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Se incorporan nuevos Legionarios a labor en Chihuahua

Por: Karen Assmar Durán.

Con tres sacerdotes recientemente llegados a la Arquidiócesis, la comunidad religiosa local de los Legionarios de Cristo incrementó en siete el número de sus miembros.

Hoy presentamos a los padres Alfonso y Filiberto; la próxima semana tocará el turno al español P. Rafael Cabria.

P. Alfonso Martínez Olivares, LC

Nació en Atotonilco El Alto, Jalisco, el 3 de junio de 1982. Es el menor de diez hijos de Ramona Olivares y Gregorio Martínez(+): Bertha Alicia, Marco Antonio, Martha Olivia, Salvador, Gloria Yolanda, Juan Gabriel, Ramón, Gilberto, Araceli y Ricardo.

Adolescente, Alfonso vivió una experiencia vocacional en un Seminario diocesano: “Una experiencia fenomenal, extraordinaria, pero pensaba: ‘No es lo mío’. Y ahí quedó la mechita quizás medio encendida”.

Ya preparatoriano, en una fiesta de la familia de su novia conoció a un religioso legionario: “Me impactó ver a alguien con distintivo clerical”. Posteriormente platicó por dos horas con aquel religioso, que resultó ser el cuñado, “y me preguntó si quería irme al Seminario. Quizá me dejé llevar pero respondí que estaba dispuesto”.

Aquella “mechita” volvió a encenderse. Tuvo que cuidarla y cultivarla durante los tres años de prepa, porque le recomendaron concluir esos estudios.

Tras dos meses en el candidatado en Monterrey “los amigos que había hecho se fueron yendo, yo también me quería ir y se lo dije a mi director espiritual; él dio un manotazo en la mesa del escritorio y pensé: ‘¿Qué le pasa?’. Me dijo: ‘Hermano Alfonso, ¿está aquí por Cristo o por sus amigos?’. Con eso se me quitó la crisis. Dije: ‘Por Cristo’. Respondió: ‘Entonces siga a Cristo, no a sus amigos'”.

¿Por qué eligió a los Legionarios? Por su manera de vestir: “Quizá es una cosa tonta… pero para mí fue muy importante ver a un sacerdote identificado con su sacerdocio, sin pena de usar el clériman y que lo portara con dignidad”.

A partir de 2001 el P. Alfonso expuso su recorrido de formación y sus destinos: dos años de Noviciado en Monterrey; uno de Humanidades en Salamanca, España; dos de Filosofía en Thornwood, NY; tres de Prácticas Apostólicas en CDMX; seis meses Filosofía en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma; dos años más de apostolado en México y, finalmente, tres años de Teología en Roma.

Le ordenaron presbítero el 13 de diciembre de 2014. Su primer destino fue Hermosillo y Chihuahua el segundo. Actualmente atiende la sección de jóvenes del Regnum Christi y es capellán del Colegio.

A los jóvenes dirigió un mensaje final: “Si sienten el llamado de Dios, no lo ahoguen. Cualquier llamado que ponga Dios en su alma y corazón es el mejor para ti, sea el matrimonio, sacerdocio, etc., porque ahí serás feliz. ¡No tengan miedo, Dios no les quitará nada, les dará todo!”.

P. Filiberto Cervantes Sánchez, LC

Nació en Chetumal, Quintana Roo, el 22 de agosto de 1970. Sus padres, Felipe Cervantes y Juana Sánchez, son gente sencilla de campo, trabajaron en el ingenio de caña de azúcar en Álvaro Obregón, hasta que se mudaron a Chetumal con sus nueve hijos: Gloria, Mariano, Erasmo, Filiberto, Román Lorenzo, Martina Elizabeth y Rubí Vanessa.

“Yo no sabía que existía un Papa hasta que cumplí 15 años; a esa edad hice mi Primera Comunión”. Cuenta también que ha estado a punto de morir unas ocho veces, “y seguimos aquí: ‘Yerba mala nunca muere’. Me atropelló un camión, me cayó una barbechadora y después una caja de refrescos, tuve dos accidentes automovilísticos, estuve enfermo de asma y la Virgen de Guadalupe me curó: esa vez sentí cerca la muerte, me ahogaba, mi mamá me dio respiración de boca a boca. No sé qué prometió a la Virgen pero a mis 16 de edad tuve que ir al Santuario de Guadalupe de mi ciudad vestido de San Juan Diego cada 12 de diciembre por tres años”.

Cursaba Ingeniería Civil en el Instituto Tecnológico de Chetumal, cuando se hizo novio de una chica: “La acompañé a una Hora Eucarística; ahí conocí a jóvenes que pertenecían al Regnum Christi. Fui conociendo el movimiento y llegué a ser responsable”.

Decidió ser colaborador del movimiento por un año, renunció a su trabajo y le mandaron a Cotija, Mich. “Aunque tenía 26 o 27 años, me costaba estar solo. Ponía un crucifijo frente a mi mesa y decía: ‘Lo hago por ti'”. 

Le sirvió mucho leer vidas de santos, “me encantó la de San Francisco Javier, por su radicalidad”. Y radical fue su decisión de ingresar en la Legión. Inició su formación en 1998, a los 28 años.

En Sao Paulo, Brasil, cursó su Noviciado, en Salamanca Humanidades y Filosofía en Roma. Realizó Prácticas Apostólicas en CDMX y en Colombia. Fue formador del Seminario Menor en Barquisimeto, Venezuela, y estudió -autodidacta- Teología un año; un segundo en Roma y el tercero en Salamanca donde fue formador de novicios. Ahí le ordenaron diácono el 27 de mayo de 2009. “Para la ordenación me pusieron una reliquia del Monasterio de Ávila: una dalmática preciosa, con hilos de oro, que fue de San Juan de Ávila”.  

El 12 de diciembre de 2009 fue ordenado presbítero en Roma. En Tijuana fundó la comunidad local, cinco años en Hermosillo, uno en Roma y ahora en Chihuahua como encargado de la Pastoral Familiar del Regnum Christi de Juárez, El Paso, Delicias, Camargo y Casas Grandes.

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