Reportajes, Testimonios de la misericordia de Dios

Mons. Arturo Valenzuela, 65 años a ejemplo de Cristo

Desde Nuevo Casas Grandes

Presentamos a continuación una breve semblanza biográfica que en exclusiva para Notidiócesis la Sra. Beatriz G. de Payán -escritora asentada en Nuevo Casas Grandes, ciudad episcopal de la hermana Diócesis homónima- obtuvo de Mons. Arturo Valenzuela Acosta, quien con el P. Alfonso Vicente Payán Meléndez son a la fecha los dos únicos sobrevivientes de aquella histórica Ordenación de 12 sacerdotes del 15 de agosto de 1954.

Agradecemos infinitamente la valiosa labor periodística efectuada por la Sra. Payán, así como por la disposición de Mons. Valenzuela para compartir con nuestros lectores sobre su vida y sus más de 65 años de ministerio estando siempre en la brecha.

Introducción

Conozco a Monseñor Arturo Valenzuela Acosta desde hace 55 años, días antes de que celebrara mi matrimonio con Gregorio Payán Carrillo, el 23 de septiembre de 1965, apenas el segundo que en Casas Grandes, Chih., celebraba Monseñor. A lo largo de estos años hemos mantenido una sincera y fraterna amistad debido a su buen carácter, sentido del humor y al gran respeto y admiración que como familia le tenemos, considerándolo parte de la misma.

En su misión pastoral dentro de nuestra Diócesis ha sembrado incansablemente la Palabra de Dios. De manera particular, en el transcurso de los 18 años que estuvo como párroco en San Antonio de Padua en Casas Grandes, y al tener que visitar todas las comunidades serranas diseminadas en lo extenso del municipio, sorteó dificultades, peligros, sacrificios e incomodidades tales como ajustarse a las corridas del tren, posteriormente a descomposturas de vehículo, atascos y largas caminatas, por mencionar algunas.

Es notorio cómo en las parroquias que ha tenido a su cargo ha sido muy activo en la consolidación y formación de grupos tales como el del Señor de la Divina Misericordia, de rosario, Adoración Nocturna, juveniles, misioneros, entre otros. La disciplina, conocimiento y espiritualidad con que realiza su tarea pastoral, así como la solemnidad con la que celebra la Eucaristía y los Sacramentos son admirables.

También ha fortalecido la infraestructura de las parroquias bajo su cuidado, con la construcción ya sea de salones de usos múltiples, canchas deportivas, oficinas, capillas, reconstrucciones, cercado, actividades de reforestación y mejoras en general.

En todas estas comunidades ha sido un pastor incansable que se ganó a pulso el respeto, admiración y cariño de los feligreses, en quienes siempre ha encontrado apoyo ya que, como siempre he dicho: “A Monseñor nadie le puede decir que ‘no'”.

Después de estar algunos años en varias parroquias en Nuevo Casas Grandes, en 2019 regresó a residir a su querido Casas Grandes, a un semi-retiro, ya que no obstante su edad y la dispensa del Sr. Obispo don Jesús José Herrera Quiñonez de no ejercer como párroco para que pueda tener un merecido descanso, él sigue oficiando diariamente en la capilla de San José en Nuevo Casas Grandes pues, como él dice, su deseo es continuar su ministerio hasta donde Dios se lo permita, no obstante los quebrantos de salud que ha tenido.

Si bien, como él me lo refirió, la mayor satisfacción a lo largo de su ministerio ha sido “servir” y “la acogida de mucha gente”, dados los servicios que ha prestado a la Iglesia durante largos años recibió del Papa San Juan Pablo el título de “Monseñor”, cargo honorífico que la Santa Sede otorga a los sacerdotes como reconocimiento de sus méritos en el ministerio sacerdotal.

Siendo una persona tan culta, se disfruta de largas conversaciones al escucharle recitar el Padrenuestro en seis idiomas -incluyendo el latín y arameo-, compartir su afición por la astronomía o al describir con gran detalle su viaje a Tierra Santa, que por cierto nunca pensó le sería posible conocer, del cual platica que lo que más le impresionó fue estar en el Santo Sepulcro, el lugar de la Crucifixión, el cenáculo y en Nazaret, el lugar de la Anunciación.

Su gran afición es tocar música clásica en el piano y lo hace con gran habilidad. Sus compositores preferidos son Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov y Rachmaninov.

No está de más agregar que siendo tan activo disfruta ejercitarse realizando largas caminatas. Así también se ha caracterizado por su particular manera de caminar, rápida y ágil, por no tener la necesidad de utilizar lentes para leer y por distraído, ya que igual deja su celular o pierde su manojo de llaves con frecuencia.

A lo largo de 65 años de vida sacerdotal ha vivido a ejemplo de Cristo en medio nuestro, predicador incansable, conservador, hombre de oración y paz, firme en la fe y en su vocación, poseedor de abundantes virtudes como la humildad, prudencia, paciencia, perseverancia, honestidad, servicio a la Iglesia y sobre todo un inmenso amor a Dios.

Por ello puedo asegurar que, quienes le conocemos, hemos visto en él reflejada la imagen de Cristo.

¡Que Dios nuestro Señor lo siga bendiciendo!

Sucinta autobiografía

MONS. ARTURO VALENZUELA ACOSTA

Mis orígenes y familia

Mi nombre es Arturo Valenzuela Acosta, nací el 23 de septiembre de 1929 en la ciudad de Chihuahua, Chihuahua. Mis padres fueron Agustín Valenzuela Acosta y Cayetana Acosta Moreno. Fuimos diez hijos: Agustín, Ma. Guadalupe del Pilar, Ma. Socorro, Imelda, José Joel, Flor María, Ignacio, Concepción, Concepción Cecilia y yo, el menor.

Mis bisabuelos paternos eran de nacionalidad polaca, mis abuelos paternos de nombre Manuel y Guadalupe y los maternos Eugenio y Francisca. Mis padres, originarios de Jiménez, se mudaron a Chihuahua a raíz de una temporada de ópera que empezó en aquella ciudad y luego se continuó en Chihuahua, donde posteriormente mi padre se integró a la Orquesta Sinfónica de Chihuahua.

Mi ‘primera Comunión’

Me crié en una familia piadosa, vivíamos muy cerca de la Catedral. Creo me fue llamando Dios desde pequeño. A los tres años, viendo el recogimiento de mi madre luego de comulgar, le preguntaba sobre “aquello”; ella me explicaba hasta donde yo podía entenderle. Por eso a la hora de la Comunión pedía que nos acercáramos en Catedral para ver comulgar a la gente.

Un día de entre semana, estando en Misa con poca gente, pedí a dos de mis hermanas permiso para acercarme al comulgatorio. Recuerdo cuando iba caminando por el pasillo central que me hinqué en el espacio libre del centro al lado de una señora, quien ya hincada me preguntó: ¿Vas a comulgar? Con mucha seguridad le respondí que ‘sí’. Llegó el sacerdote y tuvo que inclinarse mucho para darme la Comunión. Recuerdo todos los detalles de ese momento. La misma señora fue tras de mí y le dijo a mis hermanas: ‘Fíjense que el niño acaba de comulgar’; a lo que yo dije: ‘Pero no la <matité> [mastiqué] la hostia’ (yo había oído decir). Ese día estuve muy quietecito.

Mis padres conocían al entonces Rector del Seminario y él les dijo: ‘Cuídenlo, a lo mejor Dios lo llama a ser sacerdote’. Crecí pensando en eso y esperando el día de ir al Seminario.

El Seminario

Estudié en escuelas de Religiosas y crecí en un favorecedor ambiente de religiosidad en mi familia.

Participé en un grupo de adolescentes en Catedral, asistido por el padre Joaquín Díaz Anchondo; mismo que luego predicó en mi Cantamisa.

Se me admitió en el Seminario de Chihuahua, Chih., al terminar el quinto año de primaria, e ingresé la tarde del 31 de diciembre de 1942; tenía trece años.

Recuerdo que la disciplina era muy estricta, ninguna comodidad, silencio, incomunicación con el exterior, con la familia -eso fue para mí lo más costoso- y muchos detalles más a lo largo de doce años. Teníamos clases de lunes a sábado, ocho horas diarias, mitad estudio y mitad clase.

Nuestro Sr. Obispo fue don Antonio Guízar y Valencia; el Rector, Pbro. Lic. don Manuel Talamás Camandari, mismo que fue nuestro maestro de Filosofía. En Teología Dogmática y otras materias tuvimos a don Adalberto Almeida y Merino y a todo un profesorado muy competente en Humanidades, Filosofía y Teología.

La Ordenación

De 36 que ingresamos recibimos el sacerdocio la mitad. Luego de ser admitidos al Clero por la tonsura, cuatro Órdenes menores, Subdiaconado y Diaconado con funciones muy limitadas. De aquel grupo inicial y otro posterior, recibimos juntos el Orden sacerdotal doce compañeros el día 15 de agosto de 1954, en la Catedral de Chihuahua.

En aquel entonces todo el estado de Chihuahua era el territorio diocesano, si bien la Tarahumara había sido declarada Vicariato Apostólico.

Destinos pastorales

Mi primer destino fue la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón en Cd. Juárez, Chih., como Vicario Parroquial -el 27 de septiembre de 1954-, además de quedar a cargo de la Capellanía Santa Rosa. Esta primera parroquia fue un buen entrenamiento, puedo decir que en tres años tuve un medio día libre.

Al constituirse la Diócesis de Cd. Juárez el 7 de septiembre de 1957, dirigí una institución para niños desamparados que estaba en sus inicios, fue como si de un día a otro se me hubiera dicho: ‘Ya tiene 50 hijos, vea qué va a hacer por ellos’.

Hacia el final de tres años estuve en San Buenaventura durante dos meses, mientras llegaba como párroco el padre Adalberto Durán. Celebraba Misa los domingos en Galeana, San Buenaventura, San Lorenzo y El Carmen, luego llamado Flores Magón.

Después fui destinado a Zaragoza, Distrito Bravos por cinco años, volviendo a atender las mismas siete comunidades del Valle de Juárez que desde la primera parroquia estuve visitando diariamente, incluido el domingo. El templo parroquial era una pequeña capilla que luego fue sustituida por el templo actual. Así también se terminó una capilla que estaba en obra negra y otra igualmente grande en Santa Rosa.

El siguiente destino con 18 años de permanencia fue San Antonio de Padua en Casas Grandes, con 23 comunidades, gran parte en la sierra y por ferrocarril hasta 90 kilómetros de distancia.

Posteriormente en Nuevo Casas Grandes, en la parroquia Cristo Redentor, iniciando María Madre, Buena Fe, Madero, Anchondo… Fui Vicario General de don Hilario Chávez Joya, aparte de muchos otros oficios que al formarse la prelatura el 7 de junio de 1977 se me fueron confiando.

El 7 de julio de 1992 recibí el nombramiento de “Prelado de Honor de Su Santidad”, por el entonces Papa Juan Pablo II, que conlleva el título de “Monseñor”.

El 27 de noviembre de 2005 fui destinado al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Nuevo Casas Grandes, capilla que fue declarada como templo parroquial en las orillas de la población hacia la Colonia Dublán. Después de 10 años, en plan de descanso pues ya frisaba más de 80 de edad, se me asignó la Capellanía San José y administrador de la Catedral Medalla Milagrosa, este último cargo finalizó recientemente.

El grupo de los 12 ordenados en 1954: Humberto De Alba, Saturnino Chacón, Vicente Gallo, Miguel Gutiérrez, Vicente de Jesús Machado, Jesús Antonio Medina, Alfonso Vicente Payán, Roberto Rodríguez, Agustín Samaniego, Salvador Terrazas, José Dolores Uranga y Arturo Valenzuela.

-Adaptación: KAD.

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