Artículos, Caminando con el Papa

Cristo ha resucitado, ¡la esperanza sigue viva!

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel.

I. Perfiles

Serenidad

1. La Pascua ha llegado, nuevamente el Señor resucitado nos llama a no buscar entre los muertos al que está vivo. Sí, incluso en este tiempo de tribulación, de futuro incierto. Los esquemas se han roto, las seguridades se han caído, las certezas se desdibujan, pero la esperanza, ¡ah, la esperanza!, esa sigue viva, Jesús la alienta con su Resurrección. El sepulcro se ha hecho pedazos, la Vida lo hizo estallar y no hay poder alguno -ni de virus, demonios, catástrofes ni de hombre alguno- que pueda contra este hecho.

2. Esta Cuaresma y Semana Santa serán recordadas en la historia, y espero que también se recuerde la actuación, durante este tiempo de enfermedad y de temor, de nuestro Santo Padre. En efecto, el Papa ha dado un ejemplo de serenidad, de fe y de confianza. El Papa se ha mostrado como un padre, en toda la amplitud de la palabra. Su compasión para con los enfermos, su preocupación para con todos los fieles, se han manifestado una y otra vez: ha estado con nosotros a través de la Santa Misa diaria en Santa Marta, a través de las acertadas indicaciones para la diócesis de Italia que han servido de ejemplo para las diócesis del mundo, a través del decreto de la penitenciaría apostólica relativo a las indulgencias, y muchos momentos más.

3. Él no ha cesado de orar, de pedir oraciones, de llamar a la unidad en la oración. De manera especial lo hizo el 25 de marzo, en la celebración de la Anunciación, y el 27 de marzo concediendo a la Iglesia y al mundo entero la bendición Urbi et orbi que únicamente se imparte por los pontífices en la Navidad y en el Domingo de Resurrección.

El rostro afligido y agotado del Papa ha adquirido un perfil nuevo, es el dolor del Siervo, la aflicción de la Iglesia, pero también es posible descubrir en él la luz de la certeza en la Resurrección. Cantemos, pues, confiados: “¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a Él, que es mi Salvador y mi Dios” (Sal 42,12). ¡Feliz Resurrección del Señor, feliz Pascua 2020!

II. Glosas y comentarios

Jesús resucitó

1. Jesús resucitó y vive para siempre. Cantan los Ángeles y los Santos de Dios ante el Trono del Altísimo. Tiemblan los abismos y los muertos olvidados saltan desde la oscuridad hacia la luz clarísima de Dios.

Jesús resucitó, y se alegra por siempre nuestra Madre, la Iglesia, como se alegró la Virgen Madre de Cristo al recibir la visita primera del Hijo resucitado.

2. Hoy se abre el gozoso camino de la Pascua, esos cincuenta días que preanuncian en la tierra la alegría sin fin de la vida eterna, que no es otra para nosotros que este Cordero resucitado. Por ello entonamos ¡Gloria! Por ello agradecemos al Padre, invocamos al Espíritu Santo, nos abrazamos a María y canta la Iglesia peregrina, últimamente tan maltratada, pero que no por ello ha dejado de ser, ni un solo momento, Madre.

3. Ha sido Madre para proteger a sus hijos del peligro, para facilitarles los medios de la Salvación, para ofrecer por ellos cada día el santo Sacrificio de manos de los sacerdotes; ha sido Madre al recordar a los fieles la posibilidad de la Comunión espiritual, de las indulgencias, de la oración incesante de caridad por los enfermos y los moribundos, de la adoración al Señor allí, en tu cuarto, donde está el Padre que sabrá recompensarte.

4. Durante este exilio, el pueblo de Dios arropado por la Madre Iglesia, acompañado por el Papa, comprende que el Señor está siempre presente, que nunca abandona, que espera constante y paciente que llamemos a su puerta, rindamos el corazón y recibamos la llama bendita de su amor.

5. ¡Jesús resucitó y vive! De ahí que echemos mano de todos los tesoros de la Iglesia, de la Palabra del Señor, de su Compañía, su  Misericordia y su perdón. Porque Él vive, porque tenemos de nuestra parte al Padre y al Espíritu Santo, porque de su Corazón tenemos a María, la Iglesia, los Sacramentos y la puerta del Cielo abierta, y podemos vivir a plenitud la Pascua: en la liturgia y en la eternidad.

Vamos, hermanos, caminando en la Misericordia del Señor.

Pensar

Alégrense siempre en el Señor. Insisto, alégrense. Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada y, en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús” (Fil 4,4-7).

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