Editorial, En tinta china

San Pedro de Jesús y la Virgen de Lourdes

En tinta china

Por: Luis Efrén.

Como ya lo anunciamos, será en cada parroquia que se celebre el aniversario del martirio del P. Maldonado. Como sucede en las circunstancias actuales, todas las actividades a nivel diocesano desde hace casi un año se han visto afectadas en cuanto a la asistencia de los fieles, otras se han venido realizando virtualmente. Dios quiera que pronto podamos congregarnos todos como dice el canto: “Juntos como hermanos, miembros de la Iglesia”.

Mons. Constancio Miranda Weckmann solicitó a todos los sacerdotes celebrar a San Pedro de Jesús en cada comunidad. Hoy nuestro Santo es un vivo ejemplo para todos; en estos momentos amargos que vivimos constituye una luz que brilla para recordarnos que, a pesar del cierre de los templos, se puede hacer comunidad. No les estoy invitando a realizar actividades clandestinas, quiero destacar que el testimonio de nuestro mártir debe hacernos a todos nosotros laicos, sacerdotes y consagrados, un modelo de servicio. Incluso en las condiciones de oscuridad a la que muchos, desde distintos ámbitos, quieren reducir a la Iglesia. El tan recordado y querido Mons. Martín Luis Quiñónes dijo: “El padre Maldonado vivió y murió por Cristo”, de ahí su merecimiento del honor de los altares, pues vivió contracorriente en un mundo en el que las autoridades rechazaban todo lo que tuviera relación con el Señor.

Oremos para que San Pedro de Jesús siga siendo nuestro gran intercesor, quien nos contagie las ganas de ir de nuevo a la celebración de la Eucaristía a pesar de los temores y así podamos decir como él: “quiero tener mi corazón en el cielo y en el sagrario”. Sea ese el anhelo de cada uno, la Eucaristía mientras peregrinamos en este mundo, y el cielo cuando el Señor nos llame a su Presencia. 

No se olviden que el mismo día de la conmemoración del martirio del padre Maldonado, la Iglesia celebra la memoria de la Bienaventurada Virgen María, recordando su aparición a Santa Bernardita en la gruta de Lourdes, Francia, como la Inmaculada Concepción. Se celebra, así mismo, la Jornada Mundial del Enfermo. Encomendemos a todos aquellos que sufren enfermedad y dolor, para que sea María el bálsamo de curación que les aliente, y sanen si es la voluntad de nuestro Señor. ¡Roguemos por todos los enfermos!, y que el Señor dirija nuestros pasos.

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