Comentario al Evangelio

¡Retírate, Satanás!

Comentario al Evangelio del 1er. Domingo de Cuaresma (Mt 4,1-11)

Por: P. Marco Antonio Estrada Rojas.

El Miércoles de Ceniza comenzamos la Cuaresma, tiempo de preparación para celebrar el Misterio Pascual de Cristo: su Pasión, Muerte y Resurrección. El evangelista San Mateo, en su momento dirige su mensaje a judeo-cristianos quienes conocen la Escritura, la Ley y la historia del pueblo de Dios. Por tanto, Mateo presenta a Jesús como el nuevo Moisés o como el nuevo pueblo de Israel. Este primer domingo de Cuaresma, el Evangelio presenta a Jesús conducido por el Espíritu Santo retirándose al desierto.

En sentido bíblico, el desierto que encontramos en Éxodo es lugar de encuentro con Dios, así como Moisés encuentra al Señor en la zarza ardiente, Jesús se encuentra con la voluntad del Padre. También es lugar de prueba para el pueblo, donde, ante las dificultades, quiere poner a Dios a prueba, exigiendo comida y bebida, pero es el Señor quien pone a prueba la fidelidad y fe de Israel. Es también lugar de purificación, donde esos errores y caídas que tuvo el pueblo elegido fueron purificados por el fuego, como el oro en el crisol.

También hace referencia al número cuarenta, los días en que Jesús permanece en oración y ayuno. Recuerdan los 40 días del diluvio, los 400 años de esclavitud en Egipto, los 40 años de viaje por el desierto que peregrinó Israel.

Se presenta la naturaleza humana de Jesucristo, al sentir hambre y debilidad, pero no flaquea ante la tentación, sino que sale victorioso apoyándose en Dios su padre Celestial.

El tentador quiere hacerle caer y renunciar a Dios, valiéndose de sus necesidades humanas. El pueblo de Israel cuando sintió hambre en el desierto renegó de Dios. Jesús ante esta tentación se mantiene firme y fiel, proclamando que hay que alimentarse de la palabra que sale de la boca de Dios.

En la segunda tentación, el enemigo incita a Cristo a que rete a Dios, en una actitud de falsa piedad, como pidiendo que Dios cumpla los caprichos humanos. El pueblo elegido retó a Dios en Masá y Meribá, lugar donde le exigieron que les brindara agua, pues la sed los atormentaba. Retaron o tentaron al Señor. Jesucristo nos enseña a no tentar a Dios, basándose en la Escritura. Hay que confiar en la Providencia Divina, pues Nuestro Padre, no nos abandona ni se olvida de nosotros, Él brinda lo que nuestra vida necesita.

Por último, en la tercera tentación el contrario pide a Nuestro Señor Jesús que se postre y lo adore. Recordemos que los israelitas se hicieron un becerro de oro, con el cual quisieron ocupar el lugar de Dios. Se hicieron un dios a su antojo. Jesús rechaza la tentación, citando de nuevo la Escritura.

Las tentaciones de Jesús son las mismas que vivió Israel, las mismas que enfrentamos todos: ante las necesidades físicas, olvidarse de Dios y actuar egoístamente; querer que Dios cumpla nuestra voluntad y caprichos, mientras somos nosotros los que debemos cumplir la voluntad de Dios; hacernos otros dioses a nuestro antojo, y adorar y entregar la vida a ellos.

¿Cuáles son las tentaciones que se presentan en tu vida? ¿Te dejas vencer por ellas? ¿En esos momentos recurres a Cristo? ¿Es el Espíritu Santo quien te guía? Donde Israel y la humanidad fueron vencidas, ahí Cristo salió victorioso. Unámonos a Él por medio de la fe y la obediencia para vivir victoriosos esta Cuaresma y Pascua.

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