Miscelánea

La mujer, ¡oh la la!

Por: Xavier Hurtado Licón.

El libro del Génesis (2,21-23) comenta que Dios creó a la mujer de una costilla de Adán, de ahí la interpretación de algunos de que es inferior al hombre pero, ¡nada más equivocado! Un famoso médico internista explicaba que el cuerpo de las mujeres es más evolucionado anatómicamente que el de los hombres, entonces podemos pensar que la mujer es la cúspide de la Creación divina.

En la serie de libros “Los hijos de la Tierra”, de manera muy sencilla Jean Marie Auel -experta en antropología, paleontología e historia natural- nos narra de manera novelada una época interesantísima de la Tierra: la Paleolítica, en la cual se plantea cómo se desarrolló gran parte de las bases de nuestro vivir y la gran protagonista es la mujer, ya que ha sido esencial en el desarrollo de la agricultura, de la comunicación, de la domesticación de animales, de las costumbres.

Sin darnos cuenta, la mujer ha sido por toda la Creación el centro del hogar; la que con amor lleva la alegría a padres, esposos e hijos; la que nos ha enseñado a amar y dar incondicionalmente. Ojalá nos sigan enseñando a respetar, a divertirnos sanamente, a ser familia; en una palabra, a ser humanos.

Gracias a Dios mi madre tomó la decisión de seguir adelante con su embarazo y permitir que yo naciera. Gracias a ella crecí, me desarrollé, fui educado y llegué a ser maestro de educación superior durante 38 años en los que impartí cátedra a muchas generaciones que se convirtieron en un sinnúmero de profesionistas. Gracias a eso me consagré a servir al pueblo de Dios como diácono permanente y, si algo he hecho bien, fue gracias a que no fui abortado; y vaya que pudo haber sido así, “pero ésa, es otra historia”, como decía aquella simpática viejecita en la TV.

Sí, el feminismo es necesario, pero no el que quiere imitar los vicios de los hombres, no el que agrede creyendo que está en su derecho o el que promueve el asesinato de los hijos en el vientre materno. Tampoco el feminismo que destroza o destruye creyendo que de esa manera se da a valer la mujer ni el que la degrada como muñeca u objeto.

Hemos confundido el feminismo con la violencia, con la grosería, con el libertinaje. Caemos en un remolino de autodestrucción llegando al asesinato de nuestros hijos en el vientre y llamamos a eso “libertad”. Pensamos que los viejos nos estorban y en el mejor de los casos los abandonamos en “asilos” y apoyamos la eutanasia.

Tenemos que ser feministas, recordar el respeto por la mujer, amarla como el centro de la familia, apoyarla y convivir con ella como nuestra gran compañera, siempre presente en nuestra vida. Aprender de ella su mesura, su pasión por vivir y el dar vida, ¡no quitarla!

Necesitaremos siempre de una madre, una hermana, una esposa, una hija que nos enseñe el camino.

Dios se lució, hizo su mejor creación en las mujeres. No las denigremos, golpeemos ni ofendamos, sino que demos gracias a Dios por ellas y cuidémoslas con amor y aprendamos a amar como ellas lo han hecho a lo largo de la historia.

Hombres: Dejemos de lado el machismo y caminemos juntos a vivir el mandamiento de Jesucristo: “Ámense unos a otros, como Yo los he amado” (Juan 13,34-36).

Foto:

Tenemos que ser feministas, recordar el respeto por la mujer, amarla como el centro de la familia.

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