Miscelánea

José y Jesús

Vir Iustus

Por: Sebastián Sandoval Díaz.

“Y siguió bajo su autoridad” (Lc 2,4)

José es el encargado de la formación de Jesús. Se encargó de darle educación, de formarlo como hombre en todo sentido, por supuesto también en valores. Hay que entender que, como José era carpintero, no extraña el hecho de que le haya enseñado este oficio.

Desde que José acepta a María como esposa y a Jesús como hijo, empieza su vocación y camino de ser padre de Jesús. Es recomendable hablar desde que Jesús es un niño hasta que José lo deja porque es llamado a la casa del Padre.

El niño Jesús

Lucas menciona que José y María llegaron a Belén, en Judá, para cumplir con el edicto de empadronamiento ordenado por el emperador César Augusto (Lc 2,1-5). Esta misma ciudad es la ciudad del rey David (v. 4) y allí se realiza la promesa (cfr Is 11,1). Recordemos también lo dicho por el patriarca Jacob en su lecho de muerte: “No se irá cetro de mano de Judá, bastón de mando de entre sus piernas, hasta que venga el que le pertenece, y al que harán homenaje los pueblos” (Gén 49,10).

En las dos genealogías de los evangelistas Lucas (3,23-38) y Mateo (1,1-17) se menciona que Jesús es directamente descendiente del rey David; ahí la importancia de que José fuera parte de la vida de Jesús, para que se cumpliera la promesa.

Lucas narra el nacimiento de Jesús de la siguiente manera: “Estando allí le llegó la hora del parto y dio luz a su hijo primogénito” (Lc 2,6), y luego José tienen un detalle que se me hace demasiado especial: “Lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada” (Lc 2,7). Un gesto que nos dice mucho de este hombre de la tribu de Judá, descendiente del rey David, pues en ese momento José se convierte en un “Abbá”, es decir, en un Padre amoroso. José ama a ese “Hijo” que Dios le encomendó.

Siendo varón justo, cumplidor de la ley de Moisés, a los ocho días de nacido lo llevó a circuncidar, signo de alianza entre el pueblo judío y Dios. También José y María, llegado el tiempo de la Purificación, fueron a la ciudad santa de Jerusalén para presentar al niño, “como está escrito en la Ley del Señor” (cfr Lc 2,23); allí lo vieron Ana y Simeón (Lc 2,22-38).

Al poco tiempo se dio la llegada de los magos venidos de Oriente a Jerusalén, para preguntar a Herodes dónde había nacido el rey de los judíos (cfr Mt 2,1-12). Herodes buscaría al niño en Belén para matarle; pero José, siendo un Abbá, advertido por Dios en un sueño, toma a Jesús y a su madre y se los lleva a Egipto (Mt 2,13-15). Protege a ambos en  obediencia a Dios y amor por su familia. 

José hizo todo lo que Dios le pidió y realizó todo lo que la Ley prescribía, y Jesús vivió “bajo su autoridad” (Lc 2,51).

El ejemplo de José

Dentro de los Evangelios no hay nada datado sobre la juventud de Jesús. Las historias que hemos visto en películas son apócrifas, y tampoco hay que caer en el error de asemejar la juventud de Jesús a la época actual. Hay que entender que Jesús es hombre y Dios, igual a nosotros menos en el pecado; pero hay que entender y dar por cierto el ejemplo que José le dio, enseñándole y educándole como varón justo.

Sí, quizá sorprende que José sea quien enseñe a Jesús siendo Hijo de Dios, pero esto lo quiso Dios así; Él eligió a José y a María para que moldearan a Jesús en el seno de una familia.

Por la obediencia que José le tuvo a Dios, Jesús también aprendió a obedecer. En el pasaje de las bodas de Caná, cuando María le señaló a su Hijo que faltaba el vino, se alcanza a ver claramente esta virtud que le fue enseñada por José, y obedeció a María a pesar de que aún no era su tiempo o momento de darse a conocer; por eso que se puede entender un poco la obediencia de Jesús ante su sacrificio en la cruz.

Otro aspecto que pudiéramos calificar de obvio es pensar que por naturaleza el Hijo amó a su madre, ya que ella lo llevó en su vientre; pero no podemos negar que José también le enseñó a amar a María con gran fervor y cariño, porque así José se lo manifestaba a su esposa.

José también le enseñó a Jesús su oficio y, como él, también fue carpintero, y un hombre justo. En todos los detalles de su vida se manifestarían las virtudes que Jesús aprendió de su padre putativo, ese “Abbá” que fue José, padre amoroso aquí en la tierra. José quiso darle todo, y eso poco que poseía se lo dio todo al que es Todo.

[Continuará…]
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