Santo de la Semana

San Moisés de los Sarracenos

Árabe por nacimiento, Moisés (Moysetes) llevó por mucho tiempo vida de ermitaño en Rhinoclura, región situada en la frontera romana entre Palestina y Egipto (hoy ruinas cerca de El-Arish, actualmente la ciudad más poblada y la capital de la gobernación egipcia del Sinaí del Norte), en los desiertos próximos al territorio gobernado por la reina Mavia de la tribu árabe de los sarracenos.

La región estaba abatida principalmente por bandas errantes de sarracenos que eran “nómadas” y recorrían el territorio de un lugar a otro trasladando sus tiendas, sin establecerse en parte alguna del país; eran además animistas, que veían a Dios representado en árboles, rocas, flores y las estrellas.

Cuando el emperador romano Valente (364-378) extendió los dominios del Imperio hacia esa región, los sarracenos bajo las órdenes de Mavia, la reina guerrera, sostuvieron constantes combates de guerrillas en las fronteras romanas.

Presumiblemente una expedición punitiva enviada contra los sarracenos, con cierto cariz de cruzada religiosa, terminó con un pacto, en el cual Mavia, conquistada por la fe cristiana, pactó la rendición siempre y cuando su pueblo fuese evangelizado por el ermitaño Moisés, que gozaba de grande fama por la santidad de su vida y los milagros que Dios obraba por su medio.

Mavia exigió que Moisés fuera nombrado obispo para su nación y, por territorio, tal consagración correspondería realizarla a Pedro, patriarca de Alejandría de Egipto, quien se encontraba en el exilio por estar su sede ocupada por el usurpador obispo Lucio, partidario de la herejía arriana, de tal manera que Moisés se negó a permitir que tal personaje le confiriera el orden episcopal.

Se le condujo entonces por las montañas hasta la ciudad de Diocesarea de Palestina, donde se sabe que Lucio había enviado a once obispos de Egipto sobrevivientes del exilio, quienes se mantuvieron fieles a la fe manifestada en el Concilio de Nicea y de alguno de los cuales recibió finalmente Moisés la consagración episcopal.

El obispo Moisés de los sarracenos pasó el resto de sus días yendo de un lugar a otro, pues no tenía sede fija, enseñando, predicando y convirtiendo a la fe a una gran parte de su rebaño, gracias sobre todo a su ejemplo de vida cristiana. También consiguió, durante el tiempo de su episcopado, mantener la paz entre romanos y sarracenos.

Su conmemoración litúrgica se inscribe el 7 de febrero.

 

San Moisés de los Sarracenos

(+389)

Eremita, apóstol y primer obispo de los sarracenos, que en las montañas del Sinaí, en Egipto, después de haber llevado vida eremítica en el desierto, a petición de Mavia, reina de los sarracenos, fue ordenado obispo para gobernar la primera diócesis en aquellas inhóspitas tierras. Tales fueron su acierto pastoral y su humildad en el trato con los sarracenos entre los que convivía, que se ganó el respeto de todos y un alto grado de armonía entre las comunidades romana y sarracena, logrando conservar la paz entre aquella gente nómada y guerrera, así como mantener intacta la vida cristiana.

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