Hagamos lío, Miscelánea

Y después del coronavirus, ¿qué?

Hagamos lío

Por: Fray Douglas Beard, OAR.

No cabe duda que esta Cuaresma y la Semana Santa que iniciamos son muy diferentes a las anteriores. El coronavirus (ofrezco una disculpa porque sé que ya estamos cansados de ver esta palabra por todas partes) nos ha obligado no sólo a poner en pausa nuestras agendas, sino a modificar muchas acciones, hábitos o actitudes que creíamos inamovibles. Esto es precisamente lo que me ha llevado a reflexionar que incluso de esta gran tragedia puede salir algo bueno, algo semejante a lo que sucedió hace casi dos mil años con un carpintero nazareno y su grupo de amigos, y que hoy conmemoramos.

Claro está que la distancia histórica, teológica e incluso temática es muy grande, no obstante, encuentro algunas características similares entre los últimos días previos a la pasión, muerte y resurrección de Jesús y lo que hemos vivido desde hace algunas semanas. Lo resumo en cuatro elementos, dos los estamos viviendo y a los otros dos estamos invitados:

Miedo

Cuando caminando de Galilea a Jerusalén Jesús anuncia su muerte a los discípulos, éstos comienzan a tener miedo (Mc 10,32-34). Ellos, que hasta hace poco se sentían fuertes por los milagros que habían contemplado e incluso por la “probadita” de gloria que habían visto tres de ellos en la Transfiguración (Mc 9,2-7), comienzan a tambalear.

No ha sido muy distinto con nosotros. En los últimos años la tecnología nos ha dado muchas “seguridades”; hemos ido colonizando cada vez más y más parcelas del conocimiento y de la técnica, y se nos hace difícil y hasta imposible que todo se pueda venir abajo de un día para otro. Pero de repente aparece un virus, pequeño, poco llamativo, prácticamente invisible y en cuestión de días todo se colapsa. Como a los discípulos, también a nosotros nos empieza a correr por el cuerpo una sensación de miedo. Nos damos cuenta de que tal vez no hemos comprendido qué es lo que verdaderamente da firmeza a lo que hacemos y a nuestra vida misma.

Incomprensión

Los discípulos tenían fundadas sus esperanzas en la presencia física de Jesús ¿Quién podía tener miedo ante el futuro, cuando a un metro de distancia tenías a alguien que podía convertir el agua en vino, multiplicar los panes y los peces, sanar enfermos, calmar tormentas e incluso revivir a los muertos? Pero en un fin de semana todo cambió. Él ahora estaba muerto, y los discípulos encerrados, preguntándose qué iba a pasar con ellos. ¿Qué pasaría con ese futuro prometedor cuando se instaurara su reino y ellos se sentaran a su derecha e izquierda? ¡Y hubo dos de ellos que incluso le platicaron a un “desconocido” compañero de camino que no comprendían lo que había pasado con ese gran profeta, Jesús! (Lc 24,13-25).

Hoy no sabemos lo que va a pasar (por lo menos yo no lo sé). La economía ha recibido una herida muy fuerte, la credibilidad en muchas instituciones pende de un hilo por su nula o limitada respuesta ante lo sucedido. A nivel personal no sabemos si todo lo que hicimos fue correcto, si no minimizamos algunas situaciones y exageramos otras. La incertidumbre, nota característica de nuestra época posmoderna, hoy parece la base de todo.

Confianza

Pero entre los apóstoles había uno que veía, escuchaba y meditaba la situación. Uno que en medio de una tormenta de sucesos desafortunados que hundirían a cualquiera, se mantenía firme. Un “jovencito” que al parecer sí había comprendido que la confianza no se ponía en los signos, sino en el Señor de los signos. Era Juan, el apóstol más joven, el que confió en momentos de alegría y de tranquilidad, en momentos tristes y profundos como en la cena donde recostó su cabeza en el hombro del Maestro (Jn 13,23-25), y en momentos de sufrimiento extremo como al pie de la cruz acompañando a una Madre (Jn 19,25-27).

En medio de la complicada situación que vivimos, me he encontrado (y eso me alienta muchísimo) con personas cuya confianza no decae. Jóvenes y adultos para los que esta contingencia les ha incentivado la creatividad. Mujeres y hombres que, ante la imposibilidad de estar en los templos, no alejan el corazón del Sacrificio eucarístico que el sacerdote ofrece en privado, y por medios digitales siguen escuchando la voz de Dios a través de sus pastores. Jóvenes que han comprendido y actuado porque las pascuas juveniles, misiones y voluntariados de estos días no se han suspendido, sino que sólo se han transformado para servir y evangelizar a los de propio hogar, incluidos a ellos mismos.

Acción

Juan y los demás apóstoles, una vez que vieron a Jesús resucitado (Lc 24,36-48) y recibieron en torno a María el Espíritu Santo (Hch 2,1-13) no se quedaron inactivos, al contrario, salieron con una fuerza que hasta antes de eso jamás habían sentido. Lo que habían visto y oído ahora tenía sentido. Gran parte de la lección estaba aprendida, y para lo que todavía no quedaba claro, estaba la confianza: el Espíritu les iría enseñando a su tiempo (Jn 14,26). Era tiempo de poner manos a la obra.

Son muchos gestos los que me hacen pensar que para muchos estos días han sido de una verdadera conversión. Esta Cuaresma y Pascua atípicas han dado grandes frutos en muchas personas, demostrándonos nuevamente que Dios hasta del mal puede sacar un bien. Al contrario de las compras de pánico de algunos, he visto a otros abrir su corazón generosamente. Conozco a muchos que, incluso con carencias propias, siguen apoyando a aquellos para los que el impacto ha sido más duro. Nos hemos dado cuenta también del gran poder que tenemos como sociedad si volteamos a ver al de enseguida, y más aún si nos organizamos en bien de todos. Sé que muchos ya están actuando, por eso la invitación de hoy es a no desistir y a sumar a otros, porque la resurrección del Señor no debe ser para nosotros -como no lo fue para los primeros discípulos- una simple devoción, sino una fuerza que entra por la fe y la confianza, y se hace operante por las obras.

-El autor es sacerdote de la Orden de Agustinos Recoletos, vicario parroquial en San Juan Diego, Delicias y asesor de las Juventudes Agustino Recoletas de Chihuahua.

Share this Story
Load More Related Articles
Load More In Hagamos lío

Check Also

San Judas Tadeo, ¡intercede por nosotros!

Con el drástico cambio de semáforo de naranja ...

Anuncio