Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

Testimonio de amor a la Iglesia y a Notidiócesis

Doña Irma acompañada de sus hijos y del Sr. Arzobispo Constancio Miranda.

Por: Patricia Carrillo Gómez.

Una mañana del mes de noviembre esta casa editora recibió una peculiar llamada: era una persona que deseaba donar ejemplares de Notidiócesis, ¡encuadernados por su madre desde 1976! Se decidió acudir a entrevistarla para que nos contara la historia detrás de este hermoso gesto. Y fue una agradable sorpresa la que nos llevamos al saber que la señora, que en gloria de Dios esté, era Irma Luisa Barrera de Pérez, madre del apreciado sacerdote Carlos Pérez Barrera, y quien nos contactó fue la hija menor de doña Irma, Lucy Pérez.

Entre el P. Carlos y su hermana Lucy nos platicaron:

“Mi madre nació el 26 de junio de 1929 y falleció el 15 de noviembre de 2018, a los 89 años. Originaria de San Diego de Alcalá, municipio de Aldama, Chihuahua, se trasladó a la ciudad capital desde los cinco años. Fue siempre una mujer de gran fe, además rezaba diariamente el Santo Rosario, la Coronilla de la Misericordia, no faltaba a Misa los domingos y era muy devota de San Antonio. Fue maestra de primaria hasta que se casó con mi padre, formando un matrimonio que duró 55 años. Todo lo dejó para ser una madre entregada a las labores del hogar y el cuidado de sus hijos. Mis padres siempre fueron muy unidos, mi papá era un hombre muy cercano a nosotros, sus hijos. Todos los domingos nos sacaba a pasear en familia”.

Recuerdo también cuando yo era niño -platica el P. Carlos-, que nos llevaban a Misa todos los domingos a la parroquia Nuestra Señora del Refugio. Era un hábito que mis hermanas se sentaran en las primeras bancas del templo con mi mamá y los varones atrás con mi papá. En ese entonces era párroco el P. Jesús José Lobato Sánchez de quien casi no tengo recuerdo. En cambio, sí recuerdo cuando el P. Francisco Antonio Porras fue párroco y yo tenía doce años: ¡listo para ingresar al Seminario! Pienso que por esa religiosidad tradicional que mi madre nos inculcó, a mí me resultó fácil ingresar al Seminario. Ella siempre vivió así, hasta el día de su muerte”.

“Sobre su colección de Notidiócesis, no sé qué le dio a ella por coleccionarlos. Quizá porque, según recuerdo, allá por 1978 cuando terminé mi formación sacerdotal, teníamos una imprenta dentro del Seminario y hacíamos boletines; poco después escribí colaboraciones cada mes hasta el año 2000. Como yo ya no estaba en la casa, me di cuenta de que los guardaba años después. Uno de mis cuñados trabajaba en una impresora y se los empezó a encuadernar. Cuando él dejó de trabajar ahí, mi hermana Lucy siguió con esa labor: hacían de ese modo muy feliz a mi mamá que tanto cuidaba sus ejemplares, consiguiendo formar una muy buena colección de libros que ella releía de vez en cuando. Así era mi madre, una mujer sencilla, llena de fe y de caridad”.

“Mi mamá recibía cada semana Notidiócesis de manos de las señoritas Quintanilla. Ella decía que no podía tirar la Palabra de Dios, de ahí que guardaba los periódicos cada semana.

También distribuía los ‘Cinco minutos de oración’, y formó parte de la Congregación Mariana desde 1950. Era asidua a las reuniones de las madres de los sacerdotes, que tenían lugar en la casa de las monjas adoratrices.

Fue una excelente madre, cuando enfermó pude admirar la paciencia con la que llevó su enfermedad, pues nunca la escuché renegar”, expresó a su vez Lucy Pérez Barrera.

 

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