Carta del Director, Editorial

Una Semana Santa extraordinaria

“Me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20)

Carta del Director

Sin lugar a dudas, queridos lectores, esta Semana Santa que comenzamos será muy diferente a las anteriores. La pandemia desatada por el COVID-19 a nivel global ha puesto en alerta a todos.

En la Arquidiócesis de Chihuahua ya se han suspendido las Misas de manera que, previendo tal situación, esta casa editora sigue con el compromiso que tenemos para con nuestros lectores. Si bien en las últimas semanas los pedidos han ido a la baja, sobre todo porque muchos de nuestros comunicadores son adultos mayores y, como han dicho las autoridades sanitarias, pertenecen al grupo más vulnerable en esta contingencia. Por eso debemos decir que, si la situación se vislumbra complicada, tendremos que suspender la edición y publicación de nuestro semanario hasta que pueda controlarse la emergencia. Confiamos y esperamos en Dios, y deseamos la responsabilidad, higiene y cuidado de todos para que este último panorama no suceda.

Porque la situación que vivimos es extraordinaria y, pensando en nuestros lectores que se van a quedar en casa, les traemos este número especial.

En la Semana Santa conmemoramos los momentos más importantes de la vida de Jesús que dan sentido a nuestra fe: su Pasión, Muerte y Resurrección. Desde el Domingo de Ramos, con la entrada triunfal a Jerusalén, cuando la Iglesia nos recuerda la Pasión del Señor este año según San Mateo; el Jueves Santo, recordando el don del sacerdocio ministerial que el Señor Jesús dio a sus apóstoles en la Última Cena y el don y memorial de la Eucaristía; el Viernes, el momento del inicio de la glorificación del Hijo del hombre, los momentos más desgarradores que como hombre Jesús sufrió y que culminaron con su muerte en cruz en el Calvario: nos lo recuerda el Antiguo Testamento con el episodio de la serpiente de bronce, que todo el que la miraba quedaba sano.

Del costado de Jesús crucificado, ya muerto, brotan sangre y agua, naciendo místicamente la Iglesia, en donde somos sanados por medio del Bautismo y los demás Sacramentos. Finalmente está el Sábado Santo, contemplando con María, en silencio, la ausencia de Dios, lo cual explica bellamente la liturgia en la desnudez completa del altar, mientras espera el momento de la Resurrección del Señor.

Hermanos, sigamos orando al Señor Todopoderoso, fuente de toda obra sanadora, que conceda el don de la salud a todos los hermanos que sufren por esta epidemia, a todos los familiares que cuidan de ellos y a los profesionales de la salud que los atienden. Ustedes también cuídense y cuiden de los suyos: cuarentena no son vacaciones.

Dios les bendiga y nos dé salud a todos para poder continuar a su servicio.

Luis Efrén

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