Miscelánea

El feminismo auténtico

Por: Patricia Mayorga.

Juan Pablo II, en la Carta que dirigió a las mujeres en junio de 1995 señalaba que el feminismo ha sido una realidad sustancialmente positiva. Es cierto que algunos excesos se han mostrado, a la postre, dañinos para la mujer. Pero podríamos decir que han sido los efectos secundarios. Lo importante es que se han conseguido muchas mejoras relativas a la condición de la mujer en el mundo.

Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de la mujer de sus verdaderos fines. Por eso, considero que el verdadero feminismo tiene todavía muchos objetivos que alcanzar. Son aún frecuentes las situaciones degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia -en el ámbito social y en el ámbito doméstico-, discriminación en el acceso a la educación y a la cultura, situaciones de dominación o falta de respeto. El núcleo del verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros feminismos -de ordinario, agresivos-, que lo que pretenden es afirmar que el sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia a lo puramente fisiológico.

La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse entre las propias mujeres, erradicando toda forma de complejo de inferioridad. Y teniendo la valentía de llamar a las cosas por su nombre: rebelándose también, por ejemplo, ante los estragos que causa el vergonzoso negocio de la pornografía; ante la triste y equivocada afirmación del derecho a provocar el aborto; ante la desgracia social -no es otra cosa, además de la ofensa a Dios- del divorcio.

Pero esa toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse también entre los hombres, hasta eliminar todo engañoso pensamiento de superioridad y todo deseo de dominio. Es cierto que el feminismo está configurando un nuevo modelo de mujer, pero -en el fondo- está interpelando al hombre, que tiene que aprender a mirar y a tratar a la mujer de un modo nuevo.

Nuestro Señor, que es infinitamente Justo e infinitamente Sabio, creó al hombre y a la mujer con misiones distintas, teniendo la misma posibilidad de santificarse. Tratar de alterar ese orden es poco consecuente, y estamos viendo a qué resultados conduce: falta de comprensión y de convivencia, ausencia de entendimiento de la humanidad.

* Colaboración publicada en el diario El Mercurio, de Santiago de Chile. 21/01/1996. (opusdei.org)

Cristo promovió la dignidad de la mujer

“Es algo universalmente admitido -incluso por parte de quienes se ponen en actitud crítica ante el mensaje cristiano- que Cristo fue ante sus contemporáneos el promotor de la verdadera dignidad de la mujer y de la vocación correspondiente a esta dignidad. A veces esto provocaba estupor, sorpresa, incluso llegaba hasta el límite del escándalo. ‘Se sorprendían de que hablara con una mujer’ (Jn 4,27) porque este comportamiento era diverso del de los israelitas de su tiempo. Es más, ‘se sorprendían’ los mismos discípulos de Cristo” (Mulieris dignitatem 12).

“Recorriendo las páginas del Evangelio pasan ante nuestros ojos un gran número de mujeres, de diversa edad y condición. Nos encontramos con mujeres aquejadas de enfermedades o de sufrimientos físicos, como aquella mujer poseída por ‘un espíritu que la tenía enferma; estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse’ (Lc 13,11), o como la suegra de Simón que estaba ‘en cama con la fiebre’ (Mc 1,30), o como la mujer ‘que padecía flujo de sangre’ (cf. Mc 5,25-34) y que no podía tocar a nadie porque pensaba que su contacto hacía al hombre ‘impuro’. Todas ellas fueron curadas, y la última, la hemorroisa, que tocó el manto de Jesús ‘entre la gente’ (Mc 5,27), mereció la alabanza del Señor por su gran fe: ‘Tu fe te ha salvado’ (Mc 5,34). Encontramos también a la hija de Jairo a la que Jesús hizo volver a la vida diciéndole con ternura: ‘Muchacha, a ti te lo digo, levántate’ (Mc 5,41). En otra ocasión es la viuda de Naim a la que Jesús devuelve a la vida a su hijo único, acompañando su gesto con una expresión de afectuosa piedad: ‘Tuvo compasión de ella y le dijo: No llores’ (Lc 7,13). Finalmente vemos a la mujer cananea, una figura que mereció por parte de Cristo unas palabras de especial aprecio por su fe, su humildad y por aquella grandeza de espíritu de la que es capaz sólo el corazón de una madre: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas’ (Mt 15,28). La mujer cananea suplicaba la curación de su hija”. (MD 13)

Estadísticas

Muertes violentas en México

Por: Ing. Raúl Sánchez K.

Las estadísticas son reveladoras. Así, los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, muestran las cifras reales en cuanto a los asesinatos perpetrados de 2015 a 2018 en nuestro país. También sobre las cifras de aborto tenemos una realidad diferente a la ideológica.

Feminicidios

– De acuerdo a los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), del 2015 al 2019 la tasa de feminicidios en promedio en nuestro país fue de 1.51 por cada 100,000 mujeres, conforme a lo siguiente:

En el 2015 se tuvieron 411 feminicidios; 2016 fueron 602; 2017 se dieron 741; 2018 acontecieron 891; 2019 contabilizó 976 (algunos como Univisión los elevan hasta 1006).

Homicidios

– El mismo SESNSP cuantifica los homicidios de 2015 a 2018 como sigue:

2015 tuvo un total de 20,762 de los cuales 18,293 fueron hombres y 2,383 mujeres; 86 no especificados; en 2016 fueron 24,559, de los cuales 21,673 hombres, 2813 mujeres y 73 no especificados; 2017 tuvo 32,079, con 28,522 hombres, 3,430 mujeres y 127 no especificados; 2018 tuvo 36,685, con 32,765 hombres, 3,752 mujeres y 168 no especificados.

El INEGI estimaba para 2019 el número de homicidios cercano a 38,000.

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