Carta del Director, Editorial

El Resucitado nos da su paz

Carta del Director

Comentaba con mi esposa una noche, antes de dormir, sobre la situación que vivimos hoy día: pandemia, coronavirus, temblores, alza de precios, bajó la gasolina, muerte, caos, etc., todo con tintes apocalípticos o del final de los tiempos. Reflexionábamos eso justo la noche anterior a que el Papa Francisco diera al mundo la bendición extraordinaria Urbi et Orbi.

Aquella noche dormimos, sí, con angustia: platicaba que el Papa nos había recordado, durante la celebración del Sínodo de Obispos de octubre 2019, incluso mucho antes, el “grito” de nuestra Casa Común.

Lamentablemente la mayoría de los medios de comunicación, así como muchos obispos, sacerdotes y laicos, prefirieron centrarse en temas polémicos como el de la Ordenación de varones casados o de diaconisas y se olvidaron de lo primordial: el anuncio de la Buena Nueva de Cristo en la Amazonia, y el rescate de aquella región -sobre todo de sus pueblos- tan importante para el mundo. Casi nadie habló de esto último.

A principios de febrero pasado el Papa publicó la exhortación apostólica fruto del Sínodo: Querida Amazonia, en la cual nos dice: “Dirijo esta Exhortación A TODO EL MUNDO. Por un lado lo hago para ayudar a despertar el afecto y la PREOCUPACIÓN POR ESTA TIERRA que es también ‘nuestra’ e invitarles a admirarla y a reconocerla como un misterio sagrado; por otro lado, porque la atención de la Iglesia a las problemáticas de este lugar nos obliga a retomar brevemente algunas cuestiones que no deberíamos olvidar y que PUEDEN INSPIRAR A OTRAS REGIONES DE LA TIERRA frente a sus propios desafíos” (n. 5). Las mayúsculas son mías.

A la mañana siguiente del diálogo nocturno con la dueña de mis quincenas -en realidad son ahora tres dueños, ella y mis dos hijos-, el Papa nos dio una respuesta concreta: “Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar […]. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados” (Cf. reflexión previa a la bendición extraordinaria Urbi et Orbi).

Ante el panorama desolador que el mundo ofrece, el Señor Resucitado nos ofrece su paz, su calma, su bienestar. Nos ofrece seguridad y tranquilidad, nos da quietud y fortaleza, porque por eso murió en el peor de los tormentos: “Pero Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y POR SUS HERIDAS FUIMOS SANADOS” (Is 53,4-5), tal como lo recordamos en nuestra edición de Semana Santa. Hoy, ¡feliz Pascua de Resurrección, queridos lectores!

Luis Efrén

PD Les comunico que dada la situación de emergencia, decidimos suspender la impresión del domingo 19 de abril, pero mantendremos una edición digital para que estén al pendiente y puedan descargar el archivo. Ofrecemos una sincera disculpa a todos nuestros lectores, seguros de que comprenderán. Dios mediante, contemplamos proseguir la impresión normal del domingo 26 de abril.

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