Artículos, Por qué soy católico

Cristos modernos

Por qué soy católico

Por: José L. Fierro.

La crucifixión es la más cruel muerte inventada por la maldad humana. Nuestro Señor Jesucristo, el Cordero inmaculado, la sufrió hasta el extremo. También fue terriblemente azotado con látigos dotados de garfios de hierro, que aparte de lacerar su cuerpo santísimo le arrancaban pedazos de carne de su espalda. Sufrió escupitajos, golpes, burlas, etc. Le colocaron una corona de espinas. Así, tan terriblemente atormentado, lo obligaron a cargar la cruz donde sería crucificado.

Ya desde el Antiguo Testamento se profetizó la inmensa angustia de su Pasión. El Salmo 22 (v.6) e Isaías (52,14) señalan que no parecería hombre sino un gusano. Tan lamentable y despreciable sería su aspecto que ante Él voltearían el rostro para no verlo (Is 53,2).

De la Sabana Santa de Turín se ha logrado ilustrar cómo quedó el cuerpo del Señor al ser depositado el Viernes Santo en su tumba. Actualmente sectas como los Testigos de Jehová ilustran en su literatura a Cristo muerto pero prácticamente sin heridas, para que sus adeptos jamás le agradezcan su sacrificio redentor. También es triste ver en publicaciones católicas imágenes de Cristo al pie de la cruz sin herida alguna, lo cual se repite en los crucifijos modernos que encontramos en tiendas de artículos e imágenes religiosas, y más lamentable aún que los haya en algunos de nuestros templos.

Estos Cristos crucificados, con mínimas heridas, son una realidad lenta y sutil que enfría la piedad de los fieles al meditar, si es que aún lo hacen, en la dolorosa Pasión de Ntro. Señor Jesucristo, quien “se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2,8), para darnos conciencia de la maldad del pecado.

¿Por qué Jesús aceptó sufrir tanto para salvarnos? 

Nuestros pensamientos no son como los de Dios. Cristo podía habernos redimido sin necesidad de sufrir tan cruelmente. Una sola palabra de perdón salida de su boca hubiera bastado para declararnos salvos. Mas su propósito fue redimirnos muriendo con la muerte más cruel inventada por el hombre: la crucifixión, para mostrarnos la gravedad del pecado y, aún así, seguimos pecando. Si esto no nos mueve para corregirnos, mucho menos si nos hubiera salvado con tan sólo una palabra. Por eso, insisto, sectas como los Testigos de Jehová ilustran a Cristo al pie del madero, ya ni siquiera una cruz, SIN HERIDAS, como recién salido de una estética masculina. Lo muestran así para minimizar su sacrificio, para que no inspire a nadie a agradecérselo jamás y así perpetuarse en el pecado.

Jesús, en una escena de la película “La Pasión”. Viendo estas escenas en la sala de cine, tomando un refresco, un chocolate o las clásicas palomitas de maíz, me parecía retroceder 2000 años y ser como un Nerón, que plácidamente disfrutaba de ver el martirio de los primeros cristianos.

“La Pasión”, de Mel Gibson

Cuando se exhibió la película “La Pasión”, dirigida por Mel Gibson, muchas personas expresaron cosas como ésta: “Yo no la voy a ver, está muy sangrienta y eso no lo soporto ni me agrada”. La realidad de estas palabras es que, como pecadores que somos, no nos es grato inquietar nuestra conciencia al ver a Cristo padeciendo de modo tan cruel por amor a nosotros, mucho menos darnos cuenta de la inmensa gravedad de nuestro pecado y poder así seguir pecando o viviendo en la tibieza.

El día que fui a ver esta película me propuse entrar a la sala de cine con sed y no comprar ni refresco ni palomitas ni nada de dulces, para no sentirme más incómodo en mi conciencia al halagar mi cuerpo mientras veía las terribles escenas que me daban una idea vaga del inmenso dolor que nuestro Señor Jesucristo sufrió por mí, indigno pecador.

Concluyo evocando recuerdos de mi niñez, cuando recorríamos las estaciones del Viacrucis y nuestras catequistas compartían hermosas reflexiones, como que Jesús sufrió la corona de espinas para que nosotros no tuviéramos malos pensamientos, recibió los salivazos en su rostro para no ser orgullosos, los latigazos por los pecados de impureza y así sucesivamente cada castigo padecido por amor.

Hay que rescatar esta piadosa meditación de la Pasión y Muerte de nuestro Señor, máxime en estos tiempos en que somos muchos los que le huimos al sufrimiento.

A Jesús crucificado

Miradme, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado ante vuestra santísima Presencia. Os ruego con el mayor fervor que imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad; verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme. Mientras que yo, con todo el amor y toda la compasión de mi alma, voy considerando vuestras Cinco Llagas, teniendo presente aquello que dijo de Vos el santo profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos”. Amén.

Share this Story
  • Artículos Por qué soy católico

    Cristos modernos

    Por qué soy católico Por: José L. Fierro. La crucifixión es la más cruel muerte inventada por la maldad humana. Nuestro ...
Load More Related Articles
Load More In Artículos

Check Also

Confiados al Corazón de Jesús, preparémonos para el regreso

  Dos mil trescientas y una ediciones van ...

Anuncio