Catequesis

La penitencia

Celebrar la fe

Por: Raúl Sánchez K.

“En la Iglesia, existen el agua y las lágrimas: el agua del Bautismo y las lágrimas de la Penitencia”. (San Ambrosio)

La segunda conversión

Jesús llama a la conversión. Es parte esencial del anuncio del Reino.Ese llamado sigue resonando en la vida de los cristianos. “Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del ‘corazón contrito’ (Sal 51,19), atraído y movido por la gracia (cf Jn 6,44; 12,32) a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero (cf 1Jn 4,10).

De ello da testimonio la conversión de san Pedro tras la triple negación de su Maestro. La mirada de infinita misericordia de Jesús provoca las lágrimas del arrepentimiento (Lc 22,61) y, tras la resurrección del Señor, la triple afirmación de su amor hacia él (cf Jn 21,15-17). La segunda conversión tiene también una dimensión comunitaria. Esto aparece en la llamada del Señor a toda la Iglesia: ‘¡Arrepiéntete!’ (Ap 2,5.16)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1428-1429).

La Penitencia

Del latín paenitentia, arrepentimiento, dolor, disgusto, la penitencia alude a la aflicción por una mala acción, o al sentimiento de haber ejecutado algo que no se quisiera haber hecho. Es un inclinar el alma o afligir el alma (Is 58,3-5; cf Sal 35,13).  En su origen significó “no tener bastante de, no estar contento o satisfecho de”.

Es también virtud que consiste en el dolor de haber pecado y el propósito de no pecar más. Considerar que lo hecho debe ser corregido. Se liga a la palabra griega metanoia, cambio o conversión.

Penitencia interior

“Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores, ‘el saco y la ceniza’, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2,12-13; Is 1,16-17; Mt 6,1-6.16-18)” (Ibíd. 1430).

Reorientación

“La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron aflicción del espíritu, arrepentimiento del corazón (cf Concilio de Trento; Catecismo Romano, 2,5,4)”. (Ibíd., 1431).

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