Especial Semana Santa

“Descendit ad inferos”

Reflexión del Sábado Santo

Por: Raúl Sánchez K.

Cristo, devuelto a la vida, en cuanto al espíritu, fue a predicar a las almas prisioneras, a las que antaño se rebelaron” (1Pe 3,19)

 

Descendió a los infiernos

El Símbolo de los Apóstoles (Credo), que resume las más antiguas tradiciones, anota en un versículo como artículo de fe referido a Cristo, su descenso a los infiernos. Es una confesión que se ubica en el Sábado Santo, el día del silencio.

“El Viernes Santo podíamos contemplar aún al traspasado; el Sábado Santo está vacío, la pesada piedra de la tumba oculta al muerto, todo ha terminado, la fe parece haberse revelado a última hora como un fanatismo” (Benedicto XVI, Meditación sobre el Sábado Santo).

 

Día del silencio

– “Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo” (Antigua homilía para el Sábado Santo).

– “A través del naufragio del Viernes Santo, a través del silencio mortal del Sábado Santo, pudieron comprender los discípulos quién era Jesús realmente y qué significaba verdaderamente su mensaje. Dios debió morir por ellos para poder vivir de verdad en ellos.

La imagen que se habían formado de él, en la que intentaban introducirlo, debía ser destrozada para que a través de las ruinas de la casa deshecha pudiesen contemplar el cielo y verlo a él mismo, que sigue siendo la infinita grandeza. Necesitamos las tinieblas de Dios, necesitamos el silencio de Dios para experimentar de nuevo el abismo de su grandeza, el abismo de nuestra nada, que se abriría ante nosotros si él no existiese” (Benedicto XVI, Ibíd.).

 

Ocultamiento de Dios

“El impresionante misterio del sábado santo, su abismo de silencio, ha adquirido, pues, en nuestra época un tremendo realismo. Porque esto es el sábado santo, su auténtico misterio: el día del ocultamiento de Dios, el día de esa inmensa paradoja que expresamos en el credo con las enigmáticas palabras ‘descendió a los infiernos’, descendió al misterio de la muerte.

La experiencia de nuestra época nos ayuda a profundizar en el Sábado Santo, ya que el ocultamiento de Dios en su propio mundo -que debería alabarlo con millares de voces-, la impotencia de Dios, a pesar de que es el Todopoderoso, constituye la experiencia y la preocupación de nuestro tiempo” (Ibíd.).

 

“Los infiernos”

“En ese ‘tiempo más allá del tiempo’, Jesucristo ‘descendió a los infiernos’. ¿Qué significa esta expresión? Quiere decir que Dios, hecho hombre, llegó hasta el punto de entrar en la soledad máxima y absoluta del hombre, a donde no llega ningún rayo de amor, donde reina el abandono total sin ninguna palabra de consuelo: ‘los infiernos’.

Jesucristo, permaneciendo en la muerte, cruzó la puerta de esta soledad última para guiarnos también a nosotros a atravesarla con él.

Todos hemos experimentado alguna vez una sensación espantosa de abandono, y lo que más miedo nos da de la muerte es precisamente esto, como de niños tenemos miedo a estar solos en la oscuridad y sólo la presencia de una persona que nos ama nos puede tranquilizar. Esto es precisamente lo que sucedió en el Sábado Santo: en el reino de la muerte resonó la voz de Dios” (Ibíd.).

 

De la oscuridad a la luz

– “Sucedió lo impensable: es decir, el Amor penetró ‘en los infiernos’; incluso en la oscuridad máxima de la soledad humana más absoluta podemos escuchar una voz que nos llama y encontrar una mano que nos toma y nos saca afuera. El ser humano vive por el hecho de que es amado y puede amar; y si el amor ha penetrado incluso en el espacio de la muerte, entonces hasta allí ha llegado la vida. En la hora de la máxima soledad nunca estaremos solos: ‘Passio Christi. Passio hominis‘” (Ibíd.)

– La liturgia cristiana, sin recordar expresamente esta bajada a los infiernos, parece corresponder misteriosamente a ella. La Iglesia celebra el oficio del Fuego nuevo, que enciende, a partir de él, cirios y velas de los fieles para recordar que los que yacían en ‘las tinieblas de la muerte’ vieron sobre ellos la claridad redentora. Y asocia las promesas de la liberación a la humanidad entera, las almas de ayer y las de mañana.

En la bendición del agua que servirá para administrar el Bautismo durante el año, la Iglesia reúne por anticipado a todos los cristianos que van a nacer en la misma certidumbre de la salvación.

 

Nueva esperanza

La jornada de la noche del Sábado Santo -o madrugada del domingo-, última de la ‘Semana santa’, lleva el peso del duelo de la víspera, pero como dice la oración de la Misa, esta ‘noche santísima se ilumina ya con la gloria de la Resurrección”

“Este es el misterio del Sábado Santo. Precisamente desde allí, desde la oscuridad de la muerte del Hijo de Dios, ha surgido la luz de una nueva esperanza: la luz de la Resurrección” (Ibíd.).

 

 

 

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