Hagamos lío, Miscelánea

Castidad y respeto en el noviazgo

Hagamos lío

Por: Alejandra Domínguez y Roberto Ruiz.

“El noviazgo es un llamado a poner las bases de un proyecto de amor común y que debe ser asumido con plena conciencia”. (Papa Francisco)

Tenemos más de dos años de noviazgo y estamos cumpliendo un año de comprometidos. Con el favor de Dios, en julio de este año nos casaremos.

Comienza nuestra historia cuando coincidimos en la preparación para misionar, en Comunidad Misionera; vino así el paso al noviazgo.

En nuestra experiencia, la castidad y el respeto han sido más sencillos de llevar, al invitar a Dios a ser parte de nuestra relación. Ha sido Él quien nos ha dado las herramientas para combatir los riesgos de este caminar, a través de nuestra Iglesia. Por ejemplo:

“Yo, Rob, al pertenecer a la Pastoral Diocesana de Adolescentes, tenía actividades que me acercaban a permanecer en gracia de Dios, al recordar que las demostraciones de amor van más allá de las físicas”.

“Y yo, Ale, al llevar la Comunión a los enfermos, entendí que permanecer en Dios es algo indispensable, lo cual me motiva a respetar nuestra relación de cada día”.

En este tiempo hemos encontrado refugio y crecimiento en el retiro de Encuentro de Novios y en nuestra comunidad, donde nos han motivado a leer juntos la Exhortación apostólica Amoris laetitia (AL) del Santo Padre Francisco, sobre el amor en la familia, y en el curso del Método Billings, donde nos es más claro lo importante que son nuestros cuerpos y la vida.

Como novios hemos crecido con la siguiente frase de Amoris laetitia: “El amor no es sólo un sentimiento, es una decisión”.

Así, no podemos dejarnos llevar por sentimientos o deseos, mucho menos si van acompañados de malas acciones; sabemos cuáles son los sueños de nuestra pareja y lo más bello de nuestro amor está en cuidar esos sueños.

Hay varios tips que a ustedes, como novios cristianos, les pueden servir en su camino:

¿Sabes cuales son los sueños de tu novia o novio?

Tal vez ella y sus padres sueñen con verla entrar camino al altar, o a los hombres verlos terminar su carrera. Son situaciones que nos hacen pensar que el amor no sólo tiene que ver con sentimientos sino con decisiones; yo decido respetar a mi pareja y amarla en castidad, esperando el gran día en el que Dios nos dé su bendición”.

-¿Recuerdas esta frase, de la Palabra de Dios: “Todo me es permitido, mas no todo conviene” (1Co 10,23)?

-Tengan crecimiento a través de la lectura, juntos. Darse tiempo en la relación para leer y hablar de libros que tengan que ver con nuestra Fe puede ser una experiencia de unión emocional, mental y espiritual; a nosotros nos gusta leer un párrafo cada quien y al final del capítulo lo comentamos.

-Incorpórense a actividades de la Iglesia. Todas las parroquias tienen grupos de Jóvenes y, al integrarse, aprenderán mucho juntos y convivirán en comunidad con otras personas, reforzando así su relación. También pueden unirse a un ministerio parroquial; investiguen cuál les gustaría. Esto les ayudará a pensar y a tener actividades positivas que fortalecerán el noviazgo.

-Visiten a Jesús en la Eucaristía. El mejor alimento para respetarse es el Cuerpo de Jesús, que da las fuerzas para ser valientes y mantenerse en castidad. También la oración les dará esa fuerza, así que ir juntos a una Hora Santa es una gran idea.

-Oren al despedirse. Nosotros lo comenzamos a hacer cuando teníamos meses de noviazgo, pero es una de las mejores experiencias que les podemos contar. Está escrito en la Palabra de Dios que donde dos o más estén reunidos, estará Jesús mismo. Y en verdad que así se vive, es muy bonito cerrar los ojos, tomarse de la mano y empezar a platicar con Dios y poner en sus manos lo que nos preocupa, los pendientes del siguiente día, darle gracias por el día vivido y pedirle por la relación; al terminar, cada uno reza un Padre Nuestro y un Ave María y mutuamente se dan la bendición. Inténtenlo y Dios los sorprenderá.

-Hacer ejercicio juntos permite dedicar tiempo a una terapia ocupacional que aleja de la mente los pensamientos vanos que en nada abonan a una relación de amor.

Debemos recordar que una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente, según lo dice el Eclesiastés (4,12): Jesús es el tercer hilo, con Él y en Él todo es posible.

“Experimentar una emoción no es algo moralmente bueno ni malo en sí mismo. Comenzar a sentir deseo o rechazo no es pecaminoso ni reprochable. Lo que es bueno o malo es el acto que uno realice movido o acompañado por una pasión. Pero si los sentimientos son promovidos, buscados y, a causa de ellos, cometemos malas acciones, el mal está en la decisión de alimentarlos y en los actos malos que se sigan” (AL n.145).

-Sobre los autores: Ale es ministro extraordinario de la Comunión y Rob recién concluyó su periodo de coordinación en la Pastoral Diocesana de Adolescentes.

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