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Apologética con sentido común

Por qué soy católico

Por: José L. Fierro.

Ante el embate del proselitismo sectario, que actualmente se manifiesta intensamente por medio de carismáticos predicadores, muchos católicos no se sienten preparados para enfrentar ese reto, problema que se agudiza debido a la inexistencia de centros de estudio parroquiales para aprender apologética o defensa de nuestra fe; sumémosle además la apatía y desánimo incluso por aprender aspectos tan sencillos como citas bíblicas de respuesta a los cuestionamientos del mensaje sectario.

Para atenuar esta situación, no justificar tal omisión y atender el consejo de San Pedro de “dar razón de nuestra esperanza [fe católica] a cualquiera que nos pida respuestas” (1Pe 3,15), podemos acudir al sentido común, que generalmente está ausente en personas pertenecientes a sectas.

Para este método no es necesario memorizar citas bíblicas, sólo activar el sentido común en la mente de los predicadores de doctrinas sectarias.

 

El rapto

Ante el fracaso de profecías falsas que tanto predicaron del inminente fin del mundo, ahora en estas nuevas religiones está de moda anunciar un próximo rapto físico al Cielo de personas, eso sí, sólo de algunos y no de todos sus adeptos. Cuando nos aborden con este mensaje, comparto un ejemplo que realicé:

A un maestro jubilado de religión pentecostal y creyente en ese rapto, le dije: “Si usted cree en el rapto, debería acudir a su sindicato para que cancele su prestación de pago de funeral, ya que si pronto será arrebatado en cuerpo y alma al Cielo, sus deudos no tendrán que pagar gasto alguno de ataúd, cementerio ni demás gastos relativos a su muerte”.

En este mismo tenor le hice notar que su religión asegura que la Virgen María murió y su cuerpo se corrompió en el fétido sepulcro. De ser así, esto nos da una imagen muy negativa de nuestro Señor Jesucristo, quien entonces prefirió dejar el cuerpo de su madre -de donde él tomó carne y sangre para su encarnación- en la corrupción del sepulcro; en cambio, mejor se lleva al Cielo a miembros y hasta pastoras (líderes) de su congregación. Jesús nos manda cumplir el mandamiento de honrar a nuestros padres pero, de ser cierto el arrebatamiento o rapto de miembros de su denominación protestante, nos estaría dando un mal ejemplo de un hijo nada amoroso de su madre por no llevarla al Cielo, pero sí a las pastoras y algunos de los de su congregación.

 

Patriotas

Unas jovencitas testigos de Jehová me predicaban que los católicos adoramos la bandera nacional y eso está prohibido en la Biblia: adorar cosas o imágenes de arriba del cielo o de abajo de la tierra, y como la bandera mexicana tiene una águila, un ave que vuela en el cielo, y una serpiente que se arrastra por el suelo, por ello no debemos adorar la bandera.

Es inútil comentarles que los católicos mexicanos no adoramos nuestra bandera, sólo la consideramos y respetamos como símbolo de nuestra patria; por ello, cuando terminaron de hablar, les pregunté cuánto debía pagarles por las revistas que me entregaron en ese momento y respondieron que eran gratuitas, pero que aceptaban donaciones voluntarias. Saqué de mi bolsillo unas monedas e intenté entregárselas, ellas extendieron su mano para tomarlas pero no se las di, sino que les comenté: “No puedo darles estas monedas, porque según su doctrina pecarían contra su dios Jehová, ya que mis monedas tienen el águila y la serpiente”. Luego me retiré.

 

Rápido y práctico

Estos breves diálogos son muy prácticos cuando disponemos de poco tiempo para atender a estos proselitistas y además no se necesita conocer de memoria textos bíblicos.

Les diré que he comprobado con el tiempo que, aunque fingen no sentirse cuestionadas, en algunas de estas personas queda la duda, o como coloquialmente se dice: “la pulga en la oreja”, recapacitan y regresan a la fe católica, ¡solamente bastó activarles el sentido común que la secta les atrofió!

Tuve el caso de un condiscípulo de secundaria a quien no veía desde el año 1960; él era de una secta y regresó a la Iglesia. Cuando le pregunté qué le hizo volver, me respondió: “Aquello que me comentabas hace más de medio siglo”.

Recapacitemos lo anterior y estudiemos la Biblia, nuestro Catecismo y temas apologéticos. Dejemos de ser indolentes en este ministerio, así evitaremos que nuestros hermanos católicos pasen a sectas o también podremos rescatar a los que ya están en ellas. No imitemos a Caín, quien respondió groseramente a Dios que él no era el vigilante de su hermano Abel.

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