Comentario al Evangelio

Manarán ríos de agua viva

Comentario al Evangelio del III Domingo de Cuaresma (Jn 4,5-42)

Por: Mons. Luis Carlos Lerma Martínez.

La Cuaresma es importante en cuanto que nos ayuda a hacer una buena Pascua. En la Pascua celebramos el triunfo de Jesús sobre la muerte, el pecado y el autor de ambos, Satanás. Al mismo tiempo, cada año, en la Vigilia Pascual los cristianos renovamos las promesas bautismales. Uno de los elementos principales del Bautismo es el agua, puesto que este sacramento es válido sólo cuando se hace con agua y diciendo la fórmula trinitaria.

Este tercer domingo de Cuaresma en el Evangelio Jesús nos ofrece agua viva. Un agua que quita la sed y que se convierte en nuestro interior en un manantial que conduce a la vida eterna. Esta agua, por una parte, es la fe en Jesús: “El que crea en mí no tendrá nunca sed” (Jn 6,35); “Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá; del que cree en mí se puede decir lo que afirma la Escritura: De su seno manarán ríos de agua viva” (Jn 7,37-38). San Juan aclara aún más: “Esto lo decía Jesús refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él” (Jn 7,39).

Entonces, el agua viva que ofrece Jesús a los que tienen fe en él es el Espíritu Santo. Esto es lo que sucedió en nuestro bautismo, Jesús nos bañó con el agua viva, que es el Espíritu Santo, gracias al cual nacimos a una vida nueva, la vida de los hijos de Dios. En nuestro bautismo, nuestros padres nos prestaron su fe; y por esa fe de ellos, nosotros nacimos a la vida nueva que Jesús nos obtuvo por su pasión, muerte y resurrección, y que el Espíritu Santo, agua viva que brota en nosotros como manantial, nos da.

Para poder hacer una buena renovación de las promesas bautismales en esta próxima Pascua, necesitamos dejar fluir al Espíritu Santo libremente, como fluye del manantial el agua limpia que da vida a su paso y todo lo renueva. Sin obstáculos, como podría ser el pecado, los ídolos de los samaritanos (leer 2 Re 17,29-31), representados en los cinco maridos de la mujer samaritana. Por eso, lo primero que hacemos en la Vigilia Pascual, antes de la renovación de nuestra fe, es la renuncia al pecado para poder vivir en la libertad de los hijos de Dios, la renuncia a satanás, a sus obras y seducciones. La renuncia es contundente y la profesión de fe es solemnísima. Hacia allá nos conduzca el Espíritu Santo.

Reciban saludos y bendiciones desde la casita en Chihuahua de la Virgen de Guadalupe, la Madre del verdadero Dios por quien se vive.

Share this Story
Load More Related Articles
Load More In Comentario al Evangelio

Check Also

Se suspende Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Guadalupe

PEREGRINACIÓN AL TEPEYAC CIRCULAR 29/20 SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, ...

Anuncio