familias, sociedad actual, se han ido adormeciendo en la fe. Muchas familias se han incluso destruido. Todo esto ha disminuido la fuerza del Evangelio en las familias. Se ha deteriorado.

Por tanto, la misión de sacerdotes y misioneros ha de ser más fuerte. Tienen que ser creativos y evangelizar sobre todo con el testimonio; un testimonio que empieza con cada uno de nosotros -pastores principalmente-: anunciemos el Evangelio a partir de nuestra vida, de nuestra entrega ordinaria que no espera nada a cambio. Esto que tenemos enfrente es un reto y una exhortación. Es lo que tenemos que hacer".