La Iglesia en las Periferias, Reportajes

Casa de Migrantes… su Casa, nuestra Casa

La Iglesia en las Periferias

Por: Karen Assmar Durán.

Tras años de infatigable trabajo en las vías del tren, la Pastoral de la Movilidad Humana -o Pastoral de Migrantes- vio cumplido su sueño de contar con un lugar digno y apropiado para recibir a aquellos hermanos que por imperiosa necesidad han tenido que dejar sus hogares para buscar en el vecino país del norte un mejor futuro para ellos y sus familias. Así, el 11 de diciembre de 2019, gracias a la tenaz labor del patronato presidido por la Sra. Rocío De las Casas, con apoyo incondicional del Sr. Arzobispo Constancio Miranda Weckmann, se inauguró formalmente y se bendijo la Casa de Migrantes “San Agustín”.

Bajo la dirección del Pbro. Marco Antonio Estrada -asesor eclesial de la Pastoral- y como coordinadora la antropóloga Linda Flores, la Casa ha recibido desde ese día a la fecha a cientos de migrantes a quienes se apoya y acompaña brindándoles lo que el mismo don Constancio ha pedido insistentemente: baño reparador, comida calientita, un espacio donde descansar, donde curar sus heridas y encontrar un remanso espiritual.

¡Sean todos bienvenidos!

La Casa está ubicada al sur de la ciudad de Chihuahua; para los migrantes que bajan del tren en la Av. Pacheco está a 10-15 minutos de caminata o se puede tomar el camión urbano “2 de Octubre” que los deja en la mera puerta, y pueden llegan a cualquier hora.

El primer filtro es la puerta principal, la cual mantienen siempre cerrada tanto por seguridad de los migrantes como de los voluntarios. “Verificamos que no vengan intoxicados y que en efecto sean personas migrantes y les pedimos nos muestren una identificación”.

En el segundo filtro se hace un sencillo registro en que se les pregunta sus nombres, de dónde son, etc., y se les pide que firmen. Con este registro se comprueba cuánta gente se recibe, de modo que se cuenta con datos exactos el número de migrantes que se ha atendido.

Cuando entran, “les permitimos ir al sanitario y ya con sus manos lavadas se registran y pasan a comer. Una vez que comen se les da un kit y ropa limpia para que se aseen. Nos dicen si deciden quedarse a descansar, cuatro o cinco horas, una o dos noches, para no ir todos desvelados, porque si se quedan dormidos se pueden caer del tren y perder extremidades o morir”.

Se les presta el teléfono para que marquen a sus familias o se les facilita el uso de una computadora para los que tienen Facebook; también se les proporcionan fotocopias de sus documentos.

Los kits

A cada hermano migrante que llega, quédese o no, se le proporciona una bolsa con dos kits que empacan los voluntarios, uno de bienvenida que incluye lo necesario para su llegada: rastrillo, pasta y cepillo dental, jabón, shampoo, crema, etc., y lo que van a usar al partir: papel higiénico, frijoles, café, crema, agua embotellada, atún, galletas…

También se les da ropa limpia: “Hemos recibido más de 300 personas que se traducen en pares de calcetines, ropa interior, chamarras, pantalones, sudaderas, pares de tenis, rollos de papel, desodorantes, baños con agua caliente… ¡300 de todo, es un montón! Antes se daba mucha comida pero no se gastaba en esto otro ni en el gas, que es nuestro talón de Aquiles, y los huarachitos de baño son bien necesarios”, subraya Linda.

Cabe mencionar que a los migrantes NO se les cobra un solo peso.

De entre los donativos que reciben destaca el de alimentos que reciben de la parroquia Santa María Reina. “Intentamos darles comida rica, lo que nosotros solemos comer. Cuando se tienen que quedar por alguna situación, el primer día comen muy bien, pero el segundo día dicen que les duele el estómago porque ya tenían muchos días sin comer; es realmente triste que te duela el estómago por comer”.

Promoviendo a los más necesitados

Una parte esencial de la Casa es el acompañamiento espiritual, que brindan los laicos pero también el P. Marco y otros sacerdotes y seminaristas que apoyan periódicamente. Se tiene la santa Misa, celebraciones varias -como Miércoles de Ceniza- y también Confesiones. A través de la Pastoral Penitenciaria se adquirió un ambón, reclinatorios y un perchero elaborados por internos del CERESO, “porque la idea es promover otros grupos vulnerables”; asimismo, con una señora de muy escasos recursos se mandaron hacer delantales para las voluntarias, “que son lo más valioso aquí porque son el rostro de la Iglesia”, y “el pan, las tortillas, los vegetales que se van necesitando al día, todo se compra con vecinos de aquí para apoyarles”.

“Sin duda es Dios quien mantiene este lugar, nosotros somos testigos y hemos vivido cada cosa. No tenemos algo y tampoco dinero para comprarlo y de repente llega un señor que ni conocemos al que su esposa lo mandó con eso que necesitábamos… ¡Es Dios! Una persona que queremos mucho nos dijo: ‘Ustedes tranquilas, Dios cuida sus obras’. Esta no es obra nuestra, somos solamente servidores”.

Nuevas realidades, nuevas necesidades

A Dios gracias la Casa, cedida a la Arquidiócesis por la Orden de Agustinos Recoletos que en ese predio tenían unos salones pastorales, fue acondicionada de todo a todo para cumplir con su función de acoger, proteger, promover e integrar, tal cual lo ha pedido el Papa Francisco; sin embargo, se encuentra ahora con realidades y necesidades distintas a las que la Pastoral se enfrentó estando en las vías. Platica Linda: “La migración en Chihuahua es realmente de tránsito, no de destino, ellos llegan y se van, no se quieren quedar aquí. Quieren una chamba de dos o tres días para juntar dinero e irse en el camión, porque en el tren hace mucho frío o vienen heridos o abusados o abusadas; en esos casos, cuando las chicas han sufrido una violencia sexual brutal, que vienen muy golpeadas, se les apoya con el pasaje para que lleguen rápido a una de nuestras casas hermanas de la Iglesia Católica, donde las reciben”.

Antes no había necesidad de ciertos enseres como ahora lo son, por ejemplo, las humildes chanclitas de baño o huaraches: “Los migrantes llegan no nada más con hongos en los pies sino con heridas abiertas; entonces empezamos a ir al hospital con mucha frecuencia porque hay que llevarlos a que les quiten el tejido necrosado, ¡imagínate meter a las personas con heridas abiertas a un espacio en donde hay hongos en el piso! Hemos tenido tres migrantes con sus pies muy lastimados”.

Uno de ellos es Víctor, un joven de Guatemala que no sabe leer ni escribir. En su camino hacia Estados Unidos alguien le regaló un par de tenis que no estaba en buenas condiciones; esto provocó que al pisar una piedra filosa se lastimara y por poco pierde el pie, “pero gracias a Dios, a esta Casa y a la gente que estuvo orando por él, salvó su pie. Se quedó con nosotros 24 días, porque la Casa también es flexible para esas situaciones, pues de haberse ido habría perdido su pie”.

Cómo ayudar

Los migrantes comentan que la casa está muy bonita, muy limpia, todo bien ordenado y la comida muy rica. “Llegan aquí porque se corre la voz. Nosotros necesitamos que se difunda la labor que se hace aquí; les pedimos que nos los manden porque si se quedan en la calle la gente los va a seguir viendo mal. ¿Quieren ayudarlos realmente? La mejor manera de ayudarles no es dándoles dinero sino diciéndoles dónde está la Casa; y si pueden traernos algo, mejor, o nosotros vamos por sus donaciones. Tenemos mucha transparencia con nuestros donativos, en nuestra página en Facebook constantemente estamos publicando lo que se nos ha donado”. 

Para el buen funcionamiento de la Casa se cuenta con dos empleados: Betty, encargada de la limpieza; y Jaime, encargado de la noche (6pm-6am); el resto de los colaboradores -aprox. 30 personas- son voluntarios de todas las edades, laicos comprometidos con su Iglesia. “Los días que hay más voluntarios son maravillosos, porque es cuando se limpian los vidrios, se mueven los casilleros, se riegan los arboles, se baña a Tina”… Tina es una hermosa perrita que cuida la casa y es la consentida de todos. “Cualquier grupo está invitado a colaborar, no tienen que venir a cocinar o platicar con los migrantes, sino simplemente a hacer algo para que la Casa esté en buenas condiciones. La Casa está muy limpia y bonita, pero necesitamos mantenerla así, necesitamos que se apropien de su Casa, que es de todos”.

Finalmente

“Con esta Casa nuestra Iglesia realmente está mostrando un proyecto incluyente, de amor, donde cabe toda la gente, aquí no se discrimina a nadie, aquí los mismos migrantes nos dicen: ‘Nos han tratado muy bien’… ¡pues ésta es la Iglesia Católica!”. 

Linda pide a todos su oración “por las personas migrantes y por las que estamos aquí, porque no es fácil oír tantas historias y sentir mucha impotencia, pero nuestra función es acompañar. ¡Oren por la Casa, para que no falte nada! Y súmense a participar”.

Testimonios

Ese día de visita en la Casa de Migrantes “San Agustín” se encontraban cuatro hermanos migrantes que amablemente compartieron para Notidiócesis su experiencia:

Moisés: “Hace un mes que salí de Honduras y gracias a Dios me ha ido bien. Dejé a mi familia, a mi esposa y mis dos hijos de tres y un año, quiero ver si llego a EU, primero Dios. Las casas de migrantes a las que he llegado me han atendido bien. Voy a Tennessee para buscar un futuro mejor, darle algo a mis hijos”.

Henry: “Soy de Honduras, soltero y sin compromiso, pero dejé allá a mis papás y hermanos. Tengo un hermano en Los Ángeles y mi meta es llegar allá, primero Dios, y lograr una visa para poder volver a mi tierra. Gracias a Dios que en el camino me he topado buena gente, no me ha pasado nada malo. Le doy gracias a Dios y a la casa de migrantes, me han atendido muy bien, me han dado buena comida y buena ropa. Que Dios los proteja”.

José: “Salí de Abasolo, Guanajuato. Trabajaba en EU cortando lechuga porque soy residente legal, pero tuve que volver a Guanajuato por una credencial de votar ya que me robaron mis documentos. Ya voy de regreso. Llegamos anoche a Chihuahua, un poco tullidos del frío en el vagón y aquí en la casa de migrantes nos dieron el privilegio de que podamos recuperarnos del enfriamiento y calentar nuestros huesos”.

Alejandro: “Soy de San Pedro Sula, Honduras; allá dejé dos hijas. Es la tercera vez que salgo del país. Hace varios años me fui por Laredo, la otra por Sonora y ahora por aquí. Voy a probar en Juárez, quedarme un tiempo en México. Gracias a Dios que los pone a ustedes en mi camino, porque contratiempos siempre los hay, pero hay que andar con cuidado y encomendarse a Dios”.

Casa del Migrante “San Agustín”

Calle Ladrilleros #5101, Col. Ladrilleros. Tel. 614-688-4712. El camión 2 de Octubre los deja en la puerta y pueden llegar a cualquier hora.

Facebook: @pastoraldemigranteschihuahua

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