Especial Semana Santa

¡Todo por el Amor!

Reflexión para el Jueves Santo

Por: P. Marco Antonio Estrada Rojas.

El Triduo Pascual, en el que celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos sido salvados, nos presenta en el Jueves Santo el Evangelio de San Juan; desde este momento se nos da a conocer que todo lo que sigue en la Historia de Salvación es motivado y realizado por el AMOR.

Y es un amor hasta el extremo, es decir: amor total y sin límites. Así es como Jesús ama a los suyos. En contraste de este amor sin nombrarlo como tal, el evangelista presenta la actitud de Judas Iscariote, quien en su corazón envenenado por el Diablo, se mueve por el egoísmo.

El egoísmo lleva a la persona a alejarse y a abandonar a Cristo y su plan de salvación. En pocas palabras, el egoísmo lleva a abandonar a Dios. También lo motiva a alejarse de los hermanos y la comunidad.

El amor mueve a la persona a la cercanía con los hermanos, traducida en el servicio y la humildad. Esta es la actitud del Maestro. Jesús, sabiendo su procedencia y su pronto regreso al Padre, se quita el manto y toma una toalla. Esto lo podemos interpretar como una actitud de humildad. San Pablo en una de sus cartas nos dice: “no se aferró a sus prerrogativas divinas sino que se anonadó haciéndose uno de nosotros”. El amor lleva a la humildad.

Jesús toma el lugar del siervo, pues la acción de lavar los pies le correspondía al siervo o esclavo que estaba al servicio del amo de la casa. Jesucristo lo había dicho anteriormente en el Evangelio: “el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate de todos” (Mt 20,28), por ello el amor de Cristo es total y extremo, pues el mayor signo es dar la vida por nosotros. El Señor, muriendo en la cruz, está sirviendo a la humanidad para rescatarla.

En el relato que reflexionamos también se nos habla de la actitud de Pedro, quien al principio se resiste a que el Señor le lave los pies, actitud que podríamos interpretar como una falsa piedad o incluso soberbia; también podemos entenderlo como el sentirse indigno de recibir tal acción por parte de Cristo. Pero el Maestro le hace ver que quizás en ese momento no entiende tal acción, que lo entenderá después. Que es necesaria esa acción para tomar parte con Él.

Mientras escribo esta reflexión viene a mi mente la cuestión de recibir la comunión en la mano, lo cual ha escandalizado a muchos hermanos que se sienten indignos de tocar a Dios. Creo que fue la misma reacción que tuvo Pedro. A lo mejor en este momento no lo entendemos, lo entenderemos más tarde. Preferible recibir al Señor en la mano, que no poder tomar parte con Él, si llegara el momento de no poder celebrar comunitariamente la Santa Misa. Nadie es digno ante Dios de que el Señor le lave los pies o de recibirlo en la mano. Él es quien nos hace dignos por medio de su amor, humildad y servicio. Él es quien nos lava, es decir, Él nos purifica por su amor, por eso no es necesario lavar el resto del cuerpo, pues ya los discípulos han sabido estar con el Señor y eso también los ha ido purificando. El egoísta no supo estar con Él, y por eso no quedó limpio.

Cuando el Señor Jesús termina su simbólica acción, pregunta a los discípulos si han comprendido lo que acaba de hacer. Les dice que Él es Maestro y Señor pero que ha tomado el lugar del siervo para darnos ejemplo.

En este tiempo la sociedad y el mundo actual parece que nos invitan a tomar una actitud egoísta como la de Judas, pues nos llevan a pensar solamente en nosotros alejándonos de Dios y de los hermanos. Una muestra sencilla y actual de esto son las compras de pánico que se han realizado recientemente. La gente no piensa en los demás. También se puede tomar como ejemplo las acciones de muchos de nosotros que nos sentimos por encima de los demás en todos los aspectos: despreciamos a los demás por pensar que tenemos la razón en cuestiones de política, religión u otras. O también escudándose en los derechos humanos pidiendo la defensa de la mujer, los niños, la comunidad LGTBI, incluso la naturaleza, pero pidiendo la legalización del aborto, las drogas y otras cosas que atentan contra la vida. ¿No es una actitud egoísta?, ¿queremos que nos sirvan?, o ¿hemos a prendido a servir por amor?

Por otro lado, también podríamos tomar la actitud de Pedro, el resistirnos a la acción de Cristo en nuestras vidas por aferrarnos a una falsa piedad. Hay hermanos que se han resistido a las disposiciones temporales de la Iglesia ante la situación que hemos enfrentado recientemente. Hay quien se siente indigno, sí, pero por obediencia sigamos lo que se nos ha indicado.

O también por una falsa piedad basada más en revelaciones privadas o prácticas de piedad no maduras le restan importancia a la Revelación Divina y a la Tradición de la Iglesia. Sepamos tener humildad y dejar que Cristo nos limpie y purifique.

Todo esto no lo podemos entender si no estamos en sintonía con Jesucristo. Por eso el evangelista desde el principio del texto nos explica que llegando ese momento tan importante, Jesús amó a los suyos hasta el extremo. El amor es el cimiento de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Y sólo por medio del amor podemos entender todas las acciones que Él realizó y sigue realizando en nosotros.

Cuál es tu actitud con Dios y con los demás en tu vida: ¿El egoísmo?, ¿la soberbia y cerrazón?, ¿o el amor humilde y servicial?

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