Artículos, Esta es nuestra fe

Rumiando la Palabra de Dios

Esta es nuestra fe

Por: Hno. Lic. Edwin A. Torres Lozano.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), “rumiar” es “masticar por segunda vez, volviéndolo a la boca, el alimento que ya estuvo en el depósito que a este efecto tienden algunos animales”. Las vacas, por ejemplo, llenan sus estómagos con la hierba y otros alimentos; luego se toman su tiempo masticando y la tragan… pero después traen la comida de regreso desde el estómago y la vuelven a masticar. A esta repetición se le llama “rumiar”. ¿Qué sucede en este proceso? Se asimilan completamente los nutrientes del alimento y como resultado sale la rica leche. Quizá usted diga: ¿Pero qué esto no toma mucho tiempo?  La respuesta es sí.  ¿Es una pérdida de tiempo? Por supuesto que NO, claro, si quiere disfrutar de una buena leche.

Pues bien, este término usado de manera coloquial puede emplearse perfectamente para describir el proceso de reflexión y meditación profunda de la Palabra de Dios. El autor del Salmo 119, hablando figurativamente, realizó el ejercicio de rumiar la Palabra de Dios mentalmente mientras leía la Ley. Basta ver algunos versículos del Salmo (89-97), sobre todo el v. 97, cuando dice: “¡Cuánto amo tu Ley! En ella medito todo el día”.

¿Especialistas o discípulos?

Nuestra grande preocupación no debe consistir en saber cómo interpretar la Biblia; esto es asunto de los expertos. Lo que más nos debe importar es saber qué hacer para que la Palabra de Dios se vuelva fuente de vida en nuestro quehacer como bautizados (Jn 5,39), ¡por eso debiera interesarnos mucho conocer la Biblia!

Para todo creyente el problema no es volverse un investigador bíblico, aquí el problema es otro: qué hacer para que toda esta sabiduría, encerrada en la Biblia, nos ayude a volvernos auténticos discípulos de Cristo. Si no buscamos o no logramos esto, cualquier esfuerzo por conocer la Palabra de Dios resulta vano o, por lo menos, no alcanza el objetivo por el cual existe el Libro sagrado.

En realidad la Biblia, queridos hermanos, representa el medio por excelencia que tenemos a nuestra disposición para conocernos mejor (Stgo 1,23-24: espejo; Heb 4,12: espada que penetra y pone al descubierto hasta lo más íntimo del corazón) y, al mismo tiempo, encontrar el camino a seguir (Sal 119[118]; 115: es antorcha) para agradar a Dios. Además la misma Escritura, una vez que nos enamoramos de ella y la poseemos, actúa dentro de nosotros y nos mueve en la dirección correcta (1Ts 2,13). Aunque durmamos o estemos despiertos (Mc 4,27), la Palabra ejerce su acción en el ser humano.

Auténticos misioneros

Ya transformados en discípulos, la Palabra de Dios nos ayuda a volvernos auténticos misioneros de Cristo (cfr. 2Tim 3,16-17: enseñar, corregir, educar, etc.; 2Tim 4,2: proclamar la Palabra a tiempo y a destiempo).

En el mundo actual van muchos por ahí haciéndose llamar dizque ‘misioneros’, pero sin haber rumiado la Sagrada Escritura; sin enseñar como Dios manda e incluso engañando a la gente; sin corregir lo que está mal pues tristemente a veces son parte de ello; con el título de padres, pero sin saber educar bien a sus hijos en la fe porque educar en la fe requiere tiempo, dedicación y paciencia.

A tiempo y a destiempo

También hay muchos predicadores que no tienen en cuenta lo que dice 2Tim 4,2: proclamar la Palabra de Dios a tiempo y a destiempo; es decir, siempre. De hecho, hay algunos que cuando se dan cuenta que la vecina ya está empezando a visitar otros grupos religiosos (Testigos de Jehová, Mormones, Luz del Mundo) ya ni le hablan, menos le van a predicar, según para no meterse en problemas. Otros dicen que son muy ecumenistas, ¡vaya forma de entender el ecumenismo!, pero bueno, yo sólo soy como un periquito.

Ejercicios

Ahora bien, quizá alguien se pregunte: ¿Cómo puedo adentrarme en este mundo tan rico y maravilloso que es la Biblia? ¿Cómo puedo llenarme de la sabiduría divina, encerrada en este Libro, hasta saciarme? ¿Cómo puedo aprender a rumiar la Palabra de Dios, para que la pueda asimilar plenamente y pueda volverse en sangre de mi sangre?

He aquí un breve ejemplo tomado del Salmo 56[55].

-Situación: hay una persecución contra el salmista (vv. 1-2. 6-7).

-¿Cómo se siente? Seguro (v. 10).

-¿Por qué? Porque confía en Dios (vv. 4-5. 11-12).

-¿Cómo reacciona? Pidiendo la intervención de Dios (v. 1. 8).

-¿Cómo va a parar todo esto? Con la liberación (v. 14).

-¿Qué hará entonces? Le dará gracias a Dios, cumpliendo los votos (v. 13).

Una vez logrado esto, se procede con los siguientes pasos: Oración-invocación (similar a la Lectio Divina-Lectura orante):

-¿Qué dice el texto?

-¿Qué me dice?

-¿A qué me invita?

-¿Qué me hace decir?

Le aseguro que si lleva a cabo siquiera cuatro de estos pasos, empezará a rumiar verdaderamente la Palabra de Dios.

Que el Buen Dios nos ayude a acercarnos a su Palabra, no para curiosear o para buscar argumentos para contra-atacar, sino para meditar, reflexionar y convertirnos en discípulos y misioneros de Cristo, desde la trinchera donde nos encontremos. ¡Bendiciones!

-Sección a cargo de los Misioneros Apóstoles de la Palabra. El autor es licenciado en Psicología. Envíanos tu duda, sugerencia o comentario vía Facebook: Evangelio y cultura CDMX o al correo: evangelioyculturamedios@gmail.com

Share this Story
  • Artículos Esta es nuestra fe

    Rumiando la Palabra de Dios

    Esta es nuestra fe Por: Hno. Lic. Edwin A. Torres Lozano. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española ...
Load More Related Articles
Load More In Artículos

Check Also

El Señor nos regala una nueva parroquia

Notidiócesis hace eco de la alegría de los ...

Anuncio