Santo de la Semana

San Martiniano

Nació hacia el año 350 en Cesarea de Palestina, durante el reinado del emperador romano Constancio II (337-361).

Señala su Vita -la cual brinda pormenores no carentes del tinte legendario- que Martiniano contaba con aproximadamente 18 años de edad cuando se retiró a una montaña llamada “El Lugar del Arca”, en el desierto cercano a su tierra natal, donde con oración, ayuno y otras penitencias, intentaba vencer las pasiones carnales que le atormentaban.

Transcurrieron los años y Martiniano logró superar todas las tentaciones que turbaban su alma y llevar una vida de virtud, ganándose el aprecio de no pocos que se acercaban a su celda en el desierto para pedirle consejo.

El demonio, no contento con la vida de entrega total a Dios de Martiniano, intentó hacerle caer persuadiendo a una bella mujer de Cesarea llamada Zoe para que lo tentase. Ésta, pretextando ser una pobre mujer errante en el desierto y casi a las puertas de la muerte, convenció al ermitaño de que le permitiera permanecer esa noche ahí. Al amanecer, se quitó los andrajos y vestida con sus mejores galas se presentó ante Martiniano; le dijo que era una dama de Cesarea, con grandes propiedades y una abundante fortuna que, al igual que ella misma, ponía a su disposición.

Martiniano escuchó tales palabras y en el fondo consintió en la tentación; pero, tocado por el remordimiento, rápidamente prendió una gran fogata y metió sus pies en ella. Exclamaba: “Si no puedo soportar este débil fuego, ¿cómo podré soportar el del infierno?”.

La mujer, al escuchar tales palabras y verle en el suelo retorciéndose del dolor con sus pies quemados para evitar caer en tentación, fue movida al arrepentimiento. Le pidió perdón y Martiniano le aconsejó ir al Monasterio de Santa Paula, en Belén, donde Zoe vivió ejemplarmente en penitencia hasta su muerte.

Durante siete meses el eremita no pudo levantarse del suelo, pero tan pronto sanaron sus pies abandonó el desierto donde había vivido por 25 años.

Se retiró a una isla, pues pensaba que así podría librarse de las ocasiones de pecado, donde vivió por seis años expuesto a la intemperie y sin ver a nadie más que a un barquero que le llevaba dos veces al año algunas provisiones y varas con qué elaborar cestos.

Cierto día divisó en el mar a una joven que flotaba sobre una tabla pidiendo auxilio, ya que su barco había naufragado. Martiniano la salvó de tan trágica muerte y, para evitar tentaciones, decidió dejarla con sus provisiones en la isla ya que el barquero tardaría sólo dos meses en volver.

Confiándose a las olas y a Dios, Martiniano nadó hasta tierra firme y llegó a Atenas (Grecia), donde murió al mundo definitivamente para nacer a la eternidad, el año 398.

Muy venerado en Oriente, su conmemoración litúrgica se inscribe el 13 de febrero.

San Martiniano de Cesarea de Palestina

(350-398)

Eremita, retirado en el desierto desde los 18 años de edad para llevar vida de perfecta unión con Dios, en penitencia y soledad. Pero hasta en ese solitario paraje el demonio intentó tentarlo; Martiniano estuvo a punto de sucumbir y abandonar su celda cuando fue detenido por este pensamiento: “¡Desdichado, Dios te ve!”, y para huir de la tentación colocó sus pies en una fogata y al quemarse gritó: “Si no puedo soportar este fuego, ¿cómo podré soportar el del infierno?”. Así rechazó la tentación y volvió a emprender, con mayor ardor, sus ejercicios de piedad, triunfando de ahí en delante de todos los ataques del enemigo por medio del ayuno, la mortificación y la oración.

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