Artículos, Escala de Jacob

En Cuaresma con María

Escala de Jacob

Por: Cristina Alba Michel.

1. La Santísima Virgen María es nuestra compañera inseparable del camino de Cuaresma, un camino de penitencia. La Concebida Inmaculada, que nunca tuvo pecado, se une a sus hermanos en humanidad, hijos suyos en Cristo, para acompañarles e insistirles en lo que ella practicaba en la tierra: oración, ayuno y caridad con un corazón vuelto siempre a Dios. Las Escrituras no lo explican, pero nos dejan ver a través de pocas líneas a una joven sumergida en Él. Cuando el Ángel Gabriel llega a María, “entra donde Ella estaba”, esto es, en la oración de aquella que anhelaba y suplicaba la venida del Mesías e intercedía, de ese modo y con ardientes súplicas, por el pueblo de Dios. Intercesora más excelsa que Judith o Esther, más que Abraham o Moisés.

 

2. Lo de “esclava del Señor” no se le ocurrió a último minuto, la respuesta plasma su vida entregada al Dios de Israel, el que salva, como lo tenía por cierto el pueblo que no olvidaba sus grandes hazañas. Encontramos en María, que nos invita a imitarla, los oídos y el corazón abiertos, siempre atentos a la palabra de Dios. Por eso como de manera “natural” pudo germinar la Palabra en su purísimo vientre, convirtiéndose en el paraíso de Dios y posteriormente, por el nacimiento espiritual del cuerpo místico, en el paraíso de la nueva humanidad y de la nueva creación: ambas se encuentran aún en gestación en el vientre de María, y por los dolores que la Iglesia y la humanidad experimentan, puede intuirse la proximidad del parto.

 

3. María, modelo de oración intercesora, nos remite a la imagen del Apocalipsis 12, 1. Desde estas páginas viajamos al Tepeyac y a otra cantidad de apariciones y manifestaciones marianas -mariofanías-, entre las más conocidas y relacionadas con esta reflexión que quiere invitarnos a la penitencia y la oración, tenemos las de Nuestra Señora de Laus, la Medalla Milagrosa, La Salette, Lourdes, Fátima, Tre Fontane, Garabandal, Akita, Kibeho y Medjugorje. Grandes diferencias existen entre ellas, mas el mensaje de fondo siempre contiene un fuerte llamado a mirar: el estado del mundo, de la Iglesia y del corazón de cada uno. Todas contienen un fuerte llamado al arrepentimiento y la conversión, a la penitencia, el ayuno y la oración personal e intercesora; todas invitan con insistencia a la Eucaristía y la Reconciliación, a meditar la Pasión de Cristo. En cada caso con creciente insistencia, la Santísima Virgen aparece como subiendo el camino de una larga Cuaresma, y aunque ya goza la Bienaventuranza, muestra lágrimas en sus ojos y preocupación por sus hijos. El Papa Benedicto XVI en el año 2010 expresó claramente: “la misión de Fátima no ha terminado”, y lo vemos si comprendemos el mensaje íntegro y su lenguaje.

 

4. De manera destacada el desarrollo de las apariciones en Lourdes muestra la compañía de María en el camino cuaresmal y escatológico, el cual debe aprovechar la Iglesia como un tiempo precioso de penitencia y de gracia, como instrumento para apresurar el Triunfo del Inmaculado Corazón de María que precederá, por la gracia de Dios y de modo “natural”, al reinado de Jesucristo [no al fin del mundo]. Todas estas mariofanías, lejos de traer nuevos mensajes o doctrinas extrañas a la Revelación, la explican, e iluminan el cumplimiento de profecías bíblicas en el tiempo presente.

 

5. Veamos pues que María se aparece 18 veces en Lourdes a Bernadette. Dos veces antes de la Cuaresma, catorce durante la Cuaresma, y dos después de ella. La primera aparición ocurre el jueves 11 de febrero de 1858. Le siguen las de los días 14, 18, 19, 20, 21, 23, 24, 25, 27 y 28 del mismo mes; 1, 2, 3, 4 y 25 de marzo, y 4 de abril, ¡Pascua!

El 17 de febrero fue Miércoles de Ceniza. El 25 de marzo, Anunciación del Señor (exactamente el mismo calendario litúrgico de este 2021). Los días 24-28 de febrero, la Señora pide a Bernadette “¡penitencia, penitencia, penitencia!”, y la manda a besar la tierra, beber del agua del manantial (que entonces era solamente lodo) y comer hierba del suelo, una hierba muy amarga que se daba en el lugar. La niña obedece. Se burlan de ella, como hoy tantos se burlan del ayuno, la penitencia y la abstinencia. Con sencillez les explica que la Señora se lo ha pedido “por los pecadores”. El 2 de marzo la Señora pide se erija una Capilla y vayan allí en procesión, de donde nace la costumbre que subsiste hasta hoy. El 25 de marzo, día de la Anunciación y casi final de las apariciones, la bellísima Señora revela su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. La última aparición ocurre el 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, advocación en la que apareció el día del Milagro del Sol, en Fátima, y años después en San Sebastián de Garabandal, España (1961-1965): ambas mariofanías, una reconocida por la Iglesia y la otra en proceso, tienen un fuerte sentido eucarístico, penitencial y escatológico. Ambas se unen al sentido igualmente eucarístico, penitencial y escatológico de Nuestra Señora de Todos los Pueblos,  Nuestra Señora de Akita, Nuestra Señora de Kibeho y la Reina de la Paz de Medjugorje.

 

6. Un sinnúmero de mariofanías no rechazadas o sólidamente apoyadas por los Obispos locales suceden actualmente, las cuales no hacen sino repetir el fuerte llamado a la conversión, la penitencia y la vida sacramental. Se añaden otros fenómenos sobrenaturales, místicos y videntes verdaderos, y multitud de imágenes de la Virgen exudando sangre o aceite perfumado, recordándonos las lágrimas corredentoras de la Madre derramadas al pie de la Cruz. Parece decirnos así que “todo un Cielo está preocupado” por el destino al que la humanidad se dirige, por caminos alejados de Dios, mediante estructuras que lo excluyen voluntariamente de la vida de la humanidad. Caminos de muerte y autodestrucción, de soberbia: “no serviré”, “no te necesitamos”. ¿No ha de llorar el Cielo a través de los ojos purísimos de María, Reina y Madre?

 

7. La que nunca cometió pecado nos acompaña en una Cuaresma histórica hacia la Pascua sin ocaso, manifestándose más cercana a los dolores de los hombres, si cabe, que a la gloria de los Ángeles que ya le pertenece. En Ella -carne de nuestra carne, hueso de nuestros huesos- el Señor sigue obrando grandes cosas. Unidos a Ella en este histórico camino cuaresmal de conversión, de alegría y Sacramentos, Cristo viene nuevamente. Ya vino una vez por Ella, vendrá por Ella otra vez. La cercanía de estos acontecimientos se nos recuerda una y otra vez mediante mensajeros que como Bernadette y los pastorcitos de Fátima, se han convertido en la voz de la dulce Madre llamando continuamente a sus hijos a “hacer lo que Él les diga”.

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