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“Querida Amazonia”, un clamor de justicia

La valentía del nuevo documento post sinodal

Por: Cristina Alba Michel

Ni curas casados ni diaconisas

Querida Amazonia” es el título de la exhortación apostólica fruto del Sínodo de Obispos para la región panamazónica, realizado del 6-27 de octubre de 2019, publicada el 12 de febrero bajo el tema: “Amazonia, nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

Seguramente recuerdan la controversia que entre ciertos medios de comunicación y algunos sectores de la Iglesia Católica se suscitó en torno a los temas de la ordenación sacerdotal de varones casados, la ordenación de diaconisas y la probable apertura, derivada de ello, al sacerdocio femenino.

Notidiócesis había anticipado la postura del Papa Francisco en ambos temas: No. Hoy se ha confirmado.

Es un documento valiente esta Exhortación, donde el Papa recoge y señala los crímenes que se han cometido en contra de las poblaciones nativas. Esto despertará reacciones de aquellos que han hecho de las selvas amazónicas un botín a costa de la vida, la dignidad y la libertad de sus habitantes, tanto los de las selvas como los que han debido emigrar a las ciudades, cayendo en redes de tráfico de personas y de prostitución. La Amazonia está regada también con la sangre de sus habitantes derramada por la violencia ejercida contra ellos.

Señala estos y otros abusos cometidos por el colonialismo, y la apropiación que han hecho unos pocos de una tierra que los nativos han recibido como don para vivir.

También es valiente en cuanto a que se opone a una visión liberal y líquida del anuncio del Evangelio, con lo cual se ha ganado las amargas críticas de quienes esperaban una especie de “permiso” para crear una “nueva Iglesia”, tal como numerosos obispos alemanes están intentando para su Iglesia local, apartándose así de la Iglesia universal, de la práctica pastoral, de la moral e incluso de la fe misma de la Iglesia.

Se trata de un documento bello, al que no le es ajena cierta poesía cuando hace suyo el clamor de los pueblos nativos y pide por ellos y para ellos justicia: primero por el ser humano, y con él, por la tierra lastimada.

La estructura de Querida Amazonia cuenta con una introducción breve, donde el Papa explica el sentido del documento, y cuatro capítulos, a saber:

I. Un sueño social

Desde el numeral 8 hasta el 27. Habla de las injusticias y crímenes cometidos contra los habitantes de selvas y ciudades panamazónicos, de la necesidad de pedir perdón por los miles de muertos, del sentido comunitario de los pobladores, del daño provocado a las instituciones de la sociedad civil en la región y de la necesidad de diálogo entre todas las comunidades amazónicas para organizarse, crecer y defenderse.

II. Un sueño cultural

Numerales 28-40, analiza la promoción de la región. No con mentalidad colonialista sino solidaria; ayudar a los habitantes a crecer, dar lo mejor de sí según su propia identidad cultural, que no significa dejarlos en la ignorancia y el atraso, ni cobrarles el progreso a cambio de su conciencia.

Sería un sueño “pluricultural”, pues “los grupos humanos, sus estilos de vida y cosmovisiones son tan variados como el territorio, puesto que han debido adaptarse a la geografía y a sus posibilidades. No son lo mismo los pueblos pescadores que… los cazadores y recolectores de tierra adentro” (n. 32).

III. Un sueño ecológico

Numerales 41-60. “Liberar a los demás de sus esclavitudes implica… cuidar de su ambiente y defenderlo, pero todavía más ayudar al corazón del hombre a abrirse confiadamente a aquel Dios que, no sólo ha creado todo lo que existe sino que… se nos ha dado a sí mismo en Jesucristo. El Señor, que primero cuida de nosotros, nos enseña a cuidar de nuestros hermanos… del ambiente que cada día Él nos regala. Esta es la primera ecología que necesitamos” (n. 41).

IV. Un sueño eclesial

En los numerales 61-110 habla del anuncio del Evangelio y su inculturación, siguiendo la “lógica” de la Encarnación (Cf. n 69).

El Padre Dios, que creó cada ser del universo con infinito amor, nos convoca a ser sus instrumentos en orden a escuchar el grito de la Amazonia. Si acudimos ante ese clamor desgarrador, se manifestará que las criaturas de la Amazonia no han sido olvidadas por el Padre del cielo. Para los cristianos, el mismo Jesús nos reclama desde ellas… los creyentes encontramos en la Amazonia… un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos” (n. 57).

La auténtica opción por los más pobres y olvidados, al mismo tiempo que nos mueve a liberarlos de la miseria material y a defender sus derechos, implica proponerles la amistad con el Señor que los promueve y dignifica. Sería triste que reciban de nosotros un código de doctrinas o un imperativo moral, pero no el gran anuncio salvífico, ese grito misionero que apunta al corazón y da sentido a todo lo demás. Tampoco podemos conformarnos con un mensaje social. Si damos la vida por ellos, por la justicia y la dignidad que ellos merecen, no podemos ocultarles que lo hacemos porque reconocemos a Cristo en ellos y porque descubrimos la inmensa dignidad que les otorga el Padre Dios que los ama infinitamente.  Ellos tienen derecho al anuncio del Evangelio, sobre todo a ese primer anuncio que se llama kerygma y que “es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra”  (nn. 63-64).

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