Santo de la Semana

Santa Engracia de Zaragoza

Hija florida de un noble hispanorromano, Engracia nació hacia el año 285 la antigua Brácara en Gallaecia (hoy Braga, Portugal).

Nada se sabe de su infancia sino hasta su juventud, cuando a sus 18 años de edad se dirigió en cortejo nupcial hacia el Rosellón (Francia), al encuentro de su prometido que en aquellas tierras vivía.

Engracia no iba sola; la acompañaban su tío Luperco y diecisiete apuestos caballeros de su séquito: Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Maturino, Casiano, Fausto y Jenaro.

Engracia tenía la certeza que se cumpliría una revelación que se le había hecho, según la cual en ese viaje sufriría el martirio en defensa de su fe; de modo que, al enterarse que en la ciudad de Caesaraugusta (la actual Zaragoza, en España) eran sacrificados cientos de cristianos debido a la persecución ordenada por el emperador romano Diocleciano, comprendió el misterio y se detuvo ahí.

No pudiendo soportar el agravio que sufrían, se presentó delante del prefecto Daciano y le reprochó su impiedad. Éste se sorprendió por la actitud enérgica de aquella dama y ordenó que la aprehendieran y la atormentaran; pero al ver que su fe se mantenía firme ordenó más torturas con mayor saña y repugnante crueldad, entre éstas: desnuda la azotaron en una columna, la arrastraron por los cabellos tirada de las colas de dos caballos, con garfios le destrozaron todas sus carnes… Finalmente, viendo que aún conservaba su vida alabando y cantando al Señor, el tirano ordenó le hundieran en la frente un clavo al rojo vivo como tiro de gracia.

Luperco no se pudo contener ante aquella barbarie y en nombre de los demás compañeros le increpó. Daciano los mandó retirar de su presencia y ordenó que los degollaran fueran de la ciudad. Cuando Engracia los vio salir hacia el martirio, desde la púrpura de su sangre en que estaba envuelta, les dijo: “Hermanos amadísimos, volad gozosos al martirio, camino de la vida eterna. Vais no a la muerte, sino a la vida; no al tormento, sino al triunfo. La misma palma del martirio nos unirá a todos en la gloria”. Tradicionalmente la fecha de su muerte se sitúa el 16 de abril del año 303.

El poeta Aurelio Prudencio (348-410) narró el triunfo de estos mártires en el Himno IV de un largo poema titulado “Peristephanon”, siendo más vívida la descripción que hizo del sacrificio de Engracia, mujer de gran valor a la cual concedió el título de “virgo violenta” (“doncella enérgica”), como lo demuestra su valiente testimonio de fe.

Los restos de Engracia y sus 18 compañeros mártires reposan en la Cripta de la Basílica a ella dedicada en Zaragoza, España, mismo lugar donde se encuentra la columna en la que fue azotada. La parroquia de Santa Engracia en San Pedro Garza García, en Nuevo León, conserva reliquias suyas.

Su conmemoración litúrgica se inscribe el 16 de abril.

Santa Engracia de Zaragoza

(285-303)

Virgen y mártir de origen portugués, que llegada a Zaragoza en su camino hacia el Rosellón (Francia), donde se encontraría con su prometido, se detuvo en esta ciudad española para interceder por los cristianos ante los tribunales romanos, haciéndose ella misma reo de tortura.

En la persecución decretada por Diocleciano sufrió crueles suplicios dictados por el prefecto Daciano, entre estos que le arrastraran por las calles atada a un carro de caballos y que le hincaran un clavo al rojo vivo en la cabeza. Sus restos y los de 18 compañeros mártires, entre ellos su tío Luperco, se conservan en la Basílica de Santa Engracia en Zaragoza.

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