Santo de la Semana

Santa Teresa Margarita

Anna Maria -su nombre de pila- nació en Arezzo (Italia) el 15 de julio de 1747; fue la segunda de trece hijos del conde Ignacio Redi y Camilla Billeti.

El piadoso ambiente familiar favoreció su alma contemplativa. Desde pequeñita con frecuencia se quedaba ensimismada y preguntaba: “Decidme, ¿quién es ese Dios?”. Aquella cita de San Juan (1Jn 4,16) “Dios es amor” (‘Deus Charitas est’), marcaría toda su existencia.

De los 9 a los 16 años de edad fue educada por las monjas benedictinas de Santa Apolonia, en Florencia, dando admirable ejemplo de obediencia, modestia, espíritu de oración, diligencia y otras tantas virtudes.

Volvió a casa sólo por unos meses ya que, atendiendo a una locución interior, en que escuchó: “Soy Teresa de Jesús y te quiero entre mis hijas”, pidió su ingreso al monasterio de las Carmelitas Descalzas de Florencia en 1764.

Al vestir el hábito en 1765 tomó el nombre de Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús, pues al Corazón de Cristo se confió, tomó como modelo y se entregó completamente.

Su primer oficio fue cuidar de las monjas ancianas o enfermas, que eran la mayoría en aquel pobre Carmelo. Su caridad era inmensa y muchas noches las pasó en vela cuidando a sus hermanas, sin dejar de cumplir en el día con sus devociones, penitencias y obligaciones como portera, cocinera, sacristana… robándole tiempo al sueño.

Siempre dispuesta, siempre sonriente, siempre obediente, probablemente acortó sus días la forma tan estricta en que practicó la oración, la penitencia y la pobreza, yendo más allá de lo que exigía la Regla.

Fue a partir de una experiencia mística en 1768 que empezó a padecer constantemente por las almas que no sabían del amor divino ni le correspondían, incluso ella misma llegó a expresar su sufrimiento por no amar a Dios como Él ha de ser amado: “No sé qué hacer, ni interior ni exteriormente para impulsar aún más mi amor y no se puede usted imaginar lo terrible que es vivir sin amor cuando en realidad, se está ardiendo en deseos de Él”.

Una buena dirección espiritual fue calmando el alma de Teresa Margarita quien, aún sabiéndose nada, siguió lanzándose al infinito amor del Corazón de Jesús para unirse pronto definitivamente con Él. El 7 de marzo de 1770, a los 22 años de edad, una peritonitis truncó su vida.

Como el cuerpo se descompusiera prematuramente, las monjas decidieron velarla sólo los tres días acostumbrados; sin embargo, pasado el tiempo la descomposición se revirtió y el cuerpo fue retomando color, suavidad y desapareció el mal olor. Por quince días permaneció expuesto y luego fue sepultado en el cementerio de la comunidad, de donde fue exhumado en 1783 hallándosele sin corrupción aparente. Hoy es venerado dentro de una urna de cristal en el monasterio de Florencia.

Beatificada (1929) y canonizada (1934) por el Papa Pío XI, le conmemoramos el 7 de marzo.

Santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús

(1747-1770)

Virgen de la Orden de las Carmelitas Descalzas, quien durante su corta vida avanzó ejemplarmente por el arduo camino de la perfección: “Amar, sufrir y callar” por Jesucristo. Apóstol del Sagrado Corazón y de la Santísima Virgen del Carmen, fue magnífico testimonio de vida espiritual y supo cubrir con las cenizas de la santa humildad sus dotes naturales: nobleza, cultura e inteligencia, y conservar en el más profundo silencio las gracias que recibía de Dios, disimulando continuamente todo acto de virtud con una dura ascesis e intensa caridad fraterna para lograr vivir “escondida con Cristo en Dios”.

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