Comentario al Evangelio

¡Lo hizo por ti!

Comentario al Evangelio de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Mt 26,14-27,66).

Por: P. Marco Antonio Estrada Rojas

El autor del Evangelio que comúnmente conocemos según San Mateo está orientado inicialmente para Judeo-Cristianos, quienes conocían la Escritura, la tradición judía y la historia del pueblo de Israel. Por esto, veía cómo en Jesucristo se cumplen las promesas y profecías que Dios hizo a Israel y a la humanidad.

Jesús es el Rey que viene apacible y montado en un burrito para entrar en la ciudad santa de Jerusalén. Comparando a Cristo con los reyes y emperadores de la antigüedad, quienes para mostrar autoridad montaban en briosos caballos o carros de guerra, Jesucristo monta en un pobre burrito, como signo de humildad y servicio. La población lo recibe como el Rey verdadero, el prometido que viene de parte de Dios.

La Pasión del Señor comienza con la Última Cena y la oración de Getsemaní, pues la traición de Judas, la negación de Pedro ya desde ese momento causan un dolor en el alma del Señor, en el huerto la soledad y la poca compañía e incomprensión de sus discípulos, así como lo que viene por delante causan una tristeza mortal en nuestro Señor, pero la confianza en Dios Padre y el cumplir lo que Él quiere, le dan valor y fuerza para continuar. Él enseña a los apóstoles, que la oración es lo que ayuda a fortalecer la debilidad.

La captura y arresto de Cristo es motivada por la traición de Judas, él lo entrega, olvidándose de la amistad que le tenía al Señor. Y tras el arresto, viene el abandono de los discípulos. Después el juicio ante el sanedrín, quienes dan importancia a testigos falsos y desvirtúan las enseñanzas de Cristo, por lo cual terminan preguntándole en nombre de Dios si Él es el Mesías, y responde haciendo referencia a lo profetizado por el profeta Daniel, quien presenta al Hijo del Hombre procedente de entre las nubes. Dentro del relato del juicio, se presenta la negación de Pedro y el supuesto arrepentimiento de Judas.

La Pasión continúa con el rechazo, la condena, lo insultos y golpes de parte de el sanedrín y el pueblo, quienes lo llevan ante el procurador Poncio Pilato, autoridad máxima civil, quien tenía el poder para condenar a muerte. Se presentan las acusaciones a las que el Señor no responde ni se defiende, pues Él ya ha resuelto seguir con la voluntad del que lo ha enviado.

Pedir la cruz como condena a muerte aumenta la Pasión, sigue acrecentándose el dolor que todo esto provoca. El pedir la liberación de un criminal culpable, así como la condena de un inocente, nos habla de la maldad y egoísmo que habita en el corazón de los hombres.

Pilato lo manda azotar y crucificar. Los soldados lo humillan desnudándolo, burlándose de Él al ponerle el manto y la corona de espinas, que aunque no lo entiendan, lo reconocen como Rey. Por fin, Jesús llega al Gólgota, donde la humillación y burla, el desafío y el desprecio continúan. Al final Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Decidió morir en obediencia a Dios y por amor a nosotros.

Su Pasión y Muerte no son mero acontecimiento histórico, ni carecen de sentido. Pues debemos descubrir y ser concientes que son un acontecimiento de fe y salvación para toda la humanidad de todos los tiempos.

Preguntémonos: ¿Soy consciente y valoro todo el dolor y pasión que Cristo vivió por amor a mí? ¿Me hace vivir mejor mi fe? ¿Cómo le respondo a Dios en mi vida? ¿Ya me acostumbré a oír ese relato y no me dice nada?

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