Dos Culturas, Miscelánea

Feminismo que incendia, rompe, grita…

Dos Culturas

Por: Cristina Alba Michel.

No quería, hoy no

1. Hoy no quise escribir, no pude. No acerca de todo lo que vislumbré en la más superficial profundidad de ese feminismo que incendia, rompe, grita, levanta el puño, llama violadores a todos los varones y al mismo tiempo promueve “Educación sexual para descubrir. Anticonceptivos para disfrutar. Aborto legal para decidir”.

Aborto. Asesinato de los hijos. Asesinato del futuro y muerte de la patria, aunque en la superficie parezca, para muchas mujeres, una liberación.

2. En estos días, como en años anteriores, se han estado organizando marchas de mujeres bajo el supuesto de exigir un alto a la violencia en contra de la mujer. “Alto a los feminicidios”, dicen, pero en el fondo, en el fondo está Coatlicue [tierra y luna a la vez], la diosa azteca que permite el asesinato de su hija y de sus hijos para que el dios de la guerra Huitzilopochtli, hijo suyo también, viva y le perdone a ella la vida.

Ella es madre, aunque es asesina y además esclava. Vive para siempre, pero lo hace atada al ciclo sin fin de fatalidad, venganza, tragedia y sangre, el cual es dinamizado una y otra vez, un día y otro, una primavera y otra, una guerra y otra más, por Huitzilopochtli, hijo suyo y varón guerrero, vengador, asesino y dominador que, al mismo tiempo que la hace vivir, la somete.

3. Tal cosmovisión de los aztecas los mantenía esclavos de la guerra y de los sacrificios humanos: Huitzilopochtli exigía hijos, exigía sangre, exigía muerte.

Por eso es que no quería hoy escribir sobre lo que se encuentra en el fondo de esos movimientos; sin embargo, lo que hay en la superficie ya desborda los abismos y da la impresión de que México nada en chinampas de sangre. Los crímenes en nuestro país reproducen aquellos tan crueles que se ofrecían a los dioses aztecas. ¡Cientos de miles de hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos, han sido privados de la vida en hechos violentos! ¡Miles de bebés han sido asesinados en el vientre materno!

4. Coatlicue Siempre Viva, se llama una de las agrupaciones detrás de estas marchas, con las cuales manifiestan “que América Latina será toda feminista”, y que “de la Patagonia al Río Bravo será Ley”, obviamente se refieren al aborto.

¿Les parece poca la sangre derramada, les parece poca? No ven que así como los de tantas mujeres asesinadas, lucen los restos de los pequeñitos abortados. ¿No entienden que mientras no pare el aborto provocado no cesará la violencia contra las mujeres ni contra nadie? ¿No lo ven? Y no es posible convencerlas porque su cosmovisión tiene muchos siglos de atraso, viene del sangriento panteón azteca que tratan de revivir.

Sólo una Mujer, que no es diosa pero sí la Madre de Dios, y su Hijo nos pueden ayudar mientras combatimos con las armas de la acción civil, la oración y la adoración.

Cápsulas

No es que no veamos la terrible situación de acoso, violencia y agresiones en contra de la mujer. Tampoco es verdad que “no queramos unirnos al paro”, por cierto apoyado por la Conferencia del Episcopado Mexicano, escuelas, universidades, agrupaciones y asociaciones católicas.

Mucha falta nos hace una iniciativa parecida que movilice prácticamente a todo México, pero creemos que no precisamente ésta. Ésta no, porque no se vale usar de trampolín sucesos tan tristes, trágicos y terribles, que cada día desgarran personas y familias, para intentar implantar en nuestro país la práctica del aborto libre para niñas y mujeres.

La oración de Judith

Su pueblo estaba en peligro. Cercados por doquier, cortados los suministros de agua, racionados los alimentos, la muerte o la sumisión eran sus dos salidas. Pero una mujer valiente pidió a su propio pueblo, unos días antes de rendirse todos frente al enemigo, que de cualquier manera -ellos no lo sabían- tenía planeado asesinarlos.

“Entonces Judit se postró en tierra, esparció ceniza sobre su cabeza, puso al descubierto el sayal con que estaba ceñida e imploró al Señor en alta voz. Era la hora en que se ofrecía en Jerusalén, en el Templo de Dios, el incienso de la tarde. Judit dijo:

‘¡Señor, Dios de mi padre Simeón! Tú pusiste en sus manos una espada vengadora contra aquellos extranjeros que arrancaron el velo de una virgen para violarla, desnudaron su cuerpo para avergonzarla y profanaron su seno para deshonrarla. Aunque tú habías dicho: ‘Eso no se hará’, ellos, sin embargo, lo hicieron (Jd 9,1-2).

Quebranta su fuerza con tu poder, aplasta su poderío con tu ira, porque se han propuesto profanar tu Santuario, manchar la Morada donde habita la Gloria de tu Nombre (Jd 9,8).

¡Abate su soberbia por la mano de una mujer! Porque tu fuerza no está en el número ni tu dominio en los fuertes, sino que tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los desvalidos, el apoyo de los débiles, el refugio de los abandonados y el salvador de los desesperados.

¡Sí, Dios de mi padre y Dios de la herencia de Israel, Soberano del cielo y de la tierra, Creador de las aguas y Rey de toda la creación: escucha mi plegaria!” (Jd 9,10-12).

De regreso del campamento enemigo, tras haber derrotado al cruel Holofernes, Judit dijo, en voz alta, al pueblo reunido: “¡Alaben, alaben a Dios! Alaben a Dios, que no ha retirado su fidelidad del pueblo de Israel, sino que, por mi intermedio, ha destrozado esta noche a sus enemigos” (Jd 13,14).

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