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Las personas consagradas desempeñan un papel fundamental en la Iglesia

La Vida Consagrada, en todas sus formas, antiguas y nuevas, es un don de Dios a la Iglesia. Debemos pedir incansablemente al Señor que llame a hombres y mujeres a seguirlo en una vida totalmente entregada.

En la dinámica del acontecimiento de gracia que fue el Sínodo sobre la Vida Consagrada y su misión en la Iglesia y en el mundo, y apoyándome en la exhortación apostólica Vita Consecrata,  que recogió sus frutos, quiero reafirmar con fuerza y convicción la  necesidad de la Vida Consagrada para la Iglesia y para el mundo. En  efecto, una Diócesis sin comunidades de la Vida Consagrada,  “además de perder muchos dones espirituales, ambientes apropiados para la búsqueda de Dios, actividades apostólicas y metodologías  pastorales específicas, correría el riesgo de ver muy debilitado su espíritu misionero, que es una característica de la mayoría de los Institutos”(VC, 48).

 

Es preciso vivir el Carisma Fundacional y el deseo de sus Fundadores.

Conviene, a cada Instituto, centrarse en el Carisma Fundacional y el deseo expreso de sus Fundadores, recordando que la vida religiosa es para la misión de la Iglesia y se funda en Cristo, el cual llama a entregarse totalmente a Él, desde la perspectiva que recuerda San Pablo: “es Dios quien da el crecimiento a toda obra” (cfr. 1Cor. 3,4). Hoy más que nunca, para responder a los cambios, cualesquiera que sean, los responsables de los Institutos de Vida Consagrada deben estar atentos a la formación permanente de sus miembros, especialmente en el ámbito teológico y espiritual. Esta iniciativa no puede por menos de redundar en bien de la vida misma de los Institutos.

 

Promover las vocaciones a la Vida Consagrada

Les animo a no escatimar esfuerzos por “promover la vocación y misión específicas de la Vida Consagrada, que pertenece estable y firmemente a la vida y a la santidad de la Iglesia” (Pastores Gregis, 50). Con su elocuente testimonio de consagración en el seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente, en el centro de las realidades humanas en las que están insertados, los miembros de los Institutos de Vida Consagrada siguen siendo signos proféticos para el mundo y para la Iglesia; con su vida manifiestan el amor de Dios a todos los hombres, manteniendo viva en la Iglesia la exigencia de reconocer el rostro de Cristo en el rostro de los pobres. Además invitan a la comunidad Arquidiocesana a tomar una conciencia cada vez mayor del carácter universal de la misión de la Iglesia, y le recuerdan la urgencia de buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia, así como una fraternidad cada vez mayor entre los hombres.

Felicito a todos los miembros de la Vida Consagrada que trabajan aquí en nuestra Arquidiócesis, sirviendo generosamente en los muy diversos campos: en la vida parroquial, en la educación de nuestros jóvenes y niños, en el ámbito de la salud, en las oficinas y casa del Obispado, en el servicio social, en la evangelización, en la catequesis, en la vida de oración, en la vida litúrgica, en la atención a los niños y ancianos, en la casa sacerdotal, en las notarías parroquiales, y otros más; no me cansaré de seguir animándolos para que continúen transmitiendo los valores humanos y el Evangelio, para que se pueda oír la llamada a seguir a Cristo y a participar en la vida eclesial.

Sé, porque lo he constatado, con qué paciencia y generosidad se entregan las personas Consagradas, en virtud de su misma consagración al Señor, mostrándose solícitas a favor de los más pobres y marginados, en una sociedad que muy frecuentemente los ignora. Esta dimensión de la caridad con los más pobres y los más pequeños es prenda de credibilidad de toda la Iglesia: credibilidad de su mensaje, pero también credibilidad de las personas que, habiendo sido conquistadas por Cristo y habiéndolo contemplado, son capaces de reconocerlo en el rostro de aquellos con quienes Él mismo ha querido identificarse y manifestar su compasión por todo ser humano.

Exhorto a los Sacerdotes y a los Laicos, a no descuidar nunca la experiencia y el carisma profético de las personas Consagradas, centinelas de la esperanza, testigos del Absoluto y de la alegría de la entrega total de sí.

 

Insertarse cada vez más en la Iglesia Arquidiocesana

Cada instituto de Vida Consagrada, conservando el carácter específico de su carisma, de su modo de vivir, de sus prioridades  específicas, debe insertarse cada vez más orgánicamente en la Iglesia Arquidiocesana. Tenemos un marco referencial que es el Proyecto Diocesano de Pastoral y además una realidad diocesana que nos invita a la comunión y participación.

 

El vigor y la audacia de las diversas Comunidades nuevas y antiguas

En nuestra Arquidiócesis la Vida Consagrada tiene múltiples facetas, haciendo coexistir comunidades antiguas y nuevas. Todo esto contribuye a renovar la vida comunitaria, la vida litúrgica y el compromiso de la evangelización en numerosos ambientes. Todos deben recodar que ha de prevalecer siempre el espíritu de diálogo. Invito a todos a vivir la caridad fraterna y a dar los pasos necesarios para que todas las fuerzas concurran a la unidad del único Cuerpo de Cristo y de la comunión en la misión evangelizadora.

 

El importante papel de la Vida Contemplativa

Es muy laudable el papel que desempeñan las Comunidades Contemplativas en la Arquidiócesis, en virtud del testimonio y la oración, elevando el mundo a Dios y participando en la misión, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Estos lugares privilegiados contribuyen a la fecundidad apostólica de las Parroquias, de los Movimientos, del Seminario y de los diversos servicios diocesanos. Deseo que las Comunidades Contemplativas prosigan su testimonio en el seno de la Arquidiócesis, invitando a los Fieles a enraizar su vida y su acción en la oración, fuente de todo impulso misionero.

 

Entusiasmar a los Jóvenes a acoger la llamada

Conozco la generosidad de numerosos Jóvenes en la Arquidiócesis y estoy seguro de que el Señor sigue trabajando en su corazón para que respondan con generosidad a su llamada específica. Hoy quiero animarlos a no tener miedo de entregarse a Cristo pobre, casto y obediente, en la Vida Consagrada, camino de felicidad y libertad verdadera, y decirles de nuevo con fuerza  y convicción: “si sienten la llamada del Señor, no la rechacen”. Entren, más bien, con valentía en las grandes corrientes de santidad que insignes santos y santas han iniciado siguiendo a Cristo.

 

La Iglesia necesita testigos auténticos

Hoy, más que nunca, la Iglesia necesita testigos auténticos que manifiesten que el radicalismo evangélico es fuerte de felicidad y de libertad. Renuevo mi saludo cordial a todas las personas Consagradas, confirmándoles mi estima por el insustituible testimonio de gratuidad, fraternidad y esperanza que dan, no sólo a la Iglesia, sino también a la sociedad entera, siendo signos proféticos del amor del Señor, que quiere transformar el corazón del hombre para hacerlo cada vez más conforme a su vocación.

Aseguro también mi cercanía espiritual a los Religiosos y las Religiosas de avanzada edad o con salud precaria que, con su experiencia y su sabiduría, participan en gran medida en la fecundidad misionera de sus Institutos y de la Iglesia entera. María, que acogió a Cristo con una respuesta de amor y de entrega total a la voluntad del Padre, sostenga a todos con su solicitud materna.

Nada más me resta reiterar, en nombre propio y de toda la Arquidiócesis, celebrando hoy la Jornada Arquidiocesana de la Vida Consagrada, mi agradecimiento a todos los Consagrados y Consagradas que sirven generosamente en nuestra Iglesia Particular, que el Señor los bendiga abundantemente y que María de Guadalupe acompañe y viva en cada una de sus Comunidades.

+Constancio Miranda Weckmann, Arzobispo de Chihuahua.

Chihuahua,  Chih.,  a  2  de Febrero de 2021

 

 

 

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