Comentario al Evangelio

Abrir ojos… y corazón a la luz de Cristo

Comentario al Evangelio del IV Domingo de Cuaresma (Jn 9,1-41)

Por: P. Silvestre Méndez Morales

El símbolo de la luz es una clave muy importante en el relato de San Juan. Es el planteamiento del sexto signo de los siete que presenta el evangelista. Gozar de salud e integridad física significaba bendiciones de Dios y, por el contrario, sufrir un padecimiento lo consideraban como un castigo de Dios a causa de un pecado personal o de algún antepasado. De ahí el planteamiento que hacen los discípulos a Jesús: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?”. 

A partir de esa pregunta de los discípulos el evangelista introduce un principio fundamental que va a regir como esencial en todo el relato, presentar a Jesús como Luz: “Yo soy la luz del mundo”. La narración de este signo va a ser el referente de esta afirmación del evangelista. Este planteamiento de Juan es una propuesta de fe para que los hombres se definan en una plena adhesión a Jesús.

Por otra parte, la sección de los vv. 13-41 corresponde a los dirigentes judíos que manifiestan una abierta oposición hacia Jesús, son declarados enemigos del Señor. Ellos tienen ojos pero son incapaces de ver lo que Jesús realiza en este signo de la sanación del ciego de nacimiento, no quieren reconocer a Jesús como el Mesías enviado de Dios. La postura de las autoridades religiosas y fariseos se vuelve cada vez más intolerante hacia Jesús. Se comportan realmente como unos ciegos, tienen cerrados no sus ojos físico-corporales sino sus corazones. Se resisten ante Jesús porque decían: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el Sábado” (v.16).

El relato deja ver el conflicto existente entre los discípulos que siguen la enseñanza del evangelio y los judíos, pues éstos consideraban a Jesús pecador: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” (v.16). En el Concilio judío de Jamnia tomaron la determinación de expulsar de la sinagoga a todo aquel que pronunciara el nombre de Jesús, por lo cual dice el pasaje: “Y había división entre ellos” (v.16). Los judíos se declaran abiertamente: “nosotros somos discípulos de Moisés” (v.28) mientras que señalan a los seguidores de Jesús: “Discípulo de ese hombre lo serás tú” (v.28).

En cuanto al ciego curado, al experimentar lo que Dios ha hecho en él por medio de Jesús, expresa su fe ante Jesús: “Creo, Señor” y postrándose lo adoró (v. 38). Aunque también afirma Juan: “Acudía a él mucha gente que decía: Es cierto que Juan no hizo ningún signo, pero todo lo que dijo acerca de éste era verdad. Y en aquella región muchos creyeron en él” (vv. 41-42).

La presencia de Jesús provoca la vista y la ceguera. Recobran su vista los que no ven pero están abiertos de corazón a creer en Jesús. En cambio, los que dicen que ven pero rechazan a Jesús, en realidad están ciegos, no está en ellos la luz de la fe.

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