Artículos, Caminando con el Papa

Mansedumbre

Caminando con el Papa

Por: Cristina Alba Michel.

I. El Papa y el Evangelio

Herederos de la tierra

1. “Si me buscan, me encuentran”, es la expresión popular para decir que no nos dejaremos, que responderemos a la menor provocación.

“Es que yo soy muy sincero, muy honesto”. Esta conocida frase la usamos para permitirnos herir el corazón del prójimo. Ambas actitudes, ¿nos hacen sentir poderosos, que podemos más que el otro, aquel que “ofende” nuestro ego tierno y sensible?

2. El pasado miércoles 19 de febrero, durante su catequesis sobre las Bienaventuranzas, Papa Francisco reflexionó lo que nos dice Jesús, justamente lo contrario: “¡Felices los mansos, porque heredarán la tierra!”.

¿Quiénes son los mansos? “El manso es ‘el discípulo de Cristo que hereda el más sublime de los territorios y lo defiende; defiende su paz, su relación con Dios y sus dones”.

3. Una persona mansa “es dócil, suave, afable; no es violenta ni colérica. La mansedumbre se manifiesta sobre todo en los momentos de conflicto, ‘bajo presión’, cuando somos atacados, ofendidos o agredidos. Nuestro modelo es Jesús, que vivió cada momento, especialmente su Pasión, con docilidad y mansedumbre”.

En la Escritura, “manso significa aquel que no posee tierras”. Lo cual se complementa con esta tercera bienaventuranza, pues precisamente ellos heredarán la tierra, es decir, “el Cielo, hacia donde caminamos como discípulos de Cristo, promoviendo la paz, la fraternidad, la confianza y la esperanza”.

4. Por contraparte, la ira, la cólera, destruye. Podemos destruirlo todo en un instante si perdemos el control. Podemos perder la relación con un ser querido. La mansedumbre cristiana “conquista los corazones, salva las amistades, sana y reconstruye los lazos”. Así, vemos también que la “tierra” por conquistar, es la salvación del hermano: “No hay tierra más hermosa que el corazón de los demás, no hay territorio más hermoso para ganar, que la paz recuperada con un hermano. ¡Esa es la tierra a heredar con la mansedumbre!”.

II. Glosas y comentarios

Hacer Iglesia y los desencantados

1. Antes del Sínodo y después del Sínodo: este es el círculo de desencantados del Papa Francisco. No es la primera vez que suceden estos desencantos en la historia reciente de los pontificados, aunque tal vez no eran tan evidentes como desde la Humanae vitae de Pablo VI.

En esta ocasión, los desencantados del Papa Francisco tienen que ver con la ordenación-no ordenación de varones casados, y con la ordenación-no ordenación de diaconisas.

Antes del Sínodo, los más legalistas no cesaron de hablar mal del Papa Francisco. Después del Sínodo, los desencantados son los que luchan por una “Iglesia nueva”, no vestida de lino fino sino con un manto progresista y multicolor.

2. Quiero decir que, personalmente, las pobres reacciones de ambos bandos ya mencionados, ante la publicación de la nueva Exhortación post sinodal, también me desencantaron. Ellos reducen el texto a una cuestión que nunca fue central en el pasado Sínodo, donde el gran tema a analizar y debatir era sobre cómo hacer llegar el Evangelio, el Kerygma y la Eucaristía hasta los últimos rincones de la Amazonia.

Y el Papa no se fue por el camino fácil de permitir la ordenación de hombres casados y diaconisas.

3. Él reconoce y expresa la carencia de vocaciones y de sacerdotes misioneros, la gran necesidad espiritual de millones de personas, elige la puerta estrecha que tiene que ver con la oración, la generosidad de los obispos de las Iglesias particulares, la generosidad de sacerdotes y misioneros, la promoción de las vocaciones, la ayuda económica para conseguirlo. En resumen, “o vas o envías o ayudas a enviar”. Así, en el número 89 de Querida Amazonia, leemos:

“Hay que encontrar un modo de asegurar ese ministerio sacerdotal. Los laicos podrán anunciar la Palabra, enseñar, organizar sus comunidades, celebrar algunos sacramentos, buscar distintos cauces para la piedad popular… Pero se necesita la celebración de la Eucaristía porque ella ‘hace la Iglesia'”.

“No se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene su raíz y centro en la celebración de la sagrada Eucaristía… es urgente evitar que los pueblos amazónicos estén privados de ese alimento de vida nueva y del sacramento del perdón”.

4. Si esto ha desencantado a muchos, es que no querían hacer Iglesia. No la de Cristo: eucarística. La Iglesia que ha de llegar allá es la católica, porque comunidades protestantes hay varias, y se están llevando a los fieles.

Pensar

Esta acuciante necesidad me lleva a exhortar a todos los Obispos, en especial a los de América Latina, no sólo a promover la oración por las vocaciones sacerdotales, sino también a ser más generosos, orientando a los que muestran vocación misionera para que opten por la Amazonia.

[…] Conviene revisar a fondo la estructura y contenido de la formación inicial y la permanente de los presbíteros, para que adquieran las actitudes y capacidades que requiere el diálogo con las culturas amazónicas” (QA n. 90).

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