Catequesis

Del ministro y el sigilo del sacramento de la Penitencia

Celebrar la fe

Por: Raúl Sánchez K.

“Los sacerdotes deben alentar a los fieles a acceder al sacramento de la Penitencia y deben mostrarse disponibles a celebrar este sacramento cada vez que los cristianos lo pidan de manera razonable” (cf Código de Derecho Canónico, can. 986; Presbyterorum ordinis, 13).

 

Sobre la jurisdicción

Para administrar válidamente la Confesión un sacerdote requiere el poder de jurisdicción.

Normalmente el cristiano que quiera recibir la absolución no tiene que preocuparse por problemas de jurisdicción. Aunque el confesor pecase gravemente, el fiel quedaría absuelto. La Iglesia concede una jurisdicción supletoria. Es el llamado error común que prevé el Código de Derecho Canónico, can. 209.

 

Exigencia

Desde el punto de vista pastoral se exige al sacerdote, para ejercer más fructuosamente su ministerio de confesor, que procure crecer en santidad y tener la mejor preparación posible teológica, espiritual, humana, ya que sólo así podrá ser juez de las conciencias, padre espiritual, guía y doctor, médico espiritual de las almas.

 

Signo e instrumento de la misericordia

“Cuando celebra el sacramento de la Penitencia, el sacerdote ejerce el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el del Buen Samaritano que cura las heridas, del Padre que espera al hijo pródigo y lo acoge a su vuelta, del justo Juez que no hace acepción de personas y cuyo juicio es a la vez justo y misericordioso. En una palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1465).

 

Servidor del perdón

“El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo. Debe tener un conocimiento probado del comportamiento cristiano, experiencia de las cosas humanas, respeto y delicadeza con el que ha caído; debe amar la verdad, ser fiel al magisterio de la Iglesia y conducir al penitente con paciencia hacia su curación y su plena madurez. Debe orar y hacer penitencia por él, confiándolo a la misericordia del Señor” (Ibíd., 1466).

 

El sigilo sacramental

“Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas (Código de Derecho Canónico, can. 983-984 y 1388). Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción, se llama ‘sigilo sacramental’, porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda ‘sellado’ por el sacramento” (Ibíd., 1467)

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