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En defensa de la apologética

Por qué soy católico

Por: Paco Pérez.

Apologética significa defensa de la fe. Pero debo decir que, según lo que yo veo, más que la fe la que necesita una defensa urgente es la misma apologética. Si a la fe mucha gente le hace el feo, a la apologética peor.

En cuanto defensa de la fe católica, la apologética presupone tres cosas: a) que dicha fe es algo objetivamente valioso, b) que está amenazada o es combatida de alguna forma y c) que su defensa no sólo es posible sino necesaria. Sin esos tres supuestos la apologética sería una extraña forma de ocuparse, semejante a salir a combatir gigantes; algo de plano salido y hasta ridículo.

Cuando se ponen en tela de juicio esos supuestos que la hacen necesaria, es explicable que muchos consideren la defensa de la fe como algo superado, pasado de moda, caduco, rancio. Trataré de comentar esos puntos de vista.

¿La fe es algo valioso?

La fe en Jesús es la puerta de entrada al Reino de los cielos.

La fe “se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo. Se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra” (Mateo 13,44-46).

Sin embargo, hay quienes consideran que la fe no es como aquella perla preciosa, sino como una baratija más de las que inundan el mercado. Le tienen cierto aprecio y la usan para lucirla en ocasiones especiales, pero no muestran disposición a realizar ningún esfuerzo inspirado en ella. Piensan que la fe no es asunto valioso de por sí, como para echarle sesos y menos si al hacerlo se genera alguna disensión. Vivimos un mundo relativista donde nada es verdad ni mentira, cada quién tiene su fe y es tan buena una como las otras; si esto pensamos, es natural que la apologética no despierte interés alguno.

El desdén por la apologética suele ser revelador de poco aprecio por la fe. Si no la consideramos valiosa, ¿para qué defenderla? Y si no sentimos que sea verdadera es claro que tampoco tendremos necesidad ni siquiera de difundirla, ¿para qué llenar la cabeza de los demás con ilusiones? Ya tendrá cada quién las suyas propias, que serán tan válidas como las mías.

Las personas que así piensan posiblemente sean sinceras pero es muy cuestionable que en realidad lo suyo sea auténtica fe. La fe verdadera no puede ser pasiva ni deja indiferente a quien la posee.

El Papa Francisco destaca que “es necesario que el corazón queme desde el deseo de alcanzar el bien precioso, es decir el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Es Él el tesoro escondido, es Él la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental, que puede dar un giro decisivo a nuestra vida, llenándola de significado” (Homilía, 30 de julio de 2017).

¿La fe está siendo combatida?

Por otra parte, hay quienes aprecian la fe pero piensan que no está amenazada de forma alguna ni es combatida. Creen que los que sentimos un ambiente hostil al mensaje cristiano es porque padecemos delirio de persecución o estamos afectados por algún grado de paranoia.

Lo cierto es que hoy hay lugares en el mundo en los que el cristianismo es duramente perseguido. El número de mártires de los últimos tiempos supera al de épocas pasadas; no obstante, los pueblos de Occidente pueden vivir su fe en relativa calma. Pero es una calma aparente, ya que la realidad es que vivimos inmersos en una cultura con estilos de vida y criterios que son radicalmente contrarios al evangelio y son promovidos de manera abierta por todos los medios.

En un artículo anterior se describía la situación a veces desesperada de muchos cristianos que deben vivir su fe en medio de críticas e incomprensiones, sintiendo que no encajan, de modo que es frecuente que algunos de ellos sean absorbidos por el neo paganismo reinante y terminen por perder la fe. Es aquí donde se hace sentir la necesidad de una sana apologética, que proporcione al creyente elementos que lo hagan ver que la fe no es sólo una bella promesa sino algo real, con firmes y razonables fundamentos.

¿La fe admite defensa?

Ante los múltiples ataques dirigidos en contra de la fe es común que el cristiano se sienta acomplejado o al menos desconcertado, y lo que es peor, indefenso.

Alguno dirá que es mejor no moverle. Tal vez piensa que la fe es una postura personal que más vale no analizar a fondo porque se desbarata. Será un consuelo para él saber que la fe tiene una defensa formidable.

Si hemos de sobrevivir tenemos que rescatar unas ideas fundamentales que tenemos olvidadas:

=> La fe es algo valioso y verdadero, no una simple pose de creyente “bueno”, sino algo objetivamente valioso y objetivamente verdadero.

=> La fe es un bien que hay que llevar a los demás, pues es benéfica y es liberadora.

=> Para que la fe reine debemos combatir a los ídolos del mundo ya que Cristo es Rey de todo el universo.

Quien llega a apreciar la belleza de la fe le satisface saber que esa fe es algo que tiene argumentos sólidos a su favor. En eso consiste la apologética.

No es ser alarmista darse cuenta de que el catolicismo lleva algunas bajas. Abogamos por una apologética que pudiéramos llamar “ad intra” (hacia adentro), no tanto para enfrentar a los adversarios de Cristo sino para proporcionar al creyente elementos que lo hagan descubrir la solidez y la racionalidad al mismo tiempo que la belleza de su fe. Ése es el propósito de esta sección de Notidiócesis.

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