Hagamos lío, Miscelánea

Cinco razones para no irte de Misiones

Hagamos lío

Por: Marco Antonio González Moreno.

Se acerca la Semana Santa y, con ella, para cientos de jóvenes en Chihuahua llega la oportunidad para ir de misiones. Definitivamente, cada uno de estos jóvenes tiene una o más razones para ir, sin embargo, hoy comparto cinco razones para no ir.

1. La misión te sacará de tu zona de confort.

Es bien sabido que, en la misión, comúnmente se vive incomodidad. Algunos pasan días sin bañarse, sin comer lo que les gusta, sin tener una cama o un baño como ese al que están acostumbrados. Esto nos da a conocer diferentes realidades que, si bien en un inicio costará trabajo asimilar y que nos sacarán de nuestra zona de confort, posteriormente harán que ésta se haga más amplia.

2. Vivirás una guerra.

La misión es, por excelencia, una de las mayores zonas de guerra. Sí, es probable que en la misión te enfrentes a muchas cosas a las que habías evitado enfrentarte antes. No tendrás oportunidad de distraerte con redes sociales ni aparatos electrónicos que, en ocasiones, son la excusa perfecta para evadirnos de nosotros mismos. La misión es un lugar de encuentro, no sólo con Dios, ¡también con nosotros! Quizá esa sea una de las luchas más complicadas que podamos vivir. Sin embargo, de la mano de Cristo tengamos la certeza de que resultaremos ganadores.

3. Te puede cambiar la vida.

Esta sin duda es una de las razones más importantes para no ir a la misión. Una vez que hayas conocido nuevas realidades y te hayas enfrentado a más de una guerra en la misión, seguramente no podrás ser el mismo. Esto implicará un cambio en la manera en la que vives, te hará darte cuenta de todo el trabajo que tendrás que hacer después de la misión, quizá te des cuenta de que el trabajo o la carrera en que ahora estás no es lo que deseas o lo que Dios quiere de ti y entonces tendrás que tomar decisiones difíciles.

4. Puede que sufras “depresión” post misión.

En la misión conocerás personas que se quedarán en tu corazón, y que se quedarán con una parte de él. Más allá de eso encontrarás la mirada de Jesús a través del niño, la señora o el anciano del pueblo. Al regresar a casa, quizá puedas experimentar el anhelo de aquello que viviste, sin embargo, este anhelo puede ser la herramienta para que aprendas a reconocer la mirada de Jesús en cada una de las personas que te rodean.

5. En todos lados hay una Calcuta.

Es extraño descubrir que Chihuahua es una ciudad donde hay tanta gente que va de misiones y al mismo tiempo hay tantas problemáticas sociales como si faltaran misioneros. Quizá es aquí donde radica el problema, ya que existe una notable diferencia entre ir de misiones y ser misionero. La primera tiene que ver con una acción en concreto que casi todo el mundo puede hacer, mientras que la segunda tiene que ver con la esencia de la persona. Tiene que ver con la capacidad de reconocer en su realidad y en su entorno la tierra de misión. Ser misionero es interiorizar la misión como parte de nuestra vida. Dicho con otras palabras, creo que lo más peligroso de irte de misiones, es que tarde o temprano y cuando menos lo pienses, te habrás convertido en un misionero.

-El autor es integrante de la Comunidad Sión, parroquia San Antonio de Padua.

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