Especial Semana Santa 2020

Vía Crucis en la pandemia

El Vía Crucis (“Camino de la Cruz”) es un ejercicio piadoso y comprometido, comprendido en catorce estaciones en las que meditamos los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz, para participar también de su gloriosa Resurrección.

Cristo aún camina con la cruz a cuestas entre nosotros y hoy, especialmente en estos momentos en que vivimos angustia, temor, enfermedad y muerte de tantos hermanos en el Bautismo a causa del coronavirus, unimos nuestros sufrimientos a los suyos, porque el misterio no está en la cruz, sino en el que está crucificado en ella; la cruz sola es maldición, la cruz con Cristo es fuente de bendición.

VÍA CRUCIS

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oraciones iniciales al comienzo de cada estación:

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador.

1ª Estación: Jesús condenado a muerte

Si conoces o sabes de alguien que está contagiado por el virus, si tú o alguien de los tuyos está infectado, Jesús fue condenado y tenido por leproso y blasfemo, mírale a Él.

Y pidamos por todas las personas. Somos frágiles. Estamos expuestos a virus, enfermedades, pecados, peligros… para que asumamos esa condición de fragilidad que nos identifica.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

2ª Estación: Jesús carga con la Cruz

Si tú has sido hospitalizado, o alguno de los tuyos lo está, y sientes el peso insoportable de la prueba, mira a quien cargó con nuestros sufrimientos.

Y pidamos por todas las autoridades políticas y sanitarias que tienen la responsabilidad de gestionar esta crisis del coronavirus, buscando el bien común de la sociedad.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

3ª Estación: Jesús cae en tierra, por primera vez

Si en estos momentos te acosa la tentación de la desesperanza, de la angustia, y hasta de la depresión, mira a Jesús que, caído en tierra, se levanta.

Y pidamos para que no caigamos en la tentación de la frivolidad, de no tomarnos en serio las recomendaciones que se nos hacen para evitar posibles contagios, poniendo en riesgo nuestra salud y la salud de los demás.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre

Si tienes algún familiar contaminado y no puedes acercarte a verlo, si estás aislado en tu propia casa, sin poder demostrar tu cercanía, contempla el dolor de María ante su Hijo en la Vía Dolorosa, sin poderse acercar a Él.

Confiemos en la tarea de tantos profesionales que velan “como madres” por nuestra salud y nuestro bienestar.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

5ª Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz

Si eres profesional de la medicina, si perteneces a los destacados para poner tus manos en el dolor y en la enfermedad, en la soledad y el aislamiento, eres como el Cirineo. El Papa Francisco te ha llamado “el santo de la puerta de al lado”. ¡Gracias!

Pidamos por todos los profesionales sanitarios: médicos, enfermeras, auxiliares… por todo el personal de los hospitales que son los cirineos que ayudan a los enfermos a vencer la enfermedad, para que Dios les proteja, les cuide, fortalezca y ayude en esta hora difícil.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

6ª Estación: La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Si eres uno de los voluntarios que se ha ofrecido para enjugar el dolor del que sufre, siente el gozo de llevar en tus ojos el rostro que se imprimió en el velo de la Verónica. ¡Gracias!

Pidamos por todas las personas que, de manera altruista, ayudan, colaboran, se solidarizan, aportan su tiempo y sus dones para aliviar tantas necesidades que una situación como ésta acarrea; y también pidamos por nosotros, para que aprendamos a estar siempre al lado de los que sufren.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

7ª Estación: Jesús cae en tierra por segunda vez

Si te oprimen las noticias de los que especulan, de los que mienten, de los que se aprovechan del dolor ajeno, mira a Jesús que no cede y se levanta, hazlo tú con gestos sinceros que animen y den esperanza.

En esta estación pidamos para que no caigamos en el miedo, en la histeria, en la desesperanza… que no conducen a nada. Que el Señor nos dé serenidad para afrontar esta situación de emergencia que nos toca vivir.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

8ª Estación: Jesús se dirige a las mujeres de Jerusalén

A ti, madre, hermana, trabajadora, ama de casa, acoge la mirada de Jesús y convierte tu lamento en gestos solidarios, entrañables, amorosos, que tanto ayudan. ¡Gracias!

Pidamos confiados que Dios aparte del mundo este mal, que Dios escuche y atienda nuestras oraciones.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez en tierra

Si ves cómo se derrumba tu negocio y se quiebra tu economía, si das por perdido todo tu esfuerzo, mira a Jesús que vuelve a levantarse. No te hundas, ¡espera!, espera en el Señor.

Y no olvidemos pedir por todos los que sufren los daños colaterales de esta crisis; de un modo especial por los empresarios que ven peligrar su medio de subsistencia y por los obreros que, como consecuencia, se quedan sin trabajo. Que pronto todo pueda volver a la normalidad.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestidos

Si te sientes despojado, porque te ha alcanzado el virus, y estás desnudo y solo en una habitación, o estás en cuarentena, te invito a que mires a Quien desnudo y solo dio su vida por amor a todos.

En esta estación pidamos por los investigadores que buscan una cura eficaz, para que sus trabajos pronto puedan dar fruto.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

11ª Estación: Jesús es clavado en la Cruz

Si estás aislado, si estás sin poder salir de casa, sujeto, si te sientes clavado y solo, mira al Crucificado. Él se trasfunde en nuestro dolor y lo transforma en redención.

Y ofrecemos esta estación por todos los que guardan cuarentena, bien por tener el virus, bien por haber convivido con personas infectadas. Que el Señor les dé paciencia y que este tiempo les sirva de provecho para reflexionar sobre la propia vida y la necesidad que tenemos de Dios.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

12ª Estación: Jesús muere en la Cruz

Por ti, que nos has dejado y ya has pasado el umbral de la muerte, rezo y a ti me encomiendo. Por ti, que has perdido un ser querido y no has podido acercarte a darle un beso, te acompaño en tu dolor, aunque nunca lo sepas. La muerte no es la última palabra. Jesús muere y convierte la muerte en vida.

En tus manos, Señor, ponemos a todos los que han fallecido a causa del coronavirus, ¡por tu infinita bondad acógelos en tu Reino!, donde ya no hay enfermedad, ni llanto ni dolor.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

13ª Estación: Jesús, muerto, en brazos de su Madre

Si no has podido despedirte de un ser querido, si estás a distancia de quien deseas acompañar, mira a María, la Virgen de la Soledad, la Virgen de las Angustias, la Virgen de los Desamparados. Ella tiene el encargo de Jesús de consolarnos.

Pidamos por intercesión de nuestra Santísima Madre, por todos los familiares de quienes han padecido o están padeciendo la enfermedad del coronavirus, para que el Señor les acompañe y fortalezca en medio de la situación familiar que están viviendo.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

14ª Estación: Jesús es colocado en el sepulcro

Si no has podido acompañar el entierro de tu ser querido, de tu amigo, si la losa del desgarro ha caído sobre tu corazón, te ofrezco mi silencio y sobre todo el silencio de María, la mujer fuerte, que permaneció de pie junto a la Cruz y no perdió la esperanza. ¡Ten ánimo! Tanto dolor no puede quedar sin sentido.

Roguemos al Señor, para que desde la luz de la fe aprendamos a asumir tantas realidades dolorosas como nos toca afrontar a lo largo de la vida, incluida ésta del coronavirus, en la esperanza de que todo es pasajero y que sólo Tú, Señor, tienes siempre la última palabra.

Padre nuestro… Señor, pequé. Ten piedad y misericordia de mí.

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que dijiste: “Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá para siempre”, infunde en nuestros corazones la firme esperanza de la vida eterna. Ayúdanos a comprender que, aunque caminamos hacia una muerte segura, ése es el paso que nos conduce a una vida que no tendrá fin. Amén.

Promesas para los devotos del Vía Crucis

-Yo concederé todo cuanto se me pidiere con fe, durante el rezo del Vía Crucis.

-Durante la vida, yo les acompañaré en todo lugar y tendrán Mi ayuda especial en la hora de la muerte.

-Yo bendeciré a estas almas cada vez que rezan el Vía Crucis; y mi bendición les acompañará en todas partes de la tierra. Después de la muerte, gozarán de esta bendición en el Cielo, por toda la eternidad.

-Así como yo fui clavado en la cruz, igualmente estaré siempre muy unido a los que me honran, con el rezo frecuente del Vía Crucis.

-Para estos devotos del Vía Crucis, Mi alma será un escudo de protección que siempre les prestará auxilio cuando recurran a Mí.

-Adaptación: KAD. Tomado de: P. Ángel Moreno en www.revistaecclesia.com y Charles Singer “Vía Crucis dialogado”; www.corazones.org

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