Hagamos lío, Miscelánea

Una Cuaresma diferente

Hagamos lío

Por: Cynthia Pedroza, Pastoral Jóvenes Adultos.

Todos en alguna ocasión sentimos la necesidad de renacer por dentro aunque no sepamos cómo. Las personas llevamos en nuestro interior un anhelo de libertad, de justicia y de paz en la búsqueda incesante de Dios. Lo hacemos continuamente, aunque en ocasiones no lo identifiquemos como tal.

Este año miramos al calendario con la conciencia de que comienza otra Cuaresma. Con esta palabra vienen a mi mente palabras como: conversión, penitencia, perdón y ayuno. ¿Pero qué es todo lo anterior si no dirigimos nuestra mirada a Jesús? Sí, es tiempo de volver, pero con todo el corazón, donde experimentamos la verdad o la falta de ella. Por eso, aunque parezca muy trillado, quisiera invitarte a que leas estas líneas con una sola certeza: Él, Jesús, sigue apostando por ti. Y mis preguntas ahora son: ¿Tú apuestas por Él? ¿Cuánto? ¿Cómo quieres vivir este tiempo?

Personalmente, le di algunas vueltas a estas preguntas, y sé que todo lo que le responda, lo guardará muy bien en Su propio Corazón.

Hace un año nos encontrábamos a casi nada de comenzar una travesía que sin duda nos cambiaría y pondría totalmente al descubierto nuestra fragilidad humana. Cuando recibimos la ceniza, ¿el mensaje, y la experiencia vivida, deja en nosotros un profundo eco? “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Tal vez nunca antes había tenido tanto sentido.

Retomando el Evangelio del Miércoles de Ceniza, medito cómo se encarna la Palabra en nuestra realidad, rescatando los tres ejes fundamentales que guiarán nuestra preparación durante estos cuarenta días: Caridad, oración y ayuno.

 

Caridad

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,3-4).

Aspecto clave de la Cuaresma -como de toda la vida cristiana- es la caridad. ¿De qué manera vivir esta virtud teologal? Somos llamados al  amor que nutre, que repara todo, porque es lo único que crece cuando se reparte. Amar al enfermo, al desempleado, al desamparado, al hermano con cualquier necesidad. Amar en medio de una sociedad polarizada, amar a los que viven conmigo (a los más cercanos) y darme a ellos, darles mi tiempo de calidad. El amor implica sacrificio, es siempre creativo. El reto, constantemente, es aprender cómo amar más y sobre todo, cómo amar mejor. Porque cuando te encuentras verdaderamente con Jesús, Él fortalece tu amor humano con su Amor Divino. 

 

Oración

“Tú en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,6).

Dicen que orar es reconocer a Cristo no como una idea sino como Alguien, como una Persona.

Ojalá que la situación actual de aislamiento, que nos aparta de la comunidad reunida en Asamblea en los templos, propicie que al menos vivamos una oración personal más profunda, entrando allí en lo más íntimo de nuestra alma para encontrarnos con Él y platicar con Él. No te aísles, sino que déjate envolver por su compañía en el día a día. Él siempre nos escucha, siempre nos responde y se hace presente de manera distinta, silenciosa casi siempre, pero constantemente.

Me parece que la oración es un desafío y una aventura, pues nos permite conocerle cada vez más y mejor. “Entrando en la espesura de la oración, podemos contarle todo lo que nos pasa y quedarnos confiados en sus brazos. Podremos así contar instantes de preciosa intimidad y afecto, donde Jesús derrama en nosotros su propia vida” (Cf. Papa Francisco, Discurso a voluntarios, XXXIV Jornada Mundial de la Juventud).

 

Ayuno

Tú en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6,16).

Practiquemos la abstinencia, asumamos el reto con alegría, privémonos especialmente de toda tentación que nos lleve a vivir encerrados en nosotros mismos, especialmente esos domingos “de bajón”.

Ayunemos también -fortaleciendo así nuestra voluntad a la luz del Señor- de redes sociales. Ahora todo es “virtual” pero debemos reconocer el límite de estos medios y no permitirles que nos absorban por completo, pues son eso, “virtuales”.

Cuidemos el ayuno de alimentos, y estemos atentos porque pasar demasiado tiempo en un mismo espacio puede generarnos ansiedad y comer de más. Si trabajamos en este tipo de detalles cotidianos, nuestro espíritu saldrá fortalecido.

Seamos pacientes, la Cuaresma es un tiempo que nos invita a un proceso de cambio, clave para vivir a plenitud el misterio de nuestra fe.  Seguramente este año no necesitemos lo mismo que el anterior. Acudamos a quien puede entendernos, no perdamos de vista el Camino, que no encontraremos en Netflix ni en Amazon sino en la Cruz. Seamos testigos de Jesús. La Cuaresma no es una fecha que expire en el calendario, es un peldaño más de esta peregrinación terrena. La jornada diaria de estos cuarenta días deberá impulsarnos a vivir una probada constante de lo que anhelamos alcanzar en el cielo.

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