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El Viacrucis, para chicos y grandes

Por qué soy católico

Por: José L. Fierro.

En Cuaresma es cuando más los fieles católicos practicamos, meditando y orando, el recorrido de nuestro Señor Jesucristo en las 14 estaciones del Viacrucis, cuyas imágenes solemos ver fijas en nuestros templos, para recordar la angustia y sufrimientos que Cristo padeció en su dolorosa Pasión por nuestra redención.

Siempre me gusta tener presente los Viacrucis que las catequistas de mi niñez nos meditaban en cada estación de esta piadosa devoción. Ejemplos:

Nos hacían notar que la cruz simbolizaba el peso de nuestros pecados, que Jesús cargó por nuestra salvación. Nos explicaban que Él fue coronado de espinas para que evitemos los malos pensamientos y azotado para que evitemos los pecados en contra de la castidad.

Sus tres caídas en su caminar por la vía dolorosa fueron para motivarnos a acudir al sacramento de la Confesión (así se le llamaba antes al de la Reconciliación) cada vez que cayéramos en pecado.

El encuentro de nuestro Señor con su Madre la Virgen María nos mostraba como Ella acompañó a su amado Hijo en momentos tan dolorosos y, por ello, nosotros debemos tener la seguridad de que Ella también nos acompaña en todo momento de prueba y tristeza en nuestra vida.

Cuando Simón Cirineo ayuda a Jesús a cargar la pesada cruz, las catequistas nos decían que fue voluntad de nuestro Señor ser auxiliado; por ello, nosotros también debemos seguir ese ejemplo, ayudando a nuestros prójimos a cargar la cruz de sus sufrimientos.

Al meditar a la Verónica limpiando el rostro de Jesús nos daban ejemplo de que, como cristianos, estamos llamados a confortar al que sufre. Al consolar a las mujeres de Jerusalén fue para mostrarnos que debemos ser medio de alentar a nuestros hermanos que sufren y lloran por sus pruebas y sufrimientos.

El despojo de sus vestiduras sucedió para que comprendamos que así debemos de desnudarnos de todos los malos hábitos, que ponen en peligro a nuestra alma de perderse para siempre.

En la crucifixión recuerdo a una catequista muy piadosa, su timbre de voz se hacía triste y de angustia y nos hacía notar cómo la Virgen María, al escuchar el golpe del martillo, quedó transida de dolor; por eso nunca debemos olvidar los sufrimientos de la Santísima Virgen, unidos a los de su Hijo, para que nos motiven a crucificarnos al santo servicio de Cristo y de su Iglesia.

Las estaciones del Viacrucis del descendimiento de la cruz y colocación del cuerpo de Jesús en los brazos de su Santísima Madre, fue para que nos cause pena cada vez que ofendemos a su Hijo amado.

En nuestros días es muy lamentable que los niños estén muy alejados de la catequesis cristiana, y según encuestas estos pequeños pueden llegar al extremo de manifestarse como futuros delincuentes. Todos, padres de familia, sacerdotes, catequistas, etc., debemos invitar a todos los niños que estén en nuestro entorno a vivir y meditar en el Viacrucis, porque a través de esta sencilla oración conocerán cómo nuestro Señor Jesús quiso caminar fatigado y afligido por amor a ellos y a la humanidad entera, para nuestra salvación eterna; así se logrará que muchos de ellos no expresen esos deseos tan terribles que solemos oír porque, de no corregirse, dañarán el tejido social con actos de violencia en un futuro tal vez muy próximo.

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